KIM PHUC

¿Recuerdas haber visto alguna vez la fotografía que hay a continuación? Pues la niña que corre desnuda se llama KIM PHUC, nació en Vietnam el 1963 y es conocida como ”la niña del napalm”.

El 8 de junio de 1972, durante la guerra de Vietnam, un avión norteamericano lanzó una bomba de napalm en la población de Trang Bang. Allí se encontraba Kim Phuc con su familia.

La niña, de 9 años, resultó gravemente quemada y corría con otros niños fuera de la población sacándose los restos de su ropa en llamas. También su abuela corría con ella llevando un nieto destrozado por el combustible napalm.

En aquel momento, el fotógrafo Nick Ut hizo la fotografía y a continuación llevó a Phuc al hospital, junto con otros niños, donde permaneció durante 14 meses y fue sometida posteriormente a 17 operaciones de injertos de piel.

Kim Phuc ha descrito su experiencia de la siguiente forma: “el napalm es el dolor más terrible que se pueda imaginar… el agua hierve a 100 grados, el napalm genera temperaturas de 800 a 1.200 grados”.

La foto del fotoperiodista de 21 años Nick Ut de Associated Press, galardonada con el premio Pulitzer de 1973, dio la vuelta al mundo y su influencia fue tanta que algunos historiadores han considerado que la imagen ayudó a frenar la guerra del Vietnam a pesar de que, cuando fue tomada, la retirada de las tropas norteamericanas estaba ya muy avanzada.

Cuando volvió a casa, Phuc esperaba ser “una niña normal” y estudiar la carrera de medicina. Diez años más tarde consiguió entrar en la facultad de medicina en Saigón, pero los agentes del gobierno vietnamita se enteraron que era la niña de la foto y fueron a buscarla para que trabajara con ellos y utilizarla como símbolo nacional de la guerra.

Se vio obligada a dejar la escuela y a volver a su provincia de origen, donde se la hacía participar en encuentros con periodistas extranjeros. Las visitas eran vigiladas y controladas. Se le indicaba qué tenía que declarar. Sonreía e interpretaba su papel, pero el descontento empezaba a consumirla. “Quería escapar de esta imagen”, dijo. “Fui quemada por el napalm, fui una víctima de la guerra… pero crecí y me volví otro tipo de víctima”.

Durante años, las secuelas físicas y mentales afectaron muchísimo a Phuc. Pero el 1982 se convirtió al cristianismo, lo cual la empujó a seguir adelante y aprender a perdonar.

El 1986, Phuc obtuvo la licencia para viajar a estudiar en la Universidad de La Habana donde empezó sus estudios de inglés y español. Allí conoció a un compañero vietnamita, Bui Huy Toan, con quien más tarde se casó y tuvo dos hijos. Al trasladarse para el viaje de novios a Moscú, el 1992, cuando el avión hizo escala en Ontario, Canadá, la pareja decidió quedarse allí inesperadamente, tan solo “confiando en Dios” y solicitó asilo político, el cual le fue concedido. Phuc obtuvo la ciudadanía canadiense y se hizo miembro de la iglesia Faith Way Baptist Church.

Después de haber evitado hablar públicamente sobre el incidente en Vietnam, el 1996 fue invitada a participar en una ceremonia del Día de los Veteranos en los Estados Unidos, y ella asistió expresando su perdón a los soldados que habían participado en la guerra. Entonces tuvo un encuentro con uno de los implicados, a quienes abiertamente perdonó y junto con el cual lloró.

En 1997, Phuc creó la Fundación Kim Phuc, que tiene como misión ayudar a los niños víctimas de la guerra y a defender la educación como la mejor herramienta de futuro, y este mismo año fue nombrada embajadora de buena voluntad de la UNESCO.

Kim Phuc tiene contacto frecuente con el fotógrafo Nick Ut, con quien comparte una amistad.

Kim Phuc es una lección más del dolor causado por la guerra pero también de supervivencia, superación y perdón.

Según Leila Zerrougui, representante especial de la ONU para los niños en los conflictos armados, se cree que hay 230 millones de niños y niñas que, en este mismo año del 2015, viven en países y áreas afectados por conflictos armados.

(Extraído de varias fuentes de Google).

ALGUNAS FRASES ATRIBUIDAS A KIM PHUC:

“Solamente cuando encontré la fe en mí misma, se atenuó el dolor de las llagas de mi corazón, fui dejando que el sentimiento de perdón creciera en mi corazón hasta que empezó a embargarme una inmensa paz interior. Esto no ocurrió de la noche a la mañana, porque no hay nada más difícil que llegar a querer a tus enemigos. En vez de reaccionar de una manera “normal”, es decir con odio y deseo de venganza, opté por la comprensión, que por cierto no se consigue en un día”.

“He vivido la guerra y sé cuan inapreciable es la paz. He sufrido mi dolor y sé lo que vale el amor cuando uno desea curarse. He experimentado odio y sé cuál es la fuerza del perdón. Hoy, como que estoy viva y vivo sin odio ni ánimo de venganza, puedo decir a los que me causaron mi sufrimiento: ¡os doy mi perdón!”.

“Cuando leí por primera vez las palabras de Jesús “ama a tus enemigos”, no sabía como hacerlo. Soy humana, tengo mucho dolor, muchas cicatrices y he sido víctima mucho tiempo. Creí que sería imposible. Tuve que rezar mucho y no fue fácil, pero al final lo conseguí”.

“Yo he optado por la reconciliación y mi vida se ha transformado. He dejado de ser una víctima”.

“El perdón es más poderoso que cualquier otra arma del mundo”.