“LAUDATO SI´” EN 100 CITAS. LA ENCÍCLICA ECOLÓGICA DEL PAPA FRANCISCO

100 citas de la encíclica del papa Francisco sobre ecología: “Laudato, si’, sobre el cuidado de la casa común”.

Traducción libre de una publicación en www.catalunyareligio.cat 

-«Laudato si’, mi Signore» – «Alabado seáis, Señor mío», cantaba san Francisco de Asís. En este hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos. (1)

-Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. (2)

-Ante el deterioro ambiental global, quiero dirigirme a cada persona que habita este planeta. En mi exhortación Evangelii gaudium, escribí a los miembros de la Iglesia con intención de movilizar un proceso de reforma misionera todavía pendiente. En esta encíclica, intento especialmente entrar en diálogo con todo el mundo a propósito de nuestra casa común. (3)

-La destrucción del ambiente humano es una cosa muy seria, porque Dios no solo encomendó el mundo al ser humano, sino que su propia vida es un don que tiene que ser protegido de varias formas de degradación. (5)

-Una ecología integral requiere apertura hacia categorías que transcienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología, y nos conectan con la esencia de lo que es humano. (11)

-La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio. (12)

-El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir toda la familia humana en la investigación de un desarrollo sostenible e integral, puesto que sabemos que las cosas pueden cambiar. (…) Como es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los excluidos. (13)

-Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas en la crisis ambiental suelen ser frustrados no solo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los otros. (…) Necesitamos una solidaridad universal nueva. (14)

I. Lo que le está pasando a nuestra casa

-La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería. En muchos lugares del planeta, los ancianos añoran los paisajes de otros tiempos, que ahora se ven inundados de basura. (21)

-Estos problemas están íntimamente ligados a la cultura del rechazo, que afecta tanto los seres humanos excluidos como las cosas que rápidamente se convierten en basura. Advertimos, por ejemplo, que la mayor parte del papel que se produce se desaprovecha y no se recicla. (…) El sistema industrial, al final del ciclo de producción y de consumo, no ha desarrollado la capacidad de absorber y reutilizar residuos y desechos. (22)

-La humanidad es llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan. (23)

-Si la actual tendencia continúa, este siglo podría ser testigo de cambios climáticos inauditos y de una destrucción sin precedentes de los ecosistemas, con graves consecuencias para todos nosotros. El crecimiento del nivel del mar, por ejemplo, puede crear situaciones de extrema gravedad. (24)

-Es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental, que no son reconocidos como refugiados en las convenciones internacionales y llevan el peso de sus vidas abandonadas sin ninguna protección normativa. Lamentablemente, hay una general indiferencia ante estas tragedias. (25)

-Muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas y en esconder los síntomas, trqatando solo de reducir algunos impactos negativos del cambio climático. (26)

-Ya se han superado ciertos límites máximos de explotación del planeta sin que hayamos resuelto el problema de la pobreza. (27)

-El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la supervivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los otros derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable. (30)

-Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho. (33)

-Quizás nos inquieta saber de la extinción de un mamífero o de un pájaro, por su mayor visibilidad. Pero para el buen funcionamiento de los ecosistemas también son necesarios los hongos, las algas, los gusanos, los insectos, los reptiles y la innumerable variedad de microorganismos. (34)

-Observando el mundo advertimos que este nivel de intervención humana, a menudo al servicio de las finanzas y del consumismo, hace que la tierra en que vivimos en realidad se vuelva menos rica y bella (…) De este modo, parece que pretendiéramos sustituir una belleza irreemplazable e irrecuperable, por otra creada por nosotros. (35)

-El coste de los daños que se ocasionan por el descuido egoísta es muchísimo más alto que el beneficio económico que se pueda obtener. (36)

-No es propio de habitantes de este planeta vivir cada vez más inundados de cemento, asfalto, vidrio y metales, privados del contacto físico con la naturaleza. (44)

-La verdadera sabiduría, producto de la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre las personas, no se consigue con una mera acumulación de datos que acaba saturando y obnubilando, en una especie de contaminación mental. (47)

-No suele haber conciencia clara de los problemas que afectan particularmente los excluidos. (…) Un verdadero planteamiento ecológico se convierte siempre en un planteamiento social, que tiene que integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres. (49)

-Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos, es una manera de no afrontar los problemas. Se pretende legitimar así el modelo distributivo actual, en que una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar, porque el planeta no podría ni siquiera contener los residuos de parecido consumo. (50)

-Hay una verdadera «deuda ecológica», particularmente entre el Norte y el Sur, relacionada con desequilibrios comerciales con consecuencias en el ámbito ecológico, como también en el uso desproporcionado de los recursos naturales llevado a cabo históricamente por algunos países. (51)

-Necesitamos fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana. No hay fronteras ni barreras políticas o sociales que nos permitan aislarnos, y por eso mismo tampoco hay espacio para la globalización de la indiferencia. (52)

-Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo. Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos. (53)

-Llama la atención la debilidad de la reacción política internacional. El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres mundiales sobre medio ambiente. (…) En realidad cualquier intento de las organizaciones sociales para modificar las cosas será visto como una molestia provocada por ilusos románticos o como un obstáculo a sortear. (54)

-Si alguien observara desde fuera la sociedad planetaria, se extrañaría ante parecido comportamiento que a veces parece suicida. (55)

-La degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas. Muchos dirán que no tienen conciencia de realizar acciones inmorales, porque la distracción constante nos quita la valentía de advertir la realidad de un mundo limitado y finito.(56)

-Es previsible que, ante el agotamiento de algunos recursos, se vaya creando un escenario favorable para nuevas guerras, disfrazadas detrás de nobles reivindicaciones. (57)

-Como suele pasar en épocas de profundas crisis, que requieren decisiones valientes, tenemos la tentación de pensar que lo que se está aconteciendo no es verdad. (…) Este comportamiento evasivo nos sirve para continuar con nuestros estilos de vida, de producción y de consumo. Es la manera como el ser humano se espabila para alimentar todos los vicios autodestructivos: intentando no verlos, luchando por no reconocerlos, postergando las decisiones importantes, actuando cómo si no pasara nada. (59)

-Sobre muchas cuestiones concretas la Iglesia no tiene por qué proponer una palabra definitiva y entiende que tiene que escuchar y promover el debate honesto entre los científicos, respetando la diversidad de opiniones. Pero basta mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un gran deterioro de nuestra casa común. (61)

II. El Evangelio de la creación

-Si de verdad queremos construir una ecología que nos permita sanar todo lo que hemos destruido, entonces ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría puede ser apartada, tampoco la religiosa con su propio lenguaje. Además, la Iglesia Católica está abierta al diálogo con el pensamiento filosófico, y esto le permite producir varias síntesis entre la fe y la razón. (63)

-No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada. (…) tenemos que rechazar con fuerza que, del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra, se deduzca un dominio absoluto sobre las otras criaturas. (67)

-La Biblia no da lugar a un antropocentrismo despótico que se desentienda de las otras criaturas. (68)

-La mejor manera de poner en su lugar el ser humano, y de poner fin a su pretensión de ser un dominador absoluto de la tierra, es volver a proponer la figura de un Padre creador y único dueño del mundo. (75)

-El pensamiento judeo-cristiano desmitificó la naturaleza. Sin dejar de admirarla por su esplendor y su inmensidad, ya no le atribuyó un carácter divino. De este modo se destaca todavía más nuestro compromiso ante ella. Un retorno a la naturaleza no puede ser a expensas de la libertad y la responsabilidad del ser humano. (78)

-Siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde. (89)

-Una divinización de la tierra nos privaría del llamamiento a colaborar con ella y a proteger su fragilidad. (90)

-No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los otros seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos. Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en peligro de extinción, pero queda completamente indiferente ante el tráfico de personas, se desentiende de los pobres o se empeña en destruir otro ser humano que le desagrada. Esto pone en peligro el sentido de la lucha por el ambiente. (91)

-El principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes y, por lo tanto, el derecho universal a su uso es una «regla de oro» del comportamiento social. (93)

-Jesús vivía en armonía plena con la creación, y los otros se maravillaban (…) No parecía como un asceta separado del mundo o enemigo de las cosas agradables de la vida. (98)

-Para la comprensión cristiana de la realidad, el destino de toda la creación pasa por el misterio de Cristo, que es presente desde el origen de todas las cosas. (99)

III. Raíz humana de la crisis ecológica

-No nos servirá describir los síntomas, si no reconocemos la raíz humana de la crisis ecológica. (101)

-Nunca la humanidad había tenido tanto poder sobre ella misma y nada garantiza que lo usará bien, sobre todo si se considera la manera como lo está empleando. (…) ¿En manos de quienes está y puede llegar a estar tanto poder? Es tremendamente peligroso que resida en una pequeña parte de la humanidad. (104)

-La intervención humana en la naturaleza siempre ha acontecido, pero (…) de aquí se pasa fácilmente a la idea de un crecimiento infinito o ilimitado, que ha entusiasmado tanto economistas, financieros y tecnólogos. Supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta, que lleva a «exprimirlo» hasta el límite y más allá del límite. (106)

-Se ha vuelto contracultural elegir un estilo de vida con objetivos que puedan ser al menos en parte independientes de la técnica, de sus costes y de su poder globalizador y masificador. De hecho, la técnica tiene una inclinación a buscar que nada quede fuera de su férrea lógica. (108)

-No se han aprendido las lecciones de la crisis financiera mundial y con mucha lentitud se aprenden las lecciones del deterioro ambiental. (109)

-Una ciencia que pretenda ofrecer soluciones a los grandes asuntos, necesariamente tendría que sumar todo lo que ha generado el conocimiento en las otras áreas del saber, incluyendo la filosofía y la ética social. (110)

-La cultura ecológica (…) tendría que ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático. (…) Buscar solo un remedio técnico a cada problema ambiental que surja, es aislar cosas que en realidad están entrelazadas, y esconder los verdaderos y más profundos problemas del sistema mundial. (111)

-Nadie pretende volver a la época de las cavernas, pero sí que es indispensable aminorar la marcha para mirar la realidad de otro modo, recoger los adelantos positivos y sostenibles, y a la vez recuperar los valores y los grandes fines arrasados por un desenfreno megalómano. (114)

-No habrá una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano. No hay ecología sin una adecuada antropología. (118)

-Dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades. (120)

-No podemos pensar que los proyectos políticos o la fuerza de la ley serán suficientes para evitar los comportamientos que afectan el ambiente, porque, cuando es la cultura la que se corrompe y ya no se reconoce ninguna verdad objetiva o unos principios universalmente válidos, las leyes solo se entenderán como imposiciones y como obstáculos a evitar. (123)

-Ayudar a los pobres con dinero tiene que ser siempre una solución provisional para resolver urgencias. El gran objetivo tendría que ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo. (128)

-Las autoridades tienen el derecho y la responsabilidad de tomar medidas de claro y firme apoyo a los pequeños productores y a la variedad productiva. Para que haya una libertad económica de la cual todos efectivamente se beneficien, a veces puede ser necesario poner límites a quienes tienen mayores recursos y poder financiero. (129)

-El Catecismo enseña que (…) «es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas».[1] Todo uso y experimentación «exige un respeto religioso de la integridad de la creación». (130)

-No es posible frenar la creatividad humana. (…) Al mismo tiempo, no pueden dejar de replantearse los objetivos, los efectos, el contexto y los límites éticos de esta actividad humana que es una forma de poder con altos riesgos. (131)

-Es difícil emitir un juicio general sobre los desarrollos de transgénicos, vegetales o animales, médicos o agropecuarios, puesto que pueden ser muy diversos entre ellos y requerir distintas consideraciones. (133)

IV. Una ecología integral

-No hay dos crisis separadas, una de ambiental y otra de social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las trayectorias para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para proteger la naturaleza. (139)

-Junto con el patrimonio natural, hay un patrimonio histórico, artístico y cultural, igualmente amenazado. Es parte de la identidad común de un lugar y una base para construir una ciudad habitable. (143)

-La desaparición de una cultura puede ser tanto o más grave que la desaparición de una especie animal o vegetal. La imposición de un estilo hegemónico de vida ligado a un modo de producción puede ser tan dañina como la alteración de los ecosistemas. (145)

-Hace falta tener cuidado de los lugares comunes, los marcos visuales y los hitos urbanos que acrecientan nuestro sentido de pertenencia, nuestra sensación de arraigo, nuestro sentimiento de «estar en casa» dentro de la ciudad que nos contiene y nos une. (151)

-No solo los pobres, sino una gran parte de la sociedad sufren serias dificultades para acceder a una vivienda propia. La posesión de una vivienda tiene mucho que ver con la dignidad de las personas y con el desarrollo de las familias. Es una cuestión central de la ecología humana. (152)

-Muchos especialistas coinciden en la necesidad de priorizar el transporte público. Pero algunas medidas necesarias difícilmente serán pacíficamente aceptadas por la sociedad sin una mejora sustancial de este transporte, que en muchas ciudades significa un trato indigno a las personas a causa de la aglomeración, la incomodidad o la baja frecuencia de los servicios y la inseguridad. (153)

-El estado de abandono y olvido que sufren también algunos habitantes de zonas rurales, donde no llegan servicios esenciales y hay trabajadores reducidos a situaciones de esclavitud, sin derechos ni expectativas de una vida más digna. (154)

-La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común (…) Aprender a recibir el propio cuerpo, a tener cuidado y a respetar los significados, es esencial para una verdadera ecología humana. (155)

-La ecología humana es inseparable de la noción de bien común, un principio que cumple un rol central y unificador en la ética social. (156)

-Ya no basta decir que tenemos que preocuparnos por las futuras generaciones. Se requiere advertir que lo que está en juego es nuestra propia dignidad. Somos nosotros los primeros interesados en dejar un planeta habitable para la humanidad que nos sucederá. Es un drama para nosotros mismos, porque esto pone en crisis el sentido del propio paso por esta tierra. (160)

-Las predicciones catastróficas ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía. A las próximas generaciones podríamos dejarles demasiada basura, desiertos y suciedad. (161)

-No hace falta que imaginemos solo los pobres del futuro; basta con recordar los pobres de hoy, que tienen pocos años de vida en esta tierra y no pueden continuar esperando. (162)

V. Algunas líneas de orientación y acción

-Para afrontar los problemas de fondo, que no pueden ser resueltos por acciones de países aislados, es indispensable un consenso mundial que lleve, por ejemplo, a programar una agricultura sostenible y diversificada, a desarrollar formas renovables y poco contaminantes de energía, a fomentar una mayor eficiencia energética, a promover una gestión más adecuada de los recursos forestales y marinos, a asegurar a todo el mundo el acceso al agua potable. (164)

-Sabemos que la tecnología basada en combustibles fósiles muy contaminantes necesita ser reemplazada progresivamente y sin demora. (…) Aun así, en la comunidad internacional no se consiguen acuerdos suficientes sobre la responsabilidad de quienes tienen que soportar los costes de la transición energética. (165)

-Las Cumbres mundiales sobre el ambiente de los últimos años no han respondido a las expectativas porque, por falta de decisión política, no han obtenido acuerdos ambientales globales realmente significativos y eficaces. (166)

-La estrategia de compraventa de «bonos de carbono» puede dar lugar a una nueva forma de especulación, y no servir para reducir la emisión global de gases contaminantes. (171)

-Los países pobres necesitan tener como prioridad la erradicación de la miseria y el desarrollo social de sus habitantes; aunque tengan que analizar el nivel escandaloso de consumo de algunos sectores privilegiados de su población, y controlar mejor la corrupción. (172)

-Hacen falta marcos reguladores globales que impongan obligaciones y que impidan acciones intolerables, como el hecho de que países poderosos expulsen a otros países residuos e industrias altamente contaminantes. (173)

-Se vuelve indispensable la maduración de instituciones internacionales más fuertes y eficazmente organizadas, con autoridades designadas equitativamente por acuerdo entre los gobiernos nacionales, y dotadas de poder para sancionar. (175)

-La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo. Al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación. (178)

-Se pueden facilitar formas de cooperación o de organización comunitaria que defiendan los intereses de los pequeños productores y preserven los ecosistemas locales de la depredación. ¡Es tanto lo que sí se puede hacer! (180)

-En toda discusión a propósito de una iniciativa, una serie de preguntas tendrían que plantearse en orden a discernir si conducirá a un verdadero desarrollo integral: ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿De qué manera? ¿Para quién? ¿Cuáles son los riesgos? ¿Con qué coste? ¿Quién paga los costes y como lo hará? (185)

-La Iglesia no pretende definir las cuestiones científicas ni sustituir la política, pero invito a un debate honesto y transparente, porque las necesidades particulares o las ideologías no afecten el bien común. (188)

-La crisis financiera de 2007-2008 era la ocasión para el desarrollo de una nueva economía más atenta a los principios éticos y para una nueva regulación de la actividad financiera especulativa y de la riqueza ficticia. Pero no hubo una reacción que llevara a repensar los criterios obsoletos que continúan rigiendo el mundo. (189)

-Los medios son solo una pequeña demora en el derrumbe. Simplemente se trata de redefinir el progreso. Un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso. (194)

-La Política y la economía tienden a culparse mutuamente por lo que se refiere a la pobreza y a la degradación del ambiente. Pero lo que se espera es que reconozcan sus propios errores y encuentren formas de interacción orientadas al bien común. (198)

-La mayor parte de los habitantes del planeta se declaran creyentes, y esto tendría que provocar a las religiones entrar en un diálogo entre ellas orientado a la protección de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de una red de respeto y de fraternidad. (201)

VI. Educación y espiritualidad ecológica

-No todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que los impongan. (…) No hay sistemas que anulen por completo la apertura al bien, a la verdad y a la belleza, ni la capacidad de reacción que Dios continúa alentando desde el interior de los corazones humanos. A cada persona de este mundo le pido que no olvide esta dignidad suya que nadie tiene derecho a tomarle. (205)

-Un cambio en los estilos de vida podría llegar a ejercer una sana presión sobre quienes tienen poder político, económico y social. Es lo que pasa cuando los movimientos de consumidores consiguen que dejen de adquirirse ciertos productos y así se vuelven efectivos para modificar el comportamiento de las empresas, forzándolas a considerar el impacto ambiental y los patrones de producción. (206)

-Si una persona, aunque la propia economía le permita consumir y gastar más, habitualmente se abriga un poco en lugar de encender la calefacción, esto supone que ha incorporado convicciones y sentimientos favorables al cuidado del ambiente. (…) El hecho de reutilizar algo en lugar de tirarlo rápidamente, a partir de profundas motivaciones, puede ser un acto de amor que exprese nuestra propia dignidad. (211)

-Todas las comunidades cristianas tienen un rol importante a cumplir en esta educación. Espero también que en nuestros seminarios y casas religiosas de formación se eduque para una austeridad responsable, para la contemplación agradecida del mundo, para el cuidado de la fragilidad de los pobres y del ambiente. (214)

-Tenemos que reconocer que algunos cristianos comprometidos y orantes, bajo una excusa de realismo y pragmatismo, suelen burlarse de las preocupaciones por el medio ambiente. (…) Les hace falta entonces una conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que nos rodea. Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana. (217)

-Esta conversión (…) en primer lugar implica gratitud y gratuidad, es decir, un reconocimiento del mundo como un don recibido del amor del Padre, que provoca como consecuencia actitudes gratuitas de renuncia y gestos generosos aunque nadie los vea o los reconozca. (220)

-La espiritualidad cristiana propone una manera alternativa de entender la calidad de vida, y alienta un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de disfrutar profundamente sin obsesionarse por el consumo. Es importante incorporar una vieja enseñanza, presente en varias tradiciones religiosas, y también en la Biblia. (222)

-La sobriedad, que se vive con libertad y conciencia, es liberadora. No es menos vida, no es una baja intensidad sino todo lo contrario. (…) La felicidad pide saber limitar algunas necesidades que nos aturden, quedando así disponibles para las múltiples posibilidades que ofrece la vida. (223)

-Ninguna persona puede madurar en una feliz sobriedad si no está en paz consigo misma. (225)

-Una expresión de esta actitud es pararse a dar gracias a Dios antes y después de las comidas. Propongo a los creyentes que retomen esta valiosa costumbre y la vivan con profundidad. (227)

-La Eucaristía es también fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todas las cosas creadas. (236)

-Porque la persona humana más crece, más madura y más se santifica a medida que entra en relación, cuando sale de sí misma para vivir en comunión con Dios, con los otros y con todas las criaturas. (…) Todo está conectado, y esto nos invita a madurar una espiritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad. (240)

-Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos tomen el gozo de la esperanza. (244)

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