JOSEP RAURICH COTS

Josep Raurich Cots nació en Bellpuig el 24 de marzo de 1966, donde estudió EGB, excepto cuando tenía 9 y 10 años que estudió en la Escuela del Tibidabo de Barcelona.

Con 16 años, gracias al primer dinero que había ganado trabajando, se compró un ciclomotor Mobylette de 49 cc. Desde entonces y durante muchos años, su obsesión fueron las motos y los coches.

Tan pronto como cumplió los 18 años, se sacó el carné de coche y de moto, comprándose un Simca 1200 un año después. Los coches le duraban muy poco tiempo, teniendo que cambiarlos muy a menudo. Incluso se le quemó una “cabra” (Citröen 2 cv) por culpa de un accidente que tuvo, sin que sufriera daño alguno.

Cuando tenía 21 años empezó a salir con la Pepita, su esposa.

Al cumplir 26 años se compró una moto Honda 600 CBR, con la que hizo muchos y largos desplazamientos, así como alguna que otra “carrera” por carreteras más bien peligrosas.
El 24 de abril de 1994, recién cumplidos los 28 años, en la carretera de Vallbona de les Monges, perdió el control de la moto en una doble curva y salió violentamente impulsado contra la barandilla de seguridad, amputándosele la pierna izquierda. Paró un coche que casualmente conducía un médico, el cual llamó a la ambulancia de Bellpuig.

“Recuerdo que perdía y recuperaba la conciencia intermitentemente y que tenía mucha sed. También recuerdo que no tenía ninguna movilidad de cintura para abajo. De camino al hospital Arnau de Vilanova, de Lleida, los efectivos de la Guardia Civil demostraron una coordinación absoluta situándose en cada semáforo para cortar el tránsito, ganando un tiempo muy valioso para mí”, explica Josep.

Pasaron muchos meses, con muchas operaciones y mucho sufrimiento, y un diagnóstico definitivo: amputación de la pierna izquierda y lesión irreparable de la pierna derecha, la cual le permite mantenerse derecho con la ayuda de muletas durante un rato, para realizar determinadas tareas. Excepto esto, es totalmente autosuficiente.

Todavía no habían pasado dos años, pero, ya volvía a examinarse para poder conducir coches adaptados para discapacitados, comprándose un Hyundai totalmente personalizado.

Con la Pepita, se construyeron una casa adaptada en Bellpuig y fueron a vivir juntos, casándose posteriormente y teniendo a su hija Montserrat. El viaje de novios lo hicieron en Nueva York, una de las ciudades más adaptadas del mundo, según Josep.

También empezó a jugar a baloncesto y a tenis (con silla de ruedas) en el complejo deportivo La Caparrella de Lleida, participando en numerosos torneos de tenis. Actualmente sigue jugando pero ya no participa en las competiciones.
Josep forma parte de la Asociación de Parapléjicos y Discapacitados Físicos de Lleida, ASPID, siendo durando unos cuántos años presidente del club deportivo.

Durante los cuatro años de la anterior legislatura municipal de Bellpuig, fue colaborador del Ayuntamiento, y en ésta es regidor de Obras y Servicios.

Entrevista que le hice a Josep, el 8 de febrero de 2016:

¿Qué pensaste cuando te diste cuenta de la gravedad de tu lesión?

La primera semana la pasé en el hospital Arnau de Lleida, esperando si me moría o no, sin que me diera cuenta de gran cosa. Después me trasladaron a Barcelona, puesto que se dieron cuenta de que me podía recuperar.

Cuando me dijeron que me faltaba una pierna, estaba muy sedado y no era yo al 100%. Es poco a poco que te vas dando cuenta de lo que hay. Cuando realmente pensé “¿qué haré?”, “¿como me irá?” y todo esto, fue después de mucho tiempo, puesto que todo era un poco incierto y no sabía como quedaría.

Hasta que no fui un poco independiente pasó mucho tiempo. Estuve un año o más tendido en una cama ¡y me lo tenían que hacer todo! Hasta que no pude empezar a andar con muletas, pasaron unos tres años, haciendo recuperación cada día.

¿Cuando empezaste a asumir tu nueva situación y hasta qué punto la has superado?

Para asumirlo del todo pasaron unos dos años. Cualquier que quede en silla de ruedas, hasta después de uno o dos años no sabe realmente en qué situación quedará.

Y en cuanto a superarlo, al 100% yo siempre digo que nunca, pero sí que lo he superado mucho. Llegas a un punto en que ya te has adaptado y la vida normal es tal como estoy ahora, pero siempre hay algo que te amarga y añoras como estabas antes. Pero lo acabas aceptando. Solo hay dos posibilidades: o te quedas estancado en casa, como un vegetal, o sales adelante y de lo que te ha quedado sacas el máximo provecho, que es lo que yo hago.
Hay gente pesimista y gente optimista. Hay gente con ganas de salir adelante y gente que de nada hacen una depresión. En mi caso ni siquiera me hizo falta atención psicológica, solo dos veces me pasó a ver una psicóloga en el hospital, la cual me dijo a la segunda visita que no vendría más porque yo no la necesitaba, puesto que tenía las cosas muy claras. La mejor terapia es la relación continuada con compañeros que se hayan encontrado en la misma situación.

¿En algún momento te sentiste “culpable” de lo que te había pasado?

Esto lo tengo muy claro: el único culpable soy yo. Ahora bien, lo que me molestó más de este accidente es que yo, de joven, había sido muy inconsciente, habiendo tenido hasta seis o siete accidentes de coche, alguno dejándolo muy destrozado, ¡y no me había pasado nada! Y ahora, que ya empezaba a poner conocimiento, que había montado una empresa, que con la Pepita ya hablábamos de hacernos una casa, y corría menos que antes… ostras, ¡ahora me pasa esto! Es lo que he encontrado más injusto de mi vida.

El culpable soy yo, pero esto me molestó; si me hubiera pasado con 18 ó 24 años lo hubiera entendido, pero en aquel momento no. Sí que es cierto que corría bastante con la moto, puesto que era una moto precisamente para correr, pero tenía mucho más cuidado que antes.

¿Por qué crees que pasan estas cosas?

Durante los dos primeros años, las preguntas que más me hacía eran: “¿qué pasó?”, “¿como pasó?” y, sobre todo, “¿por qué yo?”, “¿qué hubiera podido hacer para que no hubiera pasado?”, sin encontrar respuesta.

Después, por suerte, dejas de pensar. Hay muchas cosas que no tienen explicación y ésta es una de ellas. ¿Por qué pasan? No sé si es que todo está predestinado o no, no lo creo ni lo dejo de creer. Simplemente no lo sé. Pasa y punto.

Aun así, has reconocido que con la moto te exponías mucho, ¿puede ser ésta una razón suficiente para que esto pasara?

Sí, ¡tienes razón! Pero, en la vida, quizás te tienes que exponer un poco para sacar más satisfacción y sentirte más realizado.

¿Te sentiste siempre “muy acompañado” durante tu convalecencia? ¿Y después?

Tanto por parte de la familia, como de los amigos, como de la Pepita (sobre todo por ella) me sentí muy acompañado siempre, ¡mucho! Tener cada fin de semana, en Barcelona, 8, 10 ó 15 personas en la habitación, ¡no tiene precio! Y esto duró hasta que ya hacía tiempo que estaba en Bellpuig y empezaba a salir a la calle. Estoy muy convencido que en este aspecto soy uno de los accidentados más afortunados.

¿Qué piensas del comportamiento de los otros hacia las personas con discapacidades?

Hay de todos los colores. Hay personas a las cuales no les notas nada cuando te tratan, pero hay otras que me molesta cómo lo hacen: como si fueras un inútil total, como si no sirvieras para nada. A mí no me molesta, por ejemplo, que me abran una puerta cuando quiero entrar, o que me ayuden en cualquier otra situación; lo que sí me molesta es cuando me tratan con compasión y “se pasan”.

Esto me pasaba sobre todo en los primeros años en que algunas personas mayores del pueblo siempre me decían “ay, pobrecito…” posiblemente por desconocer que teniéndome lástima me hacían más mal que bien.

Hay personas que se muestran demasiado compasivas, poco naturales, y esto es el que menos nos gusta a las personas que pasamos a una situación como la mía. Tengo un amigo que se lo pasó muy mal y durante muchos años por culpa del comportamiento exagerado de algunas personas. Por suerte, a mí no me afectó mucho, a pesar de que me molestaba un poco, eso sí.

Este detalle lo tendría que tener en cuenta todo el mundo, incluso cuando hablan con una persona con una enfermedad grave como por ejemplo el cáncer: si la tratan con demasiada compasión puede ser que lo acaben de hundir.

¿Has notado solidaridad o apoyo en la gente?

He notado de todo. Ha habido amigos muy cercanos que me han dado un apoyo normal, y ha habido gente muy lejana que lo ha hecho más que algunos amigos íntimos. Aun así, nunca he reprochado a nadie si me ha dado más o menos apoyo, puesto que cada cual tiene que hacer lo que le parezca mejor, sin sentirse obligado a hacer más. Lo que se haga que sea de todo corazón, no forzado.

¿Cuáles son las principales dificultades que te encuentras en la vida diaria, y cómo se podrían solucionar? (por ejemplo, la cuestión de las barreras arquitectónicas)

En la cuestión de las barreras arquitectónicas sobre todo pido una cosa: que todo lo que se haga de nuevo cumpla las normas vigentes, esto ya sería un gran paso. Después, ir mejorando las cosas anteriores mal hechas.
Hacer las cosas bien en obras nuevas no cuesta más que hacerlas mal, pero si se tienen que rehacer después, entonces sí que cuestan mucho. Aquí, en Bellpuig mismo, se han hecho muchos edificios últimamente que no cumplen las normas vigentes, y se han abierto nuevos comercios sin tener en cuenta la altura de los peldaños de la entrada. También hay cosas muy bien hechas, como por ejemplo en el Teatro Armengol.

A mí no es que me afecte mucho porque realmente con la silla de ruedas me defiendo mucho, podríamos decir que “soy un todoterreno”. Viajo mucho y visito cosas que puede parecer imposible. Pero no todo el mundo lo puede hacer y hay que tenerlo mucho en cuenta.

¿Qué les dirías a los jóvenes que van en moto?

Les diría lo mismo que se les deben decir sus padres: ¡Ten cuidado! ¡Se prudente! ¡Ten cuidado y controla!
Una moto, cuanto mayor es, más corre y, por lo tanto, más se tiene que vigilar. Además, la carrocería de las motos son los propios conductores.

Y vuelvo a decir lo que decía antes, las nuevas barandillas de las carreteras se tendrían que hacer protegidas contra los impactos de los motoristas, y no todas se hacen así. En muchos accidentes esto representa la vida o la muerte del motorista (en mi caso no habría perdido la pierna).

¿Quieres decir algo más?

Mi vida me ha cambiado mucho, es verdad, pero durante estos 22 años he tenido la suerte de que mi mujer ha estado siempre a mi lado y me ha ayudado mucho; también he disfrutado de la alegría que trae haber tenido una hija, por lo tanto, soy feliz.

¿Que me hubiera gustado no tener el accidente?, no hace falta ni decirlo, ¡claro que sí! Pero considero que he superado muy bien tanto las barreras arquitectónicas como llevar la vida que llevo, pese al accidente que he tenido. Sí que debe de haber diferencia entre la vida que llevo y la que habría podido llevar sin el accidente, pero intento no notarla esta diferencia. Hago un par de viajes cada año, juego a tenis muy a menudo, etc., lo que pasa es que todo esto yo lo hago en silla de ruedas y los otros no… ¡y ya está! Además, por suerte, hoy en día hay muchas más cosas y trabajos que se pueden hacer sentado que no unos años atrás, como por ejemplo utilizando un ordenador, etc.

Solo hay una cosa que me cuesta de aguantar, y es el dolor que me ha quedado (lo llaman “dolor fantasma”).

Yo, cada dos por tres me tengo que tomar calmantes. Puedo pasarme un par de semanas sin notar nada y, de repente, tener mucho dolor durante dos o tres días.

También quiero comentar que, dicen, el dinero no hacen la felicidad, pero ayuda; pues, ¡si vas en silla de ruedas todavía ayuda más! En estas situaciones se necesitan ayudas económicas que a la otra gente no les hacen falta, pero, desgraciadamente, estas ayudas han sido muy recortadas. Por ejemplo, hoy en día, quizás no me podría hacer una casa adaptada como me hice entonces y me costaría mucho comprarme un coche adaptado.

Para acabar, reconozco que soy un gran luchador y que, por lo tanto, he puesto mucho de mi parte para superarlo y seguir adelante, a pesar de haber tenido épocas con “bajones”.

Y… ¡nada más!

Muchas gracias por tus explicaciones tan sinceras.

 

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