CARTA DE TIERRA SANTA

Queridas amigas de Manos Unidas:

…Acabo de volver de una semana de retiro a Galilea, y me he encontrado con esta situación tremenda que arrasa toda la Tierra Santa. Son días cargados de tristeza y preocupación, en los cuales nos toca ser testigos de una nueva vuelta de rosca en este círculo vicioso de odio y violencia entre los pueblos que amamos.

Nos sentimos impotentes frente a esta espiral de venganza que está causando pánico a ambos lados del Muro y una marea de muerte y desolación en la Franja de Gaza. No vemos atisbos de esperanza o de diálogo, más allá de los gestos valientes y audaces de activistas y personas de buena voluntad que no dudan en exponerse para denunciar tanto sufrimiento innecesario y sin sentido: un arsenal infernal al servicio de la destrucción y la muerte, capaz de amortiguar las voces que claman por una salida no violenta y racional al conflicto…

Seguid rezando por y con nosotros, por estos pueblos de Tierra Santa, paralizados por el miedo recíproco y ebrios de odio y venganza.

Y a pesar de todo, es sorprendente la capacidad de resistencia de estas personas: la firme determinación de llevar adelante la vida diaria con dignidad.

Las demoliciones en los campamentos beduinos se han multiplicado en los últimos meses, a medida que crecía la tensión alrededor de nosotros. De momento no existen actividades de verano en las escuelas, por la celebración del mes del Ramadán. Los voluntarios con los cuales contábamos para realizarlas han cancelado el viaje por la situación política y no sabemos bien qué podremos organizar cuando llegue el momento.

Bajo una apariencia de normalidad se esconden temor e incertidumbre, incluso en los gestos más cotidianos. No se sabe dónde o cuando aterrizará el próximo misil, quién y dónde lanzará la próxima piedra ni por dónde responderán los gases lacrimógenos, dónde/cuando se producirá la siguiente escaramuza entre chavales: chavales los rebeldes palestinos, vecinos de nuestro barrio y de otros muchos, que esconden la cara bajo los Kifeya; chavales también los otros, los que responden a las pedradas con artillería y gestos desproporcionados, acorazados bajo una armadura de plomo y pánico heredado…

Y en medio de todo esto, casi da vergüenza volver a insistir diciendo que estoy bien, igual que todas las hermanas. Que la guerra “va por otros”, y nosotros solo compartimos el peso de la gente, cireneos improvisados e impotentes frente a los mil muros que se levantan arrogantes ante nuestros ojos. Tenemos amigos y colaboradores a los dos lados, convivimos con la impotencia de los que tienen parientes y amigos en Gaza; conocemos el miedo y la angustia de quien tiene los hijos en el frente, o espera ansiosamente que no los llamen, no a ellos, no esta vez…

Personalmente, no consigo sacarme de los ojos los paisajes devastados, las familias, los heridos, las imágenes dantescas que se impregnaron en mi retina en Gaza hace cinco años. Es perfectamente lo que está sucediendo, y recorro mentalmente los lugares que citan fríamente los telediarios (cúpula de hierro) que interceptan los misiles antes de que se acerquen a nuestras ciudades.

La vida continúa, a trompicones, trabajosamente… pero la esperanza es obstinada y creativa. Gracias por esperar con nosotros. ¡Vuestro apoyo es un tesoro inestimable! ¡Gracias por vuestro recuerdo y proximidad!!! Un fuerte abrazo, con el afecto de siempre.

Hna. Alicia de Vacas, Misionera Comboniana. 3-11-2014