DE LA MALDAD A LA BONDAD

DE LA MALDAD A LA BONDAD. FIRMEZA, CORAJE Y COMPASIÓN.

fentlideratge.cat    Nuria Aymerich Rocavert

Todos nosotros en un momento u otro hemos reflexionado sobre el por qué de la maldad en el mundo. Hay asesinatos, violaciones, abusos, estafas, engaños, ataques, mentiras, falsificaciones, desprecio… y todo ello acontece a nuestro alrededor. A menudo, queremos cerrar los ojos y pensar que todos estos actos pasan a una cierta distancia, cuando sabemos que parte de estos hechos pasan muy cerca.

Darwin ya trabajó en el concepto de maldad a la hora de elaborar su teoría del origen y de la evolución de las especies. Está demostrado que los genes determinan una buena parte de nuestro comportamiento y de hecho hay estudios que demuestran que determinadas estructuras de los cromosomas son más frecuentes entre las personas más criminales. Por otro lado, una parte de nuestro comportamiento depende de la educación, la cultura, el entorno y en parte de la buena o mala construcción de nuestro sistema emocional.

En la vida cotidiana de nuestra sociedad, la maldad no suele tomar la forma de asesinato, entendido como la muerte violenta y física de una persona. En cambio vemos muchos ejemplos de otros actos con conciencia que provocan especial dolor a las otras personas.

De alguna manera la maldad mata al inocente. Pero…

– ¿Qué provoca que una persona mienta para hacer daño a otros?

– ¿Qué provoca que una persona necesite sentirse poderoso por encima de los otros? ¿Por qué para sentirse así, puede llegar a un punto en que “todo es válido”?

– ¿Por qué la necesidad de sentirse por encima de los otros?

– ¿Por qué la necesidad de aniquilar la veracidad?

– ¿Por qué la necesidad de destruir a los inocentes?

Reflexionando sobre estas preguntas, y, leídas una vez escritas, tengo la sensación que es el guión de una película que no se corresponde con la realidad. Desgraciadamente es la realidad.

Para mí es importante decir que no se trata de dividir el mundo entre buenos y malos, porque seria de una simplicidad que ofendería, pues todas las personas en un momento u otro de la vida podemos hacer daño, aunque sea de manera involuntaria. Sé que en nuestra sociedad hay personas que consideran estas prácticas (mentir, ningunear, aniquilar la verdad, destruir inocentes) lo normal para sobrevivir en nuestra sociedad.

La respuesta a estas preguntas no es simple ni única. Seguro que son muchos los motivos que impulsan a las personas a actuar así. En definitiva lo que se busca con estas prácticas es “sentirse”, que uno/a “ES”.

Querer “poder” es legítimo, si este poder es para mejorar la sociedad u organización a la cual se pertenece. Querer y ejercer el “poder” con “el todo es válido” es sinónimo de la debilidad de quien lo practica.

Querer ser “el más importante”, “el único”, “el mejor”, “el más poderoso” o “el más rico” es sin duda la prueba más clara de la debilidad y de la búsqueda de su propio “SER”.

A menudo las personas buscamos fuera lo que no sentimos dentro nuestro.

Nadie aplica estas prácticas por hobby, puesto que quién las practica sabe perfectamente que actúa mal, pero necesita vitalmente engañarse a si mismo para sobrevivir con él mismo.

El autoengaño es durísimo. Y lo es porque la persona que lo hace tiene pocos recursos personales. Son personas que se sienten solas y poco o nada queridas y casi en un estado de desesperación silenciado actúan a través de las malas prácticas para conseguir encontrar fuera lo que para sus adentros no encuentran.

Al final la verdad solo se revela en contacto con nosotros mismos y a pesar de que podemos luchar cada noche llenándonos de falsas razones que nos justifiquen las malas acciones, sabemos realmente si actuamos bien o mal. Solo ante la muerte, sabremos si hemos actuado limpiamente o jugando bruto. Este será nuestro verdadero momento.

Esta no es una reflexión moral. Me parece importando reflexionar porqué nuestra sociedad ha llegado al momento de afrontar de cara la realidad. De poco sirve saber ir a la luna o descubrir el universo, si cada día destruimos a nuestros compañeros.

El otro aspecto de la maldad es como responderla.

Quién es receptor y víctima de la maldad, puede responder con rabia, impotencia y maldad. O por el contrario puede responder con una profunda reflexión, observando con objetividad a quien lo emite. Comprendiendo sus carencias y preguntándose a la vez por las propias.

El juicio y la maldad de algunos, no puede tumbar ni destruir la inocencia de otros.

Siempre la maldad será maldad. Siempre la inocencia será inocencia.

Reflexión y aprendizaje, comprensión y compasión son los elementos que más nos pueden ayudar para responder a la maldad.

Comprender y compadecer no significa ser sumiso y aceptar con normalidad los actos de maldad que se reciben. Se trata de dar un paso profundo, para comprender al otro, a sabiendas de diferenciar lo qué está bien de lo que está mal, pero a la vez comprendiendo el por qué la persona origina sus acciones. Comprender nos ayuda a nosotros a avanzar. Quedarnos en el odio, la rabia y en el pozo de dolor nos hunde y da la victoria a la maldad.

Es evidente que en algunos casos, la maldad llevada al límite pone también al límite la vida de quien la recibe. Sea como fuere, solo la bondad puede ganar la partida, porque ante la muerte será el único juicio que nos será válido.

Los profesionales (psicólogos y terapeutas regidos por un código ético de confidencialidad) están para ayudar a quién no sabe actuar limpiamente y con bondad. Dentro de cada uno de nosotros está la respuesta y los aperos para actuar desde la bondad. Solo se trata de sincerarnos con nosotros mismos, poner coraje e intentarlo.
Nuestra sociedad necesita aprender a funcionar con bondad y necesita dejar atrás la maldad.

Basta al ego desmesurado. Basta al abuso de poder. Basta al desprecio a las personas. Basta a las mentiras. Basta a la falsedad. Basta a la corrupción. Basta al engaño. Basta al egoísmo…

Ha llegado el momento de la sociedad de los valores: Bondad, Respeto, Sinceridad, Lealtad…

Para algunos esta reflexión de mi blog será un mensaje de bonismo. Para muchos otros es una necesidad.
Las personas somos capaces de hacerlo. Nos hace falta coraje, humildad y mucha fuerza de voluntad. Todos y cada uno tenemos que mejorar y asumir nuestras propias responsabilidades para hacerlo. No tenemos alternativa si no queremos destruir nuestras vidas y las vidas de nuestros hijos. Nosotros y nuestros hijos merecemos un mundo que funcione por valores.