SOSTENIBILIDAD COTIDIANA: RESIDUOS Y CONTAMINACIÓN

RESIDUOS DOMÉSTICOS

En la naturaleza todo se transforma, se asimila y se reaprovecha continuamente. Durante siglos, los residuos generados por los humanos, como los que produce cualquier otra forma de vida animal o vegetal, se han reincorporado fácilmente a este ciclo natural. Pero el modelo actual de vida en los países desarrollados ha cambiado esta situación.

Muchos productos están tan transformados que ya no se incorporan espontáneamente a la rueda natural. Es el caso del plástico, por ejemplo. Además, los hábitos de consumo ligados a la cultura desechable (usar y tirar) están muy relacionados con estas sustancias sintéticas, que producimos al por mayor, usamos durando sólo un rato y tiramos cuando todavía tienen años de vida por delante. Se puede decir que fabricamos residuos. Y los hacemos de tanta calidad que duran indefinidamente.

Una gran parte de lo que hay en un cubo de basura europeo son productos a medio utilizar. Unos se habrían podido reutilizar, como las botellas de vidrio. Otros se pueden reciclar, es decir, convertir en materia primera para hacer nuevos productos, como el papel o el plástico. Pero todos rotos y mezclados hacen muy difícil su selección, razón por la cual durante mucho tiempo los hemos tirado en vertederos o los hemos incinerado.
Separar la basura en casa es una forma de facilitar la recogida selectiva y de posibilitar la reutilización o el reciclaje de los residuos domésticos. Sería mejor no producir tantos. Pero si los generamos, al menos vale la pena tratar de reaprovecharlos.

En Catalunya se generan 1,6 Kg. de residuos domésticos por habitante y día (en los años 70 sólo se generaban 0,6 Kg.). De esta cantidad se recoge selectivamente menos del 30%, quedando muchos más por reciclar.
Reutilizar es sólo sentido común. Del mismo modo que no tiramos los platos una vez hemos acabado de comer, podríamos no deshacernos de aquellos productos que podemos reaprovechar. Ahorraríamos recursos propios y planetarios. El reciclaje es positivo, pero todavía lo es más la reutilización, tal como hemos hecho toda la vida.

Reducir, reutilizar, reciclar: las tres “r” para que no nos ahoguen los residuos.

La basura no desaparece por el hecho de tirarla. Si almacenarla ordenadamente y gestionarla en casa ya nos resulta costoso, cuando llega al contenedor empieza todo otro complejo proceso. La mayor parte, un 60%, irá a parar a los vertederos, un 20% será destinada al reciclaje y el resto se incinerará. Podríamos ahorrar muchos recursos y energía en casa y fuera minimizando los residuos. Sólo evitando los productos desechables, nos sacaríamos de encima el 50%.

TOXICIDAD

¿Qué contamina el agua de nuestros ríos, lagos y embalses? Casi todos responderíamos que los residuos industriales, los purines o los fertilizantes agrícolas. Pero, ¿y los residuos que generamos en casa?
Uno de cada cuatro europeos reconoce que tira medicamentos al inodoro. De hecho, en 2005, un estudio detectó en las aguas del río Ebro una veintena de productos farmacéuticos diferentes: analgésicos, antiinflamatorios, antibióticos, antidepresivos, estrógenos… Estos elementos interactúan entre ellos, causan enfermedades en la fauna de los ríos, resistencias nuevas en los microorganismos e, incluso, cambios en el sexo de los peces.

Y no sólo esto. A menudo también van a parar al fregadero restos de detergentes, aceites de freír, pinturas… El resultado de todo ello es un cóctel de sustancias que hace muy difícil el trabajo de las plantas depuradoras, de manera que suelen acabar en los ríos. Los organismos acuáticos, e indirectamente también la salud humana, resultan afectados.

En el ámbito doméstico podemos escoger si queremos utilizar productos que contienen tóxicos, que pueden contaminar el medio y ser venenosos para los seres vivos, o bien optar por productos inocuos o ecológicos.
El aceite dificulta la depuración del agua. Además, si llega a los ríos, crea una película superficial que dificulta la oxigenación y perjudica seriamente la flora y la fauna. Si este aceite usado, en cambio, llegara a la planta de recuperación, se podría transformar en un litro de biodiesel. Un litro de aceite tirado por el fregadero puede contaminar hasta 100.000 litros de agua.

CONTAMINACIÓN ATMOSFÉRICA

Respirar es un acto mecánico e inconsciente. Un acto que, ininterrumpidamente, realizamos a lo largo de toda la vida. Aun así, ¿qué respiramos exactamente?

Pocas veces podemos respirar aire puro, libre de contaminantes. En algunos casos la contaminación del aire se debe a emisiones de origen natural, como los volcanes o los incendios forestales. A menudo, pero, la contaminación del aire es causada por actividades industriales, como por ejemplo centrales térmicas, plantas de productos químicos, incineración de basuras, refinerías de petróleo, etc., o bien por aplicaciones fitosanitarias, el humo del tabaco… Y, cada vez más, por los motores de los vehículos. Sólo a la contaminación generada por el tránsito se atribuyen enfermedades que acaban provocando unas 80.000 defunciones anuales en las ciudades europeas.

Uno de cada tres españoles respira aire más o menos contaminado. La Barcelona metropolitana es una de las zonas con aire menos puro. Recuperar la pureza del aire que respiramos es una exigencia sanitaria (por los pulmones de una persona pasan cada día unos 10 m3 de aire) y medioambiental.

Los venenos se han de utilizar con conocimiento y prudencia. Los plaguicidas son productos químicos para combatir las plagas. Pero, justamente, porque sirven para eliminar organismos vivos también pueden ser peligrosos para las personas. Tanto los utilizados en la agricultura, como en la desinfección de locales, industrias u hogares pueden perjudicar nuestra salud si hacemos un mal uso.

En el siglo XIX, una chimenea humeante era símbolo de progreso. Hoy sabemos que las emisiones contaminantes de las industrias afectan el entorno y la calidad de vida. A escala global intervienen en el proceso de calentamiento del planeta, mientras que a escala local emiten partículas que, según la composición y la medida, nos pueden causar enfermedades del aparato respiratorio o afecciones coronarias.

EFECTO INVERNADERO

La atmósfera envuelve la vida. Es más que una capa de aire. Es un manto protector de los rayos cósmicos y tempera el planeta. Sin atmósfera los días serían tórridos y las noches glaciales, la vida resultaría prácticamente imposible.

La atmósfera es como un invernadero: deja pasar la radiación solar que llega y retiene parte de la radiación reflejada que devuelve al espacio. Por eso la superficie terrestre se mantiene dentro de unos márgenes térmicos razonables. Pero desde hace unas cuantas décadas, la actividad humana ha empobrecido la capa de ozono estratosférico que para los rayos cósmicos y ha acentuado el efecto invernadero.

Determinados gases son los responsables de la destrucción del ozono estratosférico que ocasiona el llamado “agujero de ozono”. De lo contrario, al quemar grandes cantidades de petróleo, de gas natural y de carbón, hemos enviado a la atmósfera millones y millones de toneladas de dióxido de carbono, un gas que no es tóxico pero que hace opaca la atmósfera y acentúa el efecto invernadero.

Esta alteración del efecto invernadero está provocando un cambio en el clima. El mundo se calienta, y lo hace rápidamente. La temperatura media mundial ha subido medio grado centígrado en el último siglo y podría subir hasta seis grados antes de 2100. Este calentamiento global modifica la circulación atmosférica y el régimen de lluvias. También provoca la fusión del hielo, resultando una subida del nivel del mar y la aridización de muchas zonas del planeta, entre las cuales la nuestra.

¿Seremos capaces de disminuir el consumo de combustibles fósiles y devolver la normalidad a la atmósfera?
Al menos 164 países se comprometieron a luchar contra el cambio climático. La herramienta para hacerlo fue el Protocolo de Kyoto, un compromiso internacional que establecía objetivos estratégicos para reducir las emisiones de gases con efecto invernadero y evitar el cambio climático. Una de las limitaciones con que se encontraba es que los Estados Unidos de América, país que emite el 21% del total del CO2 que sale a la atmósfera, se negó a subscribirlo. Actualmente está en vías de renovación, aunque con muchas dificultades.

(Textos del libro “Tu en el món teu” de la Obra Social Caixa Terrassa).

 

Coal powerplant view - chimneys and fumes