ERIC LOMAX (EL HOMBRE QUE PERDONÓ)

Maria Coll – Revista Valors (valors.org)

Demasiadas personas han sido víctimas de tortura. No todo el mundo, pero, ha sabido perdonar. El telegrafista Eric Lomax es uno de los que sí.

Esta es una historia de perdón y de paz interior. De hecho, como demuestra la vida de Eric Lomax, una cosa trae a la otra. La suya es una existencia excepcional precisamente por esta evolución. Sino poco tendría de diferente respecto a cualquier otro soldado aliado capturado durante la Segunda Guerra Mundial por las tropas enemigas (en este caso, japonesas).

Lomax, nacido en las afueras de Edimburgo el 1919, decidió enrolarse en el ejército británico como telegrafista justo después de estallar el conflicto. Entonces tenía 23 años. Fue enviado a Singapur, donde fue capturado por los japoneses el 1942 y enviado a la prisión de Changi. En este centro penitenciario, conjuntamente con otros compañeros, consiguió construir una radio que introdujo en una lata de galletas. Querían estar informados sobre el avance territorial de las tropas aliadas.

Entonces, pero, fue trasladado a Kanchanaburi, en Tailandia. Allí, sesenta mil prisioneros aliados fueron obligados a construir la línea férrea entre Siam y Burma, más conocida como ‘El tren de la muerte’. Los japoneses descubrieron la radio y fue acusado de espionaje, sinónimo de tortura. Lo dejaron expuesto al sol durante una hora, lo sumergieron varias veces en una bañera y le pegaron con el mango de un pico hasta romperle costillas y brazos. El intérprete de aquel duro interrogatorio se llamaba Takashi Nagase.

Después de la guerra, Lomax dejó la telegrafía y pasó a escribir artículos sobre ferrocarriles para el Telegraph e impartió clases en la Universidad de Strathclyde. Ahora bien, a pesar de que intentó recuperar cierta normalidad –como todo el mundo–, los recuerdos de Tailandia le perseguían. Tenía pesadillas y ataques de pánico. El 1982 se puso en manos de un psicólogo y en contacto con la Fundación por la Atención de Víctimas de la Tortura. La venganza, pero, lo consumía.

Un día, un antiguo compañero de prisión le mostró un recorte del The Japan Times. Un viejo interrogador japonés –Takashi Nagase– se dedicaba a localizar antiguos cautivos para pedirles perdón. Nagase aseguraba que todo el mundo aceptaba. Fue la esposa del británico, Patricia, quién le escribió. El encuentro entre los dos hombres se produjo el 1993 en Tailandia, concretamente en el puente del río Kwai, también construido por prisioneros ingleses.

El traductor se había convertido en un viejo pequeño y arrugado que, tembloroso, no paraba de pedir insistentemente perdón. El año 1995 Lomax escribió un libro sobre esta experiencia, volumen que unos años más tarde se convertiría en película (Un largo viaje -The Railway Man- dirigida por Jonathan Teplintzky).

El año 1998, todavía se produjo un segundo encuentro. Nagase quería morir convencido que tenía el perdón del inglés, a pesar de éste ya había dejado escrito: “Después de aquel encuentro me sumí en un estado de paz y determinación. El perdón es posible cuando alguien está preparado para aceptar la disculpa”. Lomax murió en paz el 2002, a la edad de 93 años.

 

 

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