GIOVANNI FALCONE

Giovanni Salvatore Augusto Falcone nació en Palermo (Sicilia-Italia) el 18 de mayo de 1939 y murió asesinado por la mafia italiana, también en Palermo, el 23 de mayo de 1992. Falcone fue un famoso juez que luchó intensamente para acabar con la mafia, incluso después de haber sufrido otro atentado fallido en 1989.

Paolo Emanuele Borsellino nació también en Palermo el 19 de enero de 1940 y murió en la misma ciudad asesinado por la mafia el 19 de julio de 1992 (57 días después que Falcone). También asesinaron a sus cinco escoltas. Borsellino fue un magistrado que, conjuntamente con el juez Falcone, llevó a  cabo importantes procesos judiciales contra la organización mafiosa Cosa Nostra.

A Falcone lo asesinaron haciendo estallar 500 kilogramos de explosivos colocados bajo la autopista que une el aeropuerto de Palermo, que hoy lleva su nombre y el de su sucesor Paolo Borsellino, con la capital. Fue tan fuerte la explosión que la registraron unos instrumentos de control sísmico. Con Falcone murieron su esposa Francesca Morvillo (también magistrada) y tres miembros de su escolta.

Falcone destacó muchísimo por su labor contra la mafia italiana, librando una “guerra” contra las instituciones, el poder corrupto y la indiferencia de la sociedad italiana, que entonces miraba para otro lado. Su muerte fue una venganza por los años de persecución judicial a la mafia y la detención de numerosos capos promovidas por él. Pero su muerte también fue el símbolo de una época convulsa de la historia italiana, con todavía un poder inmenso de la mafia.

Hasta entonces se decía que la mafia no existía, que era una invención de la prensa para distraer a los ciudadanos de otros problemas más graves. Y sin embargo ya había habido varios atentados contra jueces, policías y periodistas antes de que asesinaran a Falcone.

El punto de partida de la gran campaña que Falcone desempeñó contra la mafia en Italia fue la legendaria confesión de 329 folios que Falcone obtuvo de Tommaso Buscetta, el primer arrepentido (en realidad antes estuvo Leonardo Vitale, pero al oírle creyeron que estaba loco y lo ingresaron en un psiquiátrico). Falcone revolucionó el sistema de investigación al ver que la clave era seguir el rastro del dinero que movía la mafia. “El cadáver de un hombre se puede hacer desaparecer, basta con sumergirlo en ácido, y sin el cuerpo del delito no hay delito. El dinero, sin embargo, deja siempre una huella.” Dijo Falcone.

Se negaba a mirar para otro lado, como hacían muchos de sus colegas cuando el caso que tenían sobre la mesa apuntaba a un gran “capo”. No le detuvieron las amenazas, ni de la mafia ni de los políticos. La tenacidad con la que ejerció su lucha le granjeó la admiración de casi todo el mundo.

Un año antes de su muerte había publicado el libro “Cosas de la Cosa Nostra”, escrito junto con la periodista francesa Marcelle Padovani, en el que denunciaba los vínculos entre políticos y mafiosos. “Nadie me hará creer que algunos grupos políticos no están aliados con la Cosa Nostra en el intento de condicionar nuestra democracia, todavía inmadura, eliminando a personajes incómodos para ambos”, decía. Allí demostró que sabía demasiado.

“No quisiste tener hijos. Pero yo hubiera querido ser uno de ellos”. Este mensaje lo dejó una niña en un árbol frente a la casa del magistrado Falcone después de que fuera asesinado por la mafia. Desde entonces, “el árbol de Falcone”, como se le conoce ahora, se cubrió de notas.

Su funeral fue una de las escasas ocasiones en las que los italianos vencieron el miedo y se lanzaron en masa a las calles para mostrar su repulsa contra el crimen organizado. Además, querían despedir a un hombre al que todos consideraban un héroe, puesto que había luchado como nadie para desentrañar el entramado político de la mafia siciliana.

El atentado contra el juez Falcone, del que se han cumplido ya 25 años, debilitó a la Cosa Nostra (4.000 muertos desde su origen) y los equilibrios de poder entre la mafia y el estado u otras instituciones, pero también allanó el camino a otras organizaciones mafiosas como la ‘Ndrangheta.

Según el fiscal Carmelo Carrara: “Lo que más ha cambiado en estos 20 ó 30 años es seguramente la manera de mirar a la mafia por parte de los ciudadanos. Ahora se habla de ella. Antes, directamente, se negaba su existencia. Ahora hay además una actitud de rebelión por parte de las jóvenes generaciones de empresarios con respecto al “pizzo” (la extorsión). Y esto es más importante de lo que pueda pensarse desde fuera. Porque, en la conciencia de los sicilianos, pagar el “pizzo” es como pagar los impuestos al Estado”.

A María Falcone todavía le tiembla la voz cuando habla de su hermano. Profesora jubilada, desde la muerte del magistrado se dedica a recorrer los institutos de Italia explicando a los más jóvenes qué es la mafia y quién era aquel “héroe solo”, como tituló uno de los libros que dedicó a su hermano. “Giovanni estaba solo porque tenía en contra al poder político, al poder financiero y a los demás jueces”, recuerda con tristeza. “Él era la locomotora que tiraba del tren pero advertía que nuestro trabajo no era apreciado”, confirma Leonardo Guarnotta, magistrado que trabajó codo con codo con Falcone y Borsellino en el Tribunal de Palermo.

El asesinato de Falcone y los años posteriores proporcionaron varias lecciones a los investigadores. La primera: cuando la mafia no mata, hace negocios. La segunda: el ruido y las bombas asustan al dinero. Y nuevas mafias italianas pusieron en práctica tácticas de inmersión, es decir, esconderse e infiltrarse en las instituciones… ¡y ahí siguen!

Sobre la figura de Falcone se han escrito muchos libros y filmado varias películas.

El juez español Baltasar Garzón (“castigado” por cumplir honradamente con su deber) ha dicho de él: “Desde siempre he tenido a Falcone como un gran profesional y como modelo”. Y su muerte le recuerda a la de su compañera Carmen Tagle González (fiscal española, colega de Baltasar Garzón, que fue asesinada por ETA a la edad de 44 años).

A Falcone le gustaba repetir las palabras de J. F. Kennedy: “Un hombre debe hacer aquello que su deber le dicta, cualesquiera que sean las consecuencias personales, cualesquiera que sean los obstáculos, el peligro o la presión. Esta es la base de toda la moralidad humana”.

Información extraída de Wikipedia, elpais.com, el mundo.es y muyhistoria.es

 

Giovanni Falcone y Paolo Borsellino