NO TODO EL MUNDO VIVE TAN BIEN COMO NOSOTROS

A pesar de la actual crisis económica, y aunque nos quejamos muy a menudo, en los países desarrollados “vivimos muy bien” en comparación con lo que pasa en el llamado “Tercer Mundo” o “Sur”: comemos tanto o más de lo que necesitamos, disponemos de la ropa necesaria y la renovamos más a menudo de lo que la “sostenibilidad” requeriría, disfrutamos de un hogar confortable en el que nos resguardamos, podemos tener cuidado de nuestra salud, recibimos una educación completa, podemos ejercer nuestros derechos como ciudadanos y tenemos acceso a un gran abanico de satisfacciones complementarias como el reposo, la cultura, etc.

No obstante, también en este “Primer Mundo” lleno de privilegios y exceso de consumo, hay personas que lo pasan mal y que estamos convirtiendo en “invisibles”.

Estas condiciones de vida que parecen tan “imprescindibles” y “normales” en el Primer Mundo, en realidad no las disfrutan plenamente ni un 20% de las personas que pueblan la tierra, puesto que…

– más de 840 millones de personas pasan hambre permanentemente, y unos cuántos cientos de millones más pasan hambre de vez en cuando debido a hambrunas producidas por malas cosechas, guerras, catástrofes naturales, etc.,

– más de 2.000 millones de personas disponen de menos de dos euros diarios para cubrir todas sus necesidades, lo que quiere decir que son extremadamente pobres,

– más de 1.000 millones de personas viven en asentamientos muy precarios, sin ninguna posibilidad de mejorarlos,
– más de 1.300 millones de personas no tienen acceso a la asistencia médica básica,

– más de 57 millones de niños no tienen ningún acceso a la educación básica y una cantidad parecida recibe una educación discontinua o deficiente,

– hay más de 250 millones de niños que no saben leer, ni escribir ni contar bien,

– más de 1.400 millones de personas no tienen electricidad en su casa,

– más de 65 millones de personas se encuentran desplazadas involuntariamente en diciembre de 2015 (6 millones más que un año antes) y viven en campamentos y centros de acogida, de los cuales 15 millones son niños,

– muchos cientos de millones de personas no han tenido nunca un trabajo estable,

– y también cientos de millones de personas sufren persecuciones, discriminaciones, marginaciones,  inseguridad o injusticias sistemáticamente, como consecuencia de la inestabilidad política, la corrupción, la carencia de derechos, la desigualdad social, etc.

Como consecuencia de todo ello:

– unos 18.000 niños menores de 5 años mueren cada día (6,5 millones al año) por causas que se podrían evitar, como la neumonía, la diarrea o el sarampión, con medidas como vacunas, medicamentos, acceso al agua potable o tratamientos contra la desnutrición aguda,

– unas 1.500 mujeres mueren cada día por complicaciones evitables en el embarazo (550.000 al año),

– y un largo etc. que realmente hace estremecer.

El hambre es la máxima expresión de la desigualdad entre las personas y el hecho de permitirlo es una gran violación de los derechos humanos. Mientras millones de personas se mueren de hambre, en algunos países se destruyen los excedentes alimentarios para mantener altos los precios de los mismos en el mercado.

Según la FAO, actualmente existen recursos de sobra para alimentar la población mundial, que supera los 7.000 millones de personas.

Pero la pobreza, o mejor dicho el subdesarrollo humano, incorpora muchas más carencias y desigualdades que el hambre, como son la carencia de educación primaria, de asistencia sanitaria, de igualdad de género hombre/mujer, de justicia, de libertad religiosa, política o de expresión, etc.

Esta situación, que casi todo el mundo conoce, es considerada por mucha gente como “injusta” pero que “no tiene remedio”; que si “los de arriba” no lo arreglan, menos lo podemos arreglar la gente normal y corriente.
Pero esto no es así: todos y cada uno de nosotros podemos contribuir bastante a mejorar las condiciones de vida de estos miles de millones de personas que, simplemente por el hecho de haber nacido en el Sur, lo pasan tan mal: podemos presionar “a los de arriba” para que hagan lo que les corresponde, podemos contribuir a su desarrollo humano dedicándoles “atención” y los recursos que nos sobran, podemos consumir productos de comercio justo, etc.

Todo esto, no obstante, es bastante difícil de lograr individualmente. Por eso se han creado las ONGs, que son unas organizaciones sin ánimo de lucro e independientes de los poderes políticos y económicos, que sumando los deseos y recursos de personas “individuales” consiguen sus propósitos.

Martin Luther King dijo: “Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el arte de vivir juntos, como hermanos”.

 

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