LA EUTANASIA

El 24 de marzo de 2021, el BOE ha publicado la Ley orgánica que regula la eutanasia.

 

VIVIR DIGNAMENTE HASTA EL FINAL

La vida es una muerte que viene –decía Jorge Luis Borges–. De hecho esta es la única seguridad que tenemos todas y todos los que estamos ahora y aquí: que un día u otro moriremos.
La gran pregunta es cuánto sufrimiento estamos dispuestos a soportar antes de llegar a una muerte segura. Y en qué condiciones, para cada una de nosotras, la vida que nos quede para vivir ya no será digna de ser vivida.
Son preguntas muy personales que dan pie a respuestas muy diversas, que se declinan a partir de las creencias religiosas o principios éticos de cada cual, del umbral de sufrimiento personal y del que cada cual podemos considerar esencial para definir cuáles son las condiciones de dignidad vital básica.
Es, evidentemente, una esfera clara de reflexión individual.

Para Ramón Sampedro, la decisión de no querer vivir lo que le quedaba de vida llegó después de 25 años postrado por una tetraplejia.
Para Inmaculada Echevarría no era vida digna seguir viva en un hospital conectada a un ventilador mecánico después de 31 años sufriendo una enfermedad degenerativa.
Para José Antonio Arrabal, enfermo de Esclerosis Lateral Amiotrófica, no lo era llegar al estadio de dependencia total al cual lo llevaba la enfermedad.
O para Montserrat Cercó, de 90 años, también enferma de ELA, vida digna era poder marchar en paz y sin sufrir, después de haber vivido una vida llena y larga.

Todos son casos de personas que solicitaron públicamente una muerte asistida. Que reflexionaron y decidieron muy conscientemente cuál era su umbral individual de vida y muerte digna. Pero el sistema penal y legal español no les permitió ejercer esta libertad individual.
En breve el Senado ratificará, previsiblemente sin cambios, la futura ley de regulación de la eutanasia y el suicidio asistido en España. Es fruto de décadas de luchas individuales, como la de los casos que he citado y tantos otros, y de lucha colectiva a través de las asociaciones de Derecho a Morir Dignamente en todo el Estado. Pero también fruto de un proceso de maduración ética, moral y política de la ciudadanía, que ha hecho que tanto la población catalana como la española sean ampliamente favorables a regular este nuevo derecho.

Porque la realidad existe, y los legisladores no podemos hacernos el sueco. Y en este caso, dar respuesta digna requiere de regulación.
Una regulación que no imponga nada a nadie. Que no imponga ninguna creencia, ética ni religión. Que no reste la libertad a nadie que quiera morir cuando la biología lo marque y la medicina no lo evite. Si no que solo dé la misma opción de libertad individual a aquellos que hasta ahora no la han tenido: los que sitúan el umbral un poco o uno mucho antes.
Tuve el placer y el honor, como diputada del Parlament de Catalunya por Catalunya en Comú Podem de defender en el Congreso, en abril de 2018, y con palabras parecidas, una propuesta de ley surgida del Parlamento catalán que reclamaba al Estado despenalizar la eutanasia. Fue la primera en la historia sobre este tema que obtuvo los votos suficientes para tramitarse en las Cortes Españolas.
La que se aprobará ahora, surgida de una propuesta del PSOE, la integra. Y será la definitiva después de cuatro intentos previos de ley de regulación de la eutanasia que no salieron bien. Y de numerosos intentos de declaraciones políticas por vías diversas. Ha costado, pero finalmente se ha conseguido.

Será una ley extremadamente garantista, que obliga a quién quiera usarla a ratificar hasta cuatro veces, bajo supervisión médica, que quiere morir. Y el caso tendrá que ser aprobado por una comisión de evaluación específica. Permite la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios y solo será aplicable a mayores de edad. Es, por lo tanto, más restrictiva que la de algunos de los otros cinco países del mundo que ya lo tenían regulado, pero nos pone igualmente a la cabecera de los estados que garantizan este derecho por ley.
Por lo que ha costado, y por lo que comportará para quien quiera usarla, esta será una ley histórica, de adelantos y de gozo. Pero, sobre todo, que nos enriquece como sociedad y llena de sentido lo que quiere decir tener un estado laico. Porque es una ley que no va contra nadie, que permite respetar los valores de cada individuo, y que se basa en la premisa de legislar por encima del código ético de cada cual.
En este caso, permitir que cada cual decida cuando el trayecto que queda hasta una muerte segura ya no es de dignidad. Porque la muerte es parte intrínseca de la vida. Es el único hecho seguro para todos y todas desde que nacemos. Garantizar condiciones de dignidad para la muerte es legislar a favor de la dignidad de la vida.

Marta Ribas Frías
Revista L’Agulla
   https://elpunxo.wordpress.com/

 

HABLEMOS SOBRE LA LEY DE DESPENALIZACIÓN DE LA EUTANASIA

De entrada, hay que empezar diciendo que esta ley no legaliza la eutanasia, sino que la despenaliza. Quiere decir que no se retira del código penal, sino que persiste al código penal, pero no se aplica ninguna pena si se cumplen los requisitos que marcan la ley.
Esta es la primera ley de eutanasia en que hay que obtener un permiso para poderla aplicar. Es lo que se denomina control “Ex-ante”. En otros países donde la eutanasia está regulada, los profesionales sanitarios ejercen el derecho de la eutanasia y posteriormente se revisa si hay algún error en el procedimiento: control “Ex post”.
En el estado español, la ley es “garantista”, se asegura que los requisitos están completos antes de dar luz verde al procedimiento. Esto es positivo porque da mucha seguridad de que se hará bien, pero burocratiza mucho el procedimiento, y se considera que probablemente muchos pacientes que se encuentran en situación de enfermedad terminal no lleguen a obtener el permiso por cuestiones temporales.
Se trata de una proposición de ley y no un proyecto de ley, por lo cual se ha tramitado sin pedir informes a sociedades o colectivos referentes, como el Comité de Bioética español o a sociedades científicas. Tampoco se ha consultado al Consejo General del Poder Judicial, a pesar de modificar el código penal.
La ley se aprobó en el Congreso de los Diputados el 17/12/20. Actualmente está pendiente de aprobación por parte del Senado y hay muchas enmiendas a debatir. Se espera que de cara al verano del 2021 se pueda devolver en el Congreso y aprobar.

Seguidamente os querría ofrecer mis reflexiones personales a partir de la lectura de diferentes posicionamientos, sesiones formativas, y de mi experiencia personal por trabajar como médica con personas al final de la vida:

– Provocar la muerte a una persona debe de ser una acción nada agradable, aunque sea la persona quién lo pide. Hará falta un buen trabajo en equipo y que los profesionales que atiendan estos procesos puedan recibir acompañamiento emocional y espiritual.

– El debate de la eutanasia puede ayudar a hacer que la sociedad se acerque más a la muerte y al proceso de morir. Cada persona tendría que pensar cómo le gustaría morir y en qué condiciones, puesto que tenemos mucho que opinar si la muerte no es accidental o traumática. En los países donde se aplica la eutanasia, esta representa el 4% de las muertes, por lo que hay que reflexionar sobre cómo muere el 96% que lo hace de otro modo. Los documentos de voluntades anticipadas ayudan a plantear nuestro final. También podemos ir más allá: quién nos cuidará durante el proceso del final de la vida, si queremos morir en casa o en un centro sanitario, quién nos puede acompañar en el momento del traspaso, qué escenografía, si haremos celebración, qué textos leeremos, qué música querríamos escuchar, qué objetos dejaremos a determinadas personas y con qué significado, de quien nos queremos despedir, con quienes nos queremos reconciliar, entre otros muchos aspectos.

– El Comité de Bioética de España, la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) y el grupo de Bioética de UNIJES-Universidades Jesuitas consideran que hasta que no haya plena cobertura de atención sanitaria en curas paliativas en todo el Estado, no tendría que salir adelante la despenalización de la eutanasia. En el estado español se considera que más de un tercio de las personas que necesitan atención paliativa no la están recibiendo (depende también mucho de las diferentes comunidades). En el Canadá, de los pacientes sometidos a eutanasia o suicidio médicamente asistido, el 82% recibieron atención paliativa previamente que mejoró su situación de sufrimiento, pero persistieron en la petición de morir. También recibieron ayudas sociales por discapacidad en el 89,8% de los casos. Las curas paliativas no son una alternativa, sino un buen servicio a las personas que están en situación de enfermedad grave y que están sufriendo. De estas, siempre habrá quienes pedirán morir de forma anticipada. Todos los equipos referentes (médicos responsables) deberían tener formación en atención paliativa y pedir colaboración a los equipos especializados en los casos más complejos. La atención paliativa no se tendría que reservar a los procesos de enfermedad avanzada o terminal, es una manera muy humanizada de hacer atención sanitaria, en cualquier momento de la enfermedad, es una actitud hacia la manera de trabajar la medicina. La despenalización de la eutanasia puede hacer que se hable más de las curas paliativas y se aumenten los recursos, ojalá.

– Las condiciones sociales desfavorecidas siempre empeoran la calidad de vida de las personas. Hay que mejorar las ayudas sociales y las ayudas a la dependencia, también con criterio de temporalidad, puesto que a menudo la necesidad social no queda cubierta al mismo tiempo que la sanitaria. El sistema de pensiones de las personas mayores tampoco ayuda a hacer que tengan libertad al decidir dónde y cómo quieren ser cuidadas, por lo que, a menudo dependen de las decisiones de la familia. Pero a pesar de tener recursos sociales y entorno familiar afectivo, siempre habrá personas que continuarán pidiendo anticipar su muerte.

– El sistema público tampoco tiene garantizada la atención psicológica. Los recursos de salud mental público son muy limitados y cada vez tienen más demanda de atención. A menudo, las personas necesitan un ritmo de visitas de seguimiento que el recurso público no puede asumir, por lo que los que se lo pueden financiar buscan alternativas privadas que suponen un coste elevado para las familias.

– Ningún paciente tendría que pedir la eutanasia por el hecho de no recibir una atención de calidad, tanto desde el punto de vista paliativo como social como psicológico.

– La ley habla poco del papel de la enfermería, cuando es esta disciplina la que tiene la parte más activa en el cuidado de la persona enferma. Creo que hay que incluir las enfermeras en los equipos que valoran y atienen las peticiones de eutanasia, puesto que son profesionales fundamentales en los procesos asistenciales de los pacientes y sus familias.

– En Holanda, el 80% de procedimientos de eutanasia se hacen a domicilio. Actualmente la atención primaria de salud está sobrecargada de trabajo y la pandemia ha empeorado mucho su disponibilidad para atender las demandas de salud que tiene que cubrir. Hay que crear una estrategia para reforzar los equipos de atención domiciliaria. Considero que la sociedad y los mismos médicos de especialidades hospitalarias no valoran bastante el papel de la atención primaria.

– El proceso deliberativo entre el demandante de eutanasia y su médico mejorará mucho la comunicación. Los médicos tenemos muy poca formación en comunicación sanitaria. Creo que este diálogo profundo con el paciente puede ser muy enriquecedor para los profesionales sanitarios.

– Esta ley reforzará el principio ético de la Autonomía. En nuestra sociedad, la familia tiene un papel muy activo en las decisiones de las personas enfermas. A menudo se informa antes a la familia que al propio paciente, y esto es una falta ética muy grave. Nos da miedo dar malas noticias y la familia modula lo que podemos informar. En esta ley la familia casi ni se cita. Pienso que a las familias hay que tenerlas muy presentes, tanto por el tipo de modelo familiar de nuestra cultura, como por su responsabilidad en el cuidado de la persona enferma. La eutanasia es una decisión totalmente individual, pero afectará a toda la familia y necesitarán que los acompañemos tanto a nivel emocional como espiritual.

– Hay que mejorar el proceso de morir en los hospitales. En Cataluña, el 54% de las personas mueren en los hospitales. A menudo los hospitales de agudos no están preparados para atender el proceso de agonía ni tampoco un acompañamiento al luto.

– Tener religión no quiere decir que no se pueda discrepar de dogmas o morales. La religión es un camino de ayuda y crecimiento personal. Yo pienso que las personas pueden tener opiniones diferentes a ciertas normas morales sin tener que renunciar a su religión.

– La despenalización de la eutanasia protege tanto a las personas que están a favor como a las que se oponen, puesto que es la persona quien decide si se quiere acoger. En cambio, si no se dispone de este derecho, privamos a las personas que sí lo quieren ejercer.

– Nos encontraremos ante situaciones donde sabremos valorar muy bien el sufrimiento, como si nos pusieran un espejo delante, y la ayuda a morir la haremos con convencimiento, sobre todo si se trata de un proceso de final de vida. El problema lo tendremos cuando el paciente pida morir en una determinada fase de su enfermedad, o cuando pensamos que la persona se encuentra vulnerable o sufra una enfermedad mental pero con capacidad legal para decidir o sea un menor de edad. Estas peticiones serán las que pueden poner en entredicho nuestra conciencia.

– La objeción de conciencia profesional es a toda la ley. Se plantea que se pueda hacer a casos concretos, pero entonces tendremos que pensar si no estamos haciendo juicios de valor personal ante aquellas decisiones que hacen tambalear nuestra conciencia, pero que han superado la validez de su tramitación. Tampoco las podemos abandonar. Los Comités de Ética Asistencial de los centros sanitarios pueden ayudar mucho en este aspecto.

La vida nos es dada, es un don y un bien. Yo apuesto por una vida vivida en plenitud. Somos solo nosotras mismas las que podemos valorar la dignidad de nuestra vida.

Marta Vidal
Revista L’Agulla
   https://elpunxo.wordpress.com/

 

EUTANASIA Y SUICIDIO ASISTIDO EN ESPAÑA

El 18 de marzo de 2021 el Pleno del Congreso de los diputados ha aprobado la ley de eutanasia en España, que entrará en vigor a finales de junio de este año.

El 18 de marzo de 2021, el Congreso de los Diputados ha aprobado por mayoría absoluta la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia. Cuando entre en vigor (a finales de junio), despenalizará la muerte asistida en algunas circunstancias. De momento, el Código Penal prevé condenas de varios años de prisión para cualquier persona que actúe como cooperadora necesaria en la muerte de otra, aunque esta última lo haya pedido libremente a causa de un sufrimiento irreversible e insoportable.

Sin embargo, en España (y en todo el mundo) se practican eutanasias clandestinas a menudo. Un estudio de la OCU en el 2000 reveló que alrededor de uno de cada diez médicos en España reconoce haber ayudado a morir a sus pacientes.

Todas las encuestas revelan que una amplia mayoría de la ciudadanía apoya que se despenalice la muerte asistida y se regule con garantías. Las más reciente, de Metroscopia (en 2019) y de Ipsos (en 2018), elevan el apoyo al 87% y 85% de la población, respectivamente. Una encuesta europea elaborada por Ipsos Mori para The Economist (en 2015) cifró este apoyo en un 78%.

En noviembre de 2018, el Colegio de Médicos de Bizkaia publicó una encuesta entre sus colegiados, la primera de este estilo en España, que lleva el apoyo a la eutanasia entre estos profesionales al 86%. Además, dos de cada tres aseguraron que no se acogerían a la cláusula de objeción de conciencia. Meses después se sumaron los colegios de médicos de Tarragona, Madrid y Las Palmas, con resultados similares.

En abril de 2019, el Colegio Oficial de Enfermería de La Rioja presentó los resultados de una encuesta entre sus colegiados sobre la eutanasia. El apoyo a despenalizar la muerte asistida también es abrumador: el 81% de las personas consultadas se mostró a favor de legalizar la eutanasia.

En 2018, por primera vez, se admitieron a trámite dos proyectos de despenalización de la eutanasia en el Congreso de los Diputados. Y aunque contaban con suficiente apoyo para ser aprobadas, el filibusterismo parlamentario de los grupos conservadores bloqueó su tramitación hasta que la convocatoria de elecciones hizo que decayesen.

A lo largo de 2020 se tramitó la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia. El 17 de diciembre fue aprobada por mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. El 10 de marzo de 2021 el Senado aprobó la norma con varias enmiendas menores. El 18 de marzo, el Pleno del Congreso ratificó el texto y aprobó definitivamente la ley, que se publicó en el BOE del 25 de marzo de 2021 como ‘Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, de regulación de la eutanasia’.

https://derechoamorir.org/eutanasia-espana/

 

España aprueba la eutanasia y logra el derecho a la muerte digna

https://catalunyaplural.cat/es/espana-aprueba-la-eutanasia-y-logra-el-derecho-a-la-muerte-digna/

Qué es la eutanasia, cuáles son sus requisitos y dónde se puede hacer 

https://www.niusdiario.es/multimedia/nius-te-explica/que-es-eutanasia-requisitos-donde-hacerlo-ley_18_2897220365.html

Ley de Eutanasia: claves para hacer efectivo el derecho a la muerte digna

https://www.elsaltodiario.com/eutanasia/ley-de-eutanasia-claves-para-hacer-efectivo-el-derecho-a-la-muerte-digna

El mapa de la eutanasia en el mundo: legal en seis países

https://www.rtve.es/noticias/20201217/espana-podria-convertirse-cuarto-pais-europeo-legalizar-eutanasia/2000490.shtml

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