ALGUNOS EJEMPLOS DE INSOLIDARIDAD

Breves textos, (publicados en Google por autores actualmente desconocidos), que relatan hechos acaecidos en la realidad, aunque narrados a modo de parábolas o historietas para evitar, a veces, dar nombres propios.

Todos y cada uno de los ejemplos de insolidaridad aquí presentados son sucesos vividos por sus autores. Ejemplos que denotan la falta de solidaridad imperante en los ambientes en que nos desenvolvemos a diario sin darnos cuenta.

Se pretende con este escrito hacer notar que todos somos insolidarios por defecto, y si queremos practicar la solidaridad tendremos que cambiar patrones de vida que están metidos en nuestra propia personalidad hasta los huesos.

Los ejemplos aquí publicados reflejan el egoísmo que vive en lo profundo de nuestro ser sin siquiera ser conscientes, a veces, de su existencia.

Te animamos a leerlos y a reflexionar sobre ellos para que en tu interior medites si, efectivamente, te has encontrado con casos similares, iguales o, lo que es peor, te identificas con alguno de ellos.

Sin acritud… todos hemos caído alguna vez en círculos de egoísmo similares y todos hemos sucumbido a Narciso. Lo importante es que, algún día, nos demos cuenta de que hay que cambiar el chip.

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Un señor va caminando por una céntrica calle. Acaba de trabajar y se dirige a un restaurante para comer. En un momento dado, ve a lo lejos un pobre indigente pidiendo limosna y, como hay gente en la calle, para aparentar ser solidario, saca su cartera de la que extrae cinco céntimos que echa en la taza del mendigo. Se siente bien consigo mismo al haber sido visto echando limosna. Lo que nadie ha visto es la cantidad donada. Se dirige al restaurante con la cabeza alta, no por haber ayudado al pobre, sino por haber sido visto su acto de caridad.

Una vez en el restaurante, sentado ya a la mesa, el camarero le informa del menú del día. Cuesta 8,50 euros. El señor termina su comida de primer y segundo plato con postre y café. Después de reposar un ratito la comida, pide la cuenta. El camarero le trae la nota, se la deja encima de la mesa y se retira. El señor abre su billetera y saca un billete de 10 euros, lo pone sobre la nota de la mesa, se levanta y se va. Ha dejado una generosa propina de 1,50 euros al camarero. Sin embargo, nadie le ha visto.

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En una céntrica calle cualquiera, se han instalado unos jóvenes para realizar un evento solidario. El objetivo que tienen es recaudar fondos para un centro de ayuda a la lucha contra la drogadicción. Para ello han montado un pequeño mercadillo con objetos de segunda mano y artículos artesanales, los cuales venden a 1, 2 y 3 euros. Los objetos vendidos son donados por personas anónimas que quieren colaborar en el evento.

Un hombre que pasea cerca, al pasar por el mercadillo, es animado a colaborar por una chica de entre las voluntarias, a lo que el señor responde irónicamente: “Estoy yo para que me ayuden a mí…”.

Unos metros más adelante, el “necesitado” señor se topa con un amigo al que hace un año que no ve. Se saludan, se dan un abrazo y se van los dos a tomar unas cervezas. Después de las cervezas deciden comer juntos para compartir sus vivencias, ya que hace mucho que no saben el uno del otro.

Terminada la comida, el camarero pone sobre la mesa la cuenta. Son 30 euros. Entonces, los dos amigos echan mano de sus carteras, y discuten entre ellos quién paga… Al final, el “necesitado” (que no podía comprar un pequeño objeto para colaborar en una causa benéfica) se ha impuesto a su amigo y le ha convencido para pagar él. Saca de la cartera un billete de 50 euros y paga la cuenta, dejando una propina al camarero de 3 euros.
Al salir se despiden y el señor vuelve a casa, para lo que tiene que volver a pasar por el mercadillo solidario. Una chica distinta le anima a cooperar con la causa, a lo que el señor responde de nuevo: “Estoy yo para que me ayuden a mí…”.

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El otro día vi algo que me dejó a la vez indignado y triste: En la ciudad donde vivo, mientras iba andando por la calle, oí la sirena de una ambulancia. Miré hacia el lugar de donde procedía el sonido, y vi que estaba a unos 100 m de mí, parada en una calle de sentido único y con un solo carril, y que por delante de ella había 3 coches que parecían estar esperando un semáforo. Pensé que el primero estaba despistado o no se enteraba. Luego vi que los demás coches le pitaban, que el semáforo estaba en verde, y que seguía parado como si no fuera con él la cosa. Estuvo así casi 5 minutos, hasta que salió un coche que estaba aparcado, hizo la maniobra y ocupó él la plaza.

Me quedé esperando a ver la jeta del conductor: Salió un tío de unos 40 años con pinta normal. Pensé en ir a decirle algo, pero al final no lo hice. Ahora me arrepiento. ¡Qué pena que no hubiese algún poli cerca! ¿Cómo puede alguien poner en riesgo la vida de una persona por una plaza de aparcamiento?

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Os cuento la anécdota de ayer por la tarde, que no tiene desperdicio.

19.00h. Se presenta en casa el vecino del 3º B, ex presidente de la Comunidad (ahora nos ha tocado a nosotros), para comentarnos que desde por la mañana tiene una gotera en su cocina.

20.30h. Aparece en casa el vecino del 2º B, desesperado porque en su cocina cae el agua a chorros, acercándose peligrosamente a los puntos de luz y cayendo en cascada encima de la vitrocerámica. Mi marido baja corriendo para cortar el paso del agua de la Comunidad y llamar al del seguro para que venga de urgencia.

20.45h. El del seguro dice que la avería es de las gordas y que siendo ya las horas que son no lo puede arreglar hasta la mañana siguiente. Por tanto, el agua queda cortada definitivamente.

21.00h. Se lía parda. ¿Motivo? Los vecinos del 3º C bajan indignados al portal a pedir explicaciones de por qué se ha cortado el agua sin su consentimiento. Que ellos son cinco en casa y no pueden estar sin agua porque tienen que ducharse. Al del 2º B, que tiene cataratas en su casa, que le jodan.

Frases estelares:

“Yo creo que no es legal cortar el agua… que es un bien común de todos los vecinos”.

“Ahora abrimos el agua y vamos a casa del chico, si no le cae a chorros, se deja abierto y que se apañe”.

“¡Ay que joderse con el técnico que llega y corta el agua sin avisar ni nada!”.

“Entonces,  ¿no vamos a poder poner la calefacción tampoco?”.

“Nosotros somos cinco y no podemos estar toda la noche sin agua”.

Tres horas más tarde, después de que todas las fuerzas vivas se reunieran en el portal y en la casa del chico, para dictaminar entre todos, si se cortaba o no el agua, cada mochuelo volvió a su olivo. Menos mal que delante del pobre del 2º no tuvieron narices de decirle que saliera a comprarse una canoa porque no estaban dispuestos a cortar el agua.

Conclusiones:

1. Bochornoso espectáculo de insolidaridad. Absolutamente lamentable.

2. Los del 3º B dándole a sus hijos una estupenda lección: a los demás, que les den.

3. Mucha gente con vidas vacías. ¿Cómo es posible que medio bloque se reuniera abajo sin que nadie les hubiera llamado?.

4. Los sabios del lugar son gente imprescindible en una Comunidad que se precie. Lo mismo saben de fontanería que de electricidad, de albañilería…y siempre están dispuestos a compartir sus conocimientos.

 

VER TAMBIÉN LAS IMÁGENES DEL TEMA 18.07. “IMÁGENES DE INCIVISMO” Y 05.13. “IMÁGENES DE MALTRATO DE ANIMALES”