ALIMENTOS, COMERCIO Y GLOBALIZACIÓN

Se denomina “desarrollo sostenible” aquel que es capaz de satisfacer las necesidades actuales sin comprometer los recursos y posibilidades de las futuras generaciones. Intuitivamente, una actividad sostenible es aquella que se puede mantener. Por ejemplo, cortar árboles de un bosque asegurando la repoblación es una actividad sostenible. Por el contrario, consumir petróleo no es sostenible, puesto que no se puede restituir a la naturaleza.
Hoy en día, una buena parte de las actividades humanas no son sostenibles a medio y largo plazo tal como están planteadas, lo que puede traer unas graves consecuencias para nuestro planeta y sus habitantes, razón por la cual ha adquirido tanta importancia el término “sostenibilidad”, muy ligado con “la solidaridad” hacia las generaciones futuras.

A continuación se habla de la sostenibilidad cotidiana, doméstica, familiar… utilizando los textos del libro “Tu en el món teu” de la Obra Social Caixa Terrassa.

LOS ALIMENTOS

¡Eres lo que comes! Esta expresión se suele utilizar para subrayar la estrechada relación entre alimentación y salud. Sabes, pero, que ¿lo que pones en la mesa también tiene repercusiones en la salud del planeta?
La humanidad dedica más del 25% de las tierras emergidas a la producción alimentaria, la mayor parte destinadas a satisfacer las dietas con alto contenido en carne que caracterizan hoy a los países ricos y que son las que más recursos planetarios acaparan.

La sobrealimentación del primer mundo contrasta con el hambre que todavía hoy sufren más de 800 millones de seres humanos. Además, el patrón alimentario actual nos hace dependientes de muchos productos químicos: antibióticos, plaguicidas, fertilizantes, conservantes de alimentos, etc. Para evitar las consecuencias negativas sobre la salud, hay que elegir productos libres de componentes residuales nocivos. También es aconsejable inclinarse por los productos frescos, base de la dieta mediterránea, así como por aquellos producidos localmente.

Escoger productos vegetales es ahorrar recursos naturales y energéticos, puesto que para obtenerlos se necesitan menos que para conseguir productos animales.

La carne es el segmento alimentario que gasta más recursos planetarios. Por ejemplo, un campo de 1.000 m2 puede producir para conseguir 4.500 Kg. de patatas, o bien 500 Kg. de harina, o bien 200 Kg. de carne de pollo, o bien 100 Kg. de carne de cerdo. De hecho, el 95% de la producción mundial de soja y el 44% de la de cereales se dedican a alimentar ganado. Las dietas del Primer Mundo, con alto contenido de carne, necesitan cada vez más y más territorio para producir los 85 Kg. que consumimos de media por persona cada año.

También se consume mucha más agua para producir 1 Kg. de carne que de harina o patatas. Por ejemplo, para obtener 1 Kg. de carne de ternera hacen falta más de 12.000 litros de agua, para 1 Kg. de carne de cerdo 4.800 litros, para 1 Kg. de carne de pollo 3.500 Kg., para 1 Kg. de harina 800 litros y para 1 Kg. de patatas 400 litros.
Si un día toda la población del mundo comiera tanta carne como nosotros, no habría suficientes tierras ni agua para conseguirlo. Es aconsejable, pues, moderar el consumo de carne.

EL COMERCIO

El comercio es, en esencia, comprar para volver a vender. Gracias a la cadena comercial, los productos llegan a todo el mundo y de todas partes.

Los nuevos hábitos de consumo, la aparición de nuevas fórmulas comerciales o el cambio de uso del tiempo dedicado a comprar han determinado que coexistan muchos tipos de comercios: de proximidad, especializados, supermercados, centros comerciales… Aun así, se puede apreciar fácilmente una tendencia: la sustitución progresiva del comercio tradicional por la compra semanal en grandes superficies.

Las ventajas de este tipo de establecimientos son varias, sobre todo más amplitud de horarios y más variedad de productos en un mismo espacio. Pero los costes también son importantes: por un lado, ambientales, porque este tipo de comercio exige desplazamientos, normalmente en coche, hacia las afueras de las ciudades donde se encuentran las grandes superficies y, por el otro, comunitarios, puesto que menguan la función social básica de la red económica local.

El mercado, la tienda, la panadería o el pequeño bar del barrio son a veces puntos neurálgicos de la vida social y cultural de las comunidades, que cohesionan la vida de los barrios y están íntimamente vinculados con el espacio local que vertebran.

Los alimentos más frescos suelen ser producidos cerca del consumidor y los alimentos elaborados normalmente vienen de más lejos. Pero no siempre es así, podemos encontrar en el supermercado unas manzanas que son de nuestra zona y otras que han venido desde Chile, habiendo recorrido más de 10.000 Km., con los correspondientes gastos energéticos para su traslado y conservación, y la afectación medioambiental que esto supone.

LA GLOBALIZACIÓN

¿Sabes qué distancia han recorrido las cosas que consumes? ¿Qué productos químicos se les han aplicado? ¿En qué condiciones trabajan quienes las han producido? Las tendencias actuales de comercio internacional y consumo, cada vez más globalizadas, hacen que la distancia entre quien cultiva o produce y quien consume sea enorme. Por lo tanto, a veces es difícil obtener toda la información sobre lo que consumimos.

Pero la dificultad, desgraciadamente, no nos exime de la responsabilidad, puesto que según los productos que adquirimos fomentamos unas formas de producción y comercialización u otras. Nuestras opciones como consumidores tienen consecuencias en el estado del medio ambiente, en las condiciones de vida de los productores, en el bienestar de los animales dedicados a la producción industrial de alimentos o en la perpetuación de determinadas disfunciones sociales causadas por un mal proceso de globalización.

El principal instrumento informativo de que disponemos para poder ejercer esta responsabilidad social son las etiquetas de los productos. La etiqueta nos explica las características del producto y su recorrido.

En el caso de los productos procedentes de los países menos desarrollados, una de las garantías más fiables es escoger, siempre que resulte posible, los que nos llegan mediante procesos del llamado “comercio justo”.

Gracias al comercio justo se evita la explotación de niños, se garantiza la equidad de género y se retribuye adecuadamente a los productores. Y también se asegura un buen mantenimiento ambiental.

La mal entendida globalización económica ha agravado la vulneración de los derechos humanos y laborales de miles de personas de todo el mundo. La competencia entre países para atraer inversores ha creado las maquilas, zonas francas donde las empresas se pueden instalar sin pagar prácticamente impuestos y donde se ofrece mano de obra muy barata. El resultado son miles de personas, sobre todo mujeres, que sufren unas condiciones sociolaborales que no respetan ni siquiera los derechos humanos básicos. Tenerlo en cuenta.

Alguien paga por el bajo precio de la ropa barata. En la economía globalizada actual, el sector del textil vive una carrera frenética para reducir costes. Esto suele comportar un empeoramiento de las condiciones laborales de los trabajadores de los países en vías de desarrollo, donde se ha trasladado la mayor parte de la producción de las grandes multinacionales de la moda.

Los niños, en muchos lugares del mundo, son mano de obra barata. En todo el mundo, millones de niños son forzados a trabajar, poniendo en peligro su salud física y mental y su desarrollo. De los más de 240 millones de niños explotados, tres cuartas partes trabajan en entornos de riesgo, como la minería o la manipulación de sustancias peligrosas.

(Textos del libro “Tu en el món teu” de la Obra Social Caixa Terrassa).

 

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