DESERTAR, UNA ACCIÓN PACIFISTA

Xavier Garí de Barbarà – Revista Valors (valors.org)

En los conflictos bélicos de todas partes –históricos y recientes–, hay una historia silenciada que se tiene que recuperar: es la historia de todos aquellos que combatieron contra la guerra desde la guerra. Son pacifistas en general, pero también denominados, de forma desprestigiada, desertores. Solo en la Segunda Guerra Mundial, 150.000 hombres huyeron del frente y de las tropas. La mayoría eran soldados rasos, jóvenes golpeados y traumatizados por las batallas, los heridos y los muertos que presenciaron, a un bando y a otro. Las condenas en caso de captura eran el fusilamiento, no solo porque aquel soldado ya no servía para el ejército, sino también por la necesidad de hacer escarmiento y evitar más casos.

Me viene a la memoria el testigo de un abuelo mío, que huyó del frente en plena Guerra Civil, atravesó un río (para hacer creer que se había ahogado) y volvió a casa donde vivió tres años en la buhardilla de sus padres, sin salir nunca. Los bisabuelos se ponían en el portal de casa a llorar la pérdida, haciendo ver que el hijo había muerto.

Las guerras son la contradicción más grande de la humanidad; la prueba de que la autodestrucción humana es posible, y que solo los humanos somos capaces de matar sin necesidad. Y, en esta incongruencia que son los conflictos bélicos, hay que destacar que las guerras las deciden unos dirigentes políticos y militares determinados, influidos por intereses claros y concretos, pero van al frente de batalla los hijos de otros.

La definición técnica de guerra es la fórmula de gestión de los conflictos por la fuerza de la destrucción, desde un contexto político y militar que acepta y fomenta el nivel más alto de violencia. Y este contexto no solo permite la violencia sin límites sino que también lo legitima, y legaliza la matanza y la destrucción del otro, al cual se le ha otorgado el nombre de enemigo hasta ganarlo.

La victoria no es tener la razón. La batalla no la gana el justo, porque quien ha hecho uso de la violencia, no puede ser nunca una persona justa. Por lo tanto, la lucha del pacifismo, que es el ideal que trabaja para la desaparición de las guerras, busca eliminar la gran tragedia de la violencia consagrada, que es la guerra también desde dentro del campo de batalla: es la historia silenciada de los desertores, personas que hicieron menos trágica la conflagración.