LAS FINANZAS ÉTICAS

El sistema financiero es el conjunto de instituciones, medios y mercados que canalizan el ahorro de unas personas y entidades hacia otras personas o entidades que necesitan financiación (intermediación financiera entre los ahorradores y los financiados).

El sistema financiero comprende:

– Los instrumentos financieros (dinero, acciones, etc.).

– Las instituciones financieras (bancos, cajas de ahorros, etc.).

– Los mercados financieros (bolsa, etc.).

El actor más conocido del sistema financiero en nuestro país son los bancos y, hasta hace poco, también las cajas de ahorros.

El sistema financiero tradicional, desarrolla esta función de intermediación financiera con el objetivo principal de maximizar beneficios. Aun así, la banca tradicional ya no desarrolla únicamente esta función de intermediación financiera sino que también acude a los mercados financieros realizando grandes inversiones, a menudo de carácter especulativo, sin importar en muchos casos, más allá de criterios de rentabilidad, ni qué producto financiero se contrata ni qué actividad, sector o empresa se está financiando.

Tenemos que ser conscientes que con nuestros ahorros, directa o indirectamente, ayudamos a desarrollar un tipo de economía y, en consecuencia, un tipo de sociedad u otra.

– ¿Sabemos dónde van nuestro dinero ahorrado?

– ¿Sabemos si nuestro dinero sirven para fabricar armas o contaminar el medio ambiente?

– ¿Gestionamos nuestro dinero en sintonía con nuestros valores?

– ¿Cómo hemos escogido nuestra entidad financiera? ¿Sabemos qué implica esta elección?

El sistema financiero ético, desarrolla también esta función de intermediación financiera pero con el objetivo que el dinero recogido sea tan solo una herramienta en favor de los proyectos con un valor añadido para la sociedad desde el punto de vista social, medioambiental, cultural, educativo, democrático, etc. Se quiere recuperar el uso social y original del dinero para ser simplemente una herramienta que pueda generar recursos productivos y no hacer que el dinero sea uno fin en sí mismo.

ALGUNAS INVERSIONES CONTROVERTIDAS DEL SISTEMA FINANCIERO TRADICIONAL

No existe mucha transparencia ni información accesible sobre el destino de los ahorros y fondos de inversión de los usuarios de la banca tradicional. Este hecho dificulta la toma de conciencia por parte de los clientes, y que estos ejerzan algún tipo de control sobre su dinero. Aun así se sabe que:

– Los bancos españoles han invertido 3.200 millones de euros en el negocio armamentístico, el cual produce las armas que alimentan decenas de conflictos armados en todo el mundo.

– Los bancos invierten directamente en grandes proyectos e infraestructuras que desplazan comunidades y contaminan territorios o participan económicamente en transnacionales que deterioran el medio ambiente.

– La banca tradicional está involucrada en violaciones masivas de derechos humanos (por inversión directa o financiando las transnacionales responsables).

– El fraude fiscal, o evasión de impuestos, en el estado español se estima en unos 60.000 millones de euros según la Agencia Tributaria. Según esta agencia, el 74% del fraude fiscal se centra en los sectores: grandes familias, grandes empresas y gran banca (quién, además, canaliza este fraude a paraísos fiscales).

– Muchos bancos tradicionales se están enriqueciendo “moviendo” nuestro dinero ganando, simplemente, en la fluctuación de precios y no para consolidar ninguna actividad productiva o adquirir o disfrutar del bien o servicio en el cual está invirtiendo. Estos especulan con divisas, inmuebles y alimentación, entre otros. Los juegos especulativos y las variaciones en el precio de cualquier de las materias primeras (alimentos, metales y energía) son una fuente constante de amenazas para la calidad de vida de millones de personas, por sus efectos en cadena.

¿QUÉ ES LA BANCA ÉTICA?

Partiendo de la premisa que el dinero tiene que estar al servicio de las personas nacen las finanzas éticas y, dentro de ellas, la banca ética.

Las finanzas éticas son las que hacen compatible la rentabilidad económica y financiera con la consecución de objetivos sociales y ambientales, incorporando la ética en el conjunto del proceso de la financiación.
La banca ética (incluyendo las cooperativas de crédito ético) parte del principio que sus usuarios (personas y entidades ahorradoras) tienen derecho a saber dónde y en qué se invierte su dinero, comprometiéndose como entidad a no financiar actividades que se consideran reprobables, y optando para destinar sus recursos solo a proyectos con contenido social, ambiental y a facilitar el acceso al crédito a personas y grupos que generalmente están excluidos.

No se trata, pues, exclusivamente de administrar el dinero de forma responsable desde un punto de vista financiero, sino también hacerlo social y medioambientalmente responsable.

Las entidades de banca ética se dedican a captar ahorros de personas u organizaciones, y con este dinero conceder préstamos a empresas o proyectos que necesitan financiación, cobrando un pequeño interés. Con esto cubren sus costes, pueden remunerar unos intereses a quienes les han depositado sus ahorros, e incluso tener beneficios económicos.

Hasta aquí es prácticamente la misma actividad que hacen los bancos o entidades financieras tradicionales. Pero la principal diferencia con ellos es que las entidades de finanzas éticas no conceden préstamos a cualquier tipo de empresa, sino que aplican unos estrictos criterios éticos y sociales de selección de proyectos a financiar, con lo que invertirán nuestro dinero únicamente en empresas con un impacto social y medioambiental positivo. Además, todo esto lo hacen con total transparencia, algo totalmente opuesto al “secreto bancario” y la opacidad que impera en la banca tradicional.

La banca ética está especializada en la financiación de los colectivos más desfavorecidos, las entidades de economía social, las ONG y las empresas más responsables con su entorno humano, social y ecológico. Por ejemplo, prioriza los proyectos de desarrollo en países del Sur, como el comercio justo, microcréditos, pequeños negocios gestionados por mujeres; así como proyectos que apuestan por un modelo energético renovable, bioconstrucción, biodiversidad, agricultura ecológica, comercio de proximidad, cooperativas y sectores que incluyan personas con discapacitados o riesgo de exclusión social, etc.

Cada una de las entidades de banca ética se diferencia de las otras por su ámbito de especialización. Así pues, en Cataluña, unos se inclinan por el fomento de la solidaridad hacia los países del Sur (cómo es el caso del Proyecto Fiare o Oikocrèdit), otros apuestan por el cooperativismo y el desarrollo comunitario (como COOP57); otros impulsan proyectos que respeten el medio ambiente (Triodos Bank), etc. Ahora bien, a pesar del buen estado de la banca ética, esta tiene que afrontar una serie de obstáculos que frenan su crecimiento:

– Insuficiente apoyo de las administraciones públicas.

– Poca notoriedad en los medios de comunicación.

– Desconfianza de la población en la gestión ética del dinero.

– Desconfianza en los resultados financieros.

DIFERENCIAS ENTRE EL SISTEMA FINANCIERO TRADICIONAL Y El ÉTICO

La principal diferencia recae en el hecho que el tradicional tiene como objetivo primordial obtener la máxima rentabilidad económica. Mientras que el ético persigue un doble objetivo: ser viable económicamente y financiar actividades económicas que tengan un impacto social positivo.

Así, las entidades financieras tradicionales acostumbran a realizar grandes inversiones, a menudo de carácter especulativo, en los mercados financieros sin tener en cuenta qué actividad productiva, financiera o especulativa se está financiando. De este modo, el dinero que depositamos en estas entidades pueden estar financiando empresas y actividades que no se ajustan a nuestro sistema de valores, sin tener conocimiento de ello. Actividades como la producción y venta de armamento, la explotación laboral e infantil, la destrucción del medio ambiente, el comercio de drogas y mafias, etc.

En cambio, las finanzas éticas buscan que el dinero que depositamos en ellas puedan ser una herramienta útil para el desarrollo de la sociedad gracias al favorecimiento de proyectos con un alto contenido social, medioambiental, cultural, educativo, democrático, etc.

En definitiva, actividades que pueden resultarnos más coherentes con nuestro sistema de valores. Además, esta gestión se realiza bajo criterios de transparencia y los clientes tienen derecho a saber cómo y dónde está invirtiendo la entidad financiera.

¡Hay que tenerlo en cuenta a la hora de invertido nuestro dinero!

PRINCIPIOS QUE RIGEN LAS FINANZAS ÉTICAS

En concreto, hay cinco principios éticos que caracterizan las finanzas éticas. Estos tienen que estar presentes en el conjunto del proceso de la financiación (actividades, actitudes, compromisos, etc.). Pues, una entidad financiera ética tiene que ser ética en todos niveles:

– Principio de Ética Aplicada: La ética, como un proceso de reflexión continua en la aplicación de los criterios de inversión y concesión de créditos.

– Principio de Implicación: La entidad tiene que definir en qué actividades y proyectos quiere invertir. Esta política de inversión tiene que seguir los principios y criterios éticos de los inversores.

– Principio de Coherencia: El dinero se invierte en proyectos coherentes con los valores de la entidad.

– Principio de Participación: La toma de decisiones se realiza de manera democrática, los socios votan y participan en la definición de las políticas básicas de la entidad.

– Principio de Transparencia: La entidad tiene que ofrecer a los clientes información regular y pública de todas las actividades que desarrolla y sus consecuencias.

DATOS DIVERSOS

Desarrollo en el Sur.

Casi el 20% del dinero que depositamos en la banca ética se destinan a proyectos de cooperación al desarrollo, en cooperativas de familias productoras que nos hacen llegar productos de comercio justo y en micronegocios gestionados por mujeres.

Invertir en comercio justo es ofrecer financiación a familias que se organizan en cooperativas participativas, y apostar por un modelo que garantiza recibir un precio justo por el trabajo realizado y beneficios para la comunidad. También reciben crédito tiendas de comercio justo que permiten a la ciudadanía norteña ejercer un consumo crítico y solidario.

La Banca Ética ofrece microfinanciamiento a personas que la banca convencional excluye. Más del 75% de los receptores de estos préstamos son mujeres, que pueden iniciar pequeños negocios que permiten mantener la familia y sostener su comunidad.

Medio ambiente.

Más del 40% del dinero que depositamos en la banca ética se destina a proyectos de agricultura ecológica, energías renovables y preservación del medio.

La lucha contra el cambio climático y la generación de alternativas ecológicas requiere financiación. La Banca Ética invierte para potenciar modelos energéticos sostenibles, financiando proyectos que desarrollan las energías renovables y potenciando la bioconstrucción.

Apuesta por la agricultura ecológica, ofreciendo crédito a iniciativas de producción y comercialización de proximidad. Así como reduce las externalidades negativas del modelo económico actual reforestando bosques o apoyando a ONGs de defensa ambiental.