¿TENEMOS FOBIA A LA INFANCIA?

DILEMAS ÉTICOS – Soraya Hernández – Revista Valors – https://valors.org

¿Es ético disponer de espacios y actividades solo para adultos? ¿Se trata de una acción discriminatoria que no permitiríamos con otros colectivos (mujeres, judíos, personas con discapacidades…)?

La infancia, más allá de los aspectos biológicos y del desarrollo físico, se configura como un espacio de tiempo concreto, consensuado culturalmente y con posibilidad de cambio según el grupo social que la define. Justamente, la representación social de la infancia determina su conceptualización y guía los aspectos legales y las políticas de protección de una comunidad hacia los bebés, niños, niñas y adolescentes. Los Derechos de la Infancia son un ejemplo de marco contextual que en muchos países han permitido abolir los infanticidios, el trabajo infantil, los matrimonios con menores… así como asegurar los buenos tratos, la educación y el respeto a la especificidad de esta etapa.

Cuando todavía hay muchos retos en cuanto a las necesidades de la infancia en todo el mundo, en nuestro país se genera una polémica alrededor de los restaurantes que no permiten la entrada a los niños. O de los hoteles solo para adultos. Son diversos los medios que se han hecho eco de la tendencia de muchos establecimientos de poner en marcha el denominado kids free (‘libre de niños’) o adultos only (‘solo adultos’); es decir, de la prohibición expresa de llevar niños a ciertos espacios de ocio. La tendencia de restaurantes y hoteles donde no se permiten niños no tiene un origen claro, pero cada vez hay más negocios pensados exclusivamente para adultos.

Esta propuesta apareció como respuesta a la demanda de personas adultas de poder disponer de espacios tranquilos y relajados, sin ruido o gritos infantiles. Y ha habido muchos negocios, como por ejemplo también aerolíneas, cines o cruceros, que han implementado servicios de este tipo. Pensados para parejas sin hijos, jóvenes o gente mayor, la oferta continúa creciendo mientras aumenta el malestar de muchas familias que consideran que estos negocios discriminan una parte de la población muy importante y vulnerable por su condición.

Para muchos padres y madres, si se continúa proponiendo espacios sin niños, se está promoviendo la visión social de que la crianza es una cosa que pertenece al ámbito privado y que, por lo tanto, se tiene que ocultar. Con esta idea se podría hacer creer que la infancia no está valorada, sino que la tiene que cuidar toda la población en general. A pesar de esto, muchas personas hacen uso de espacios solo para adultos y prefieren disfrutar de calma y silencio en un momento en que la infancia no tendría límites, no estaría educada y no sabría comportarse en público.

¿Es cierto que la crianza actual tiende a un modelo que no facilita el ajuste entre las necesidades de movimiento e interacción de los niños y la necesidad de tranquilidad de los adultos? ¿O una empresa privada tiene derecho de admisión y no hace falta ni siquiera debatir el tema? Es evidente que si las empresas son privadas y no hay ninguna normativa contraria, tienen derecho a decidir quién entra en sus espacios. Incluso tendrían que poder ofrecer actividades de manera concreta a los adultos, así como hay empresas que ofrecerían servicios a sectores concretos de la población, sobre todo si hay demanda.

Pero si lo que se quiere es integrar la infancia, harían falta medidas concretas que permitan una adaptación bilateral y un compromiso real: familias que entiendan que otros adultos pueden participar de la crianza en espacios compartidos, adultos que comprendan que los niños pueden necesitar moverse, levantar la voz, relacionarse a su manera, etc. La última opción que las empresas están asumiendo es el hecho de tener espacios comunes y después ofrecer actividades concretas para unos y otros.

Solo reflexionando sobre la representación social de la infancia y su participación en la vida pública será posible llegar a acuerdos que aseguren el bienestar de niños y adolescentes.

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