MANOS UNIDAS

Manos Unidas se define como una ONG española de voluntarios, incluida en la estructura de la Iglesia Católica, que lucha contra el hambre, la malnutrición, la pobreza, la enfermedad, el subdesarrollo, la falta de instrucción, y contra sus causas, entre otras: la injusticia, la desigualdad en el reparto de bienes y oportunidades entre las personas y los pueblos, la ignorancia, los prejuicios, la insolidaridad, la indiferencia y la crisis de los valores humanos.

Esta lucha se canaliza a través de dos líneas de trabajo prioritarias: la financiación de proyectos de desarrollo en los países del Sur y la sensibilización de la población española.

Algunos datos de Manos Unidas del año 2015:

– Cuenta con 71 delegaciones y 5.052 voluntarios, así como con 78.665 socios y colaboradores.

– Apoyó a más de dos millones de personas mediante proyectos de desarrollo en 58 países.

– Aprobó 595 proyectos que sumados a los iniciados en años anteriores dan un total de 938 proyectos en África, Asia y América.

– Afianzó en 2015 su trabajo de sensibilización de la sociedad española por medio de iniciativas propias y campañas en alianza con otras organizaciones.

– Recaudó 45,3 millones de euros, procedentes en un 87,7% de fuentes privadas (39,7 M€).

Del total recaudado, dedicó un 85,6% (38,8 M€) a proyectos de desarrollo, un 5% (2,3 M€) a sensibilización y un 9,4% (4,2 M€) a necesidades propias de administración, estructura y promoción (uno de los porcentajes más bajos entre todas las ONGs nacionales).

Entre las iniciativas aprobadas en 2015, el sector más apoyado fue el educativo con 219 proyectos, seguido del de promoción social (104), salud (103), promoción de la mujer (85) y agrícola (84). Esto responde a un contexto en el que la educación sigue siendo un derecho fundamental que aún no está garantizado a nivel mundial, lo que repercute negativamente en el desarrollo de las comunidades. En el ámbito social, dibuja un panorama en el que el cambio climático afecta gravemente a las poblaciones más vulnerables, lo que hace necesario invertir en proyectos alimentarios, de agua potable, regadío, acceso a energías renovables y construcción de infraestructuras sostenibles. Y, en el campo de la salud, Manos Unidas trata de paliar las limitaciones de los estados con programas sanitarios y de saneamiento, creación y equipamiento de centros de salud y hospitales, promoción de la salud comunitaria y prevención de enfermedades como el VIH/SIDA y la malaria.

A estas líneas de actuación se añaden las 38 situaciones de emergencia en las que intervino la Organización, a las que se destinó un total de 1,9 millones de euros para atender a las necesidades más inmediatas de la población. También continuaron dando apoyo a refugiados que huyen de países en guerra, principalmente de Siria, Irak y Sudán del Sur, y que actualmente son acogidos en Jordania y Líbano.

Próximos proyectos:

En el año 2016, Manos Unidas inicia un Trienio de Lucha Contra el Hambre (2016-2018) cuyo objetivo principal es trabajar para disminuir el hambre en el mundo y reforzar el derecho a la alimentación de las personas más pobres y vulnerables del planeta.

En estos tres años centrarán sus esfuerzos en aquéllos que sufren inseguridad alimentaria y en las causas que la provocan, y trabajarán para:

– Que se reconozca y cumpla, local e internacionalmente, el derecho a la alimentación.

– Realizar proyectos cada vez más sostenibles que faciliten el acceso a los recursos, a los medios de producción y a los mercados.

– Denunciar las injusticias  en los foros internacionales y proponer políticas sociales y económicas basadas en el bien común.

– Mostrar a la sociedad española cómo nuestro modo de vivir y consumir está impidiendo el pleno desarrollo del derecho a la alimentación para todos.

Este trabajo contempla dos partes fundamentales:

1ª. Identificación de las causas y los problemas que provocan el hambre en el mundo. Una cuestión compleja que abordarán desde el análisis de tres ámbitos principales:

– El mal uso de los recursos alimentarios y energéticos.

– Un sistema económico internacional que prima el beneficio y excluye a los débiles.

– Unos estilos de vida y consumo que aumentan la vulnerabilidad y la exclusión

2ª. Delineación de tres caminos que quieren recorrer para solucionar el problema del hambre, que pasan por:

– Acompañar a los más pobres y reforzar el derecho a la alimentación de los pequeños  productores.

– Contribuir al cambio hacia unos sistemas alimentarios más justos.

– Educar para una vida solidaria y sostenible con valores basados en la dignidad humana.

El lema elegido para el año 2016 les da el motivo principal de su Campaña 57: la palabra SIEMBRA representa el principio de la alimentación y la actividad prioritaria de muchos de los socios locales y de las comunidades a las que acompañan en sus proyectos, que son también un sector fundamental de la economía y la vida social.

¿Qué se propone Manos Unidas este año 2016?:

 Sembrar recursos: tierra, agua y semillas. En el mundo 2.500 millones de personas dependen de la agricultura: pequeños agricultores, pastores, pescadores y comunidades que viven en entornos naturales generan más de la mitad de la producción agrícola mundial. Y ellos son los más vulnerables a los desastres naturales y a las crisis humanitarias. La escasez de agua o su contaminación no permiten crecer las semillas; la sobreexplotación de los recursos degrada casi irreversiblemente los ecosistemas; la especulación con los alimentos, especialmente de los cereales y las semillas y la desprotección jurídica, ha provocado que poderosas corporaciones acaparen zonas de cultivo en muchos países desplazando a los que no tienen más medio  que la tierra para sobrevivir.

Por todo esto, para avanzar en el derecho a la alimentación, es necesario que a nivel mundial:

– Se facilite el acceso a la tierra de los pequeños agricultores.

– Se reduzca el consumo de energías contaminantes en todo el mundo.

– Se establezcan políticas exigentes para impedir la impunidad de las actividades que vierten sin control contaminantes al agua y a la atmósfera.

– Sembrar capacidades: a través de la transferencia de conocimientos, la capacitación de pequeños agricultores, el acceso a recursos materiales y financieros y la participación política y social que evite un sistema alimentario mundial, basado en una agricultura intensiva a gran escala.

– Sembrar responsabilidad y cooperación entre los Estados para que defiendan los derechos humanos, especialmente los referentes al derecho a alimentación, y adopten medidas concretas, legislativas, administrativas, económicas, financieras, educativas o sociales que aseguren los niveles mínimos esenciales para que las personas estén protegidas contra el hambre. Asimismo, se  trabajará para que se apliquen políticas que mejoren la capacidad de la población para alimentarse por sí mismos o suministrando alimentos en casos excepcionales. Esta cooperación debe impedir la utilización de los alimentos y los acuerdos comerciales como mecanismo de presión política.

– Sembrar solidaridad: sin el compromiso solidario de todos no se  puede acabar con el hambre. Por tanto, la solidaridad debe comprenderse en el uso y gobierno que hacemos sobre los recursos que tenemos a nuestra disposición.

Acabar con el hambre exige un enfoque integrado que incluya:

– Inversiones públicas y privadas para mejorar la productividad de los pequeños agricultores.

– Un mejor acceso a los insumos, la tierra, los servicios, las tecnologías y los mercados.

– Facilitar medidas para el fomento del desarrollo rural.

– La protección social para los más vulnerables, incluido el refuerzo de su resiliencia ante los conflictos y los  desastres  naturales.

– Programas específicos de nutrición para hacer frente a las carencias en las madres y los niños menores  de cinco años.

Pero el problema del hambre en el mundo no es solo un problema técnico sino que requiere de una ética fundada en el reconocimiento del valor de cada persona y los derechos que de ella se derivan. Cualquier política económica que quiera impulsar un desarrollo justo debe poner en el centro a la persona y servir al bien común.

Acabar con el hambre es un paso esencial en la construcción de un mundo cada vez más justo. Pero si queremos una sociedad en paz, libre y justa, se requiere un diálogo creativo, sin imponer soluciones, sino buscándolas juntos, con recursos y con el compromiso de todos en su consecución. Solo será posible, si impulsamos el compromiso personal: todos tenemos la obligación de actuar para acabar con el hambre.

Las cifras del hambre:

Si tenemos en cuenta todos los factores que intervienen en la seguridad alimentaria, entenderemos que para “medir el hambre” no podemos atender solo a indicadores del tipo “falta de peso” o a la “disponibilidad de cierta clase de alimentos nutritivos”. Debemos tener en cuenta un conjunto de indicadores que trasmiten una imagen más completa y pormenorizada de los problemas de seguridad alimentaria y nutrición imperantes en un país.

La Organización de las Naciones Unidas  para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que en 2015 el hambre crónica afectaba a unos 800 millones de personas en el mundo.

La mayoría de la población que padece hambre vive en regiones en desarrollo. Aunque se han registrado algunos avances desde 1990, algo más de una persona de cada nueve, es decir, un 12,9% de la población de estas regiones sigue padeciendo subalimentación crónica. En general, los países en desarrollo han avanzado considerablemente en la mejora de la seguridad alimentaria y la nutrición, pero esos avances han sido desiguales. Todavía hay dos regiones en las que ha aumentado considerablemente el número de personas que pasan hambre: África subsahariana y Asia occidental.

Las razones de estas cifras suelen tener que ver con la falta de acceso a los alimentos, sobre todo en el África subsahariana, donde casi una de cada cuatro personas pasa hambre. En esta región, las tasas de pobreza se han mantenido altas y la infraestructura rural sigue siendo limitada y, con frecuencia, se ha deteriorado.

Otra causa de la falta de acceso a los alimentos es la inestabilidad de los precios de los alimentos, sobre todo en las regiones que dependen de los mercados internacionales de alimentos para obtener suministros nacionales, y son especialmente vulnerables a causa de una base de recursos naturales limitada o frágil. Estas condiciones son particularmente significativas en la región del Cercano Oriente y África septentrional y en el Caribe. En general, el acceso a los mercados tal vez sea el problema más difícil de solucionar, pues los pequeños productores tienen muy difícil competir con la gran industria alimentaria (producción, procesamiento y distribución a gran escala).

“El hambre es una vergüenza para la humanidad; es la declaración más grande de desprecio por el ser humano que puede darse” (Soledad Suárez, ex presidenta de Manos Unidas).

(Información tomada íntegramente de la web manosunidas.org)

 

 

(HAY UN VÍDEO INSTITUCIONAL DE MANOS UNIDAS EN EL TEMA 03.12.)

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