HAMBRE Y OBESIDAD EN EL MUNDO, CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD

Artículo de Laia Altarriba, con el asesoramiento de Joan Benach, en el blog elcritic.cat 04/11/2015

Dedicarás cinco minutos a leer este artículo. Y cuando llegues al final habrán muerto casi 200 personas por culpa del hambre (60 de las cuales, menores de 10 años).

Pero la desigual alimentación a nivel mundial no solo provoca que millones de personas se encuentren con que no tienen nada para comer o demasiado poco para que su cuerpo resista. Y es que, al acabar estas líneas, también habrán muerto 25 persones adultas por culpa del sobrepeso o la obesidad.

Y todavía hay más: mientras vayas leyendo lo que te explicamos, hay 795 millones de personas que pasan hambre en el mundo. Una cifra que se ha reducido en 216 millones de personas (la mayor parte de las cuales en China), pero que todavía queda muy lejos de los 500 millones a las cuales se quería llegar con el Objetivo del Milenio número 1 “erradicar la pobreza extrema y el hambre” para el 2015.

En el otro extremo de la balanza, en su informe de 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta que más de 1.900 millones de personas mayores de 18 años tienen sobrepeso, de las cuales más de 600 millones son obesas. Entre los niños, 42 millones de menores de cinco años tienen sobrepeso. Y las cifras van en ascenso, puesto que el mismo informe revela que la obesidad se ha más que doblado desde el 1980 y por ahora no hay perspectiva de descenso ni de frenada.

Mientras tanto, desde la ONU, el exrelator especial por el Derecho a la Alimentación, Jean Ziegler, nos recuerda que “la agricultura mundial podría alimentar normalmente con 2.200 calorías diarias 12.000 millones de personas, y solo somos 7.000 millones”.

LOS ALIMENTOS BÁSICOS, EN MANOS DE LAS MULTINACIONALES

Jean Ziegler y los sucesivos relatores especiales de las Naciones Unidas por el derecho a la alimentación, aseguran que hay comida para todo el mundo. ¿Qué es lo que hace, pues, imposible una distribución adecuada de la comida y un consumo sano y equilibrado de alimentos? Principalmente lo imposibilita la especulación que hacen las grandes empresas con los alimentos en los mercados internacionales en los diversos momentos del ciclo: desde la producción y definición de precios hasta la comercialización, distribución y consumo.

Los tratados de comercio internacionales lideratos por la OMC (Organización Mundial del Comercio) han conseguido debilitar la capacidad de control de los estados sobre los precios de los productos, incluidos los alimentos de primera necesidad. Esto deja productos como el trigo, la soja o el arroz al amparo de los precios que se marcan en los mercados bursátiles. Y esta especulación arrastra millones de personas a vivir miserablemente, en una montaña rusa donde, cuanto más caros son los productos, más beneficios para los inversores, y cuando caen los precios, los pequeños productores se arruinan y quedan en manos de transnacionales.

El poder de estas empresas transnacionales de la alimentación es enorme. Hay cuatro compañías que controlan, según Oxfam, más del 90% del comercio mundial de cereales. Se las conoce popularmente como ABCD, por sus iniciales: ADM, Bunge, Cargill y Dreyfus. Y su poder va en aumento a la hora de marcar las políticas agrarias de los organismos internacionales y de los estados productores.

En Cataluña se han hecho varias campañas para conseguir que las entidades financieras no ofrecieran a los inversores la posibilidad de invertir en materias primeras, puesto que es una práctica que alimenta la especulación de alimentos. Una de las campañas la impulsó VSF Justicia Alimentaria Global para que el Banco Sabadell dejara de ofrecer a los clientes el fondo de inversión BS Commodities, que opera con alimentos como trigo, soja y maíz, pero el subdirector de la entidad financiera, Cirus Andreu, se negó en sede parlamentaria a replantearse este fondo porque es “importante, eficaz y necesario para los inversores”. En cambio, sí que tuvo éxito la campaña contra el depósito 100 Natural de Catalunya Caixa, que operaba con azúcar, café y maíz. La presión ejercida consiguió que la entidad retirara el depósito y se comprometiera a no comercializar con nuevos productos que especularan con alimentos.

Dos casos recientes muestran como los mismos intereses comerciales y especulativos pueden provocar, por un lado, hambre en un rincón del mundo y, por el otro, obesidad en otra área geográfica. Examinémoslos por separado.

HAMBRE EN EL CUERNO DE ÁFRICA

VSF Justicia Alimentaria Global alerta que “casi 2.000 millones de personas en el mundo (una de cada tres) utilizan más del 50% de sus ingresos para adquirir comida, así que los efectos de la subida de los precios alimentarios para estas personas son devastadores”. Y esto es lo que sucedió el año 2011 en el cuerno de África. El encarecimiento de los productos básicos en la bolsa de Chicago, donde se establecen los precios mundiales de las materias primeras, desató una crisis que puso en peligro la vida de unos 12 millones de personas en Somalia, Kenia, Etiopía y Yibuti por culpa del hambre.

LIBRE COMERCIO Y OBESIDAD EN MÉXICO

Mientras tanto, al otro extremo, varios estudios han relacionado directamente el aumento del sobrepeso y la obesidad en México en el último cuarto de siglo con el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, firmado con los Estados Unidos y el Canadá el año 1988. Según un informe presentado el 2012, este tratado ha conllevado transformaciones en la agricultura y también en los patrones de consumo y, como consecuencia, “la dieta mexicana ha cambiado de la comida básica tradicional a otra de más calórica, procesada y de origen animal, que tiende a ser más alta en grasas y azúcares añadidos”. “La americanización”, asegura este estudio, es lo que está “engordando y, como consecuencia, matando la sociedad mexicana”. Y es que la obesidad y sobrepeso son responsables, según la OMS (Organización Mundial de la Salud), del 44% de casos mundiales de diabetes, del 23% de cardiopatías isquémicas y de entre el 7 y el 14% de determinados cánceres.

“No hay carencia de alimentos, sino de acceso a la alimentación, de voluntad política y gubernamental para hacerla llegar a los pobres que la necesitan. Un crimen contra la humanidad ¿no? Por eso yo digo que un niño que muere de hambre es un niño asesinado”, concluye Jean Ziegler. Es decir, 60 niños más asesinados al acabar de leer esta última frase.