EL CAMBIO CLIMÁTICO Y LOS PAÍSES POBRES

El cambio climático es una alteración del clima y las temperaturas de la Tierra producido directa o indirectamente por la actividad humana, con unas consecuencias muy malas para el planeta y todos sus ocupantes tanto humanos como animales como vegetales.

Efectivamente, el cambio climático nos afecta a todos y a todo, manifestándose cada vez más en la carencia de agua potable, los cambios en las condiciones para la producción de alimentos y el aumento de fenómenos naturales como inundaciones, tormentas, sequías y olas de calor.

El cambio climático es un fenómeno ambiental de profundas consecuencias económicas y sociales donde los países más pobres, como están menos preparados para afrontar los cambios, sufrirán las peores consecuencias.
No fueron ellos los que causaron el problema, pero sí que son los que más lo sufren y sufrirán todavía más, porque son los que cuentan con menos recursos para adaptarse a esta nueva situación.

Aunque el fenómeno del calentamiento global es una realidad que afecta a todo el planeta, sus consecuencias no se dejan sentir en todos los lugares del mismo modo. El cambio climático tampoco acontecerá de manera radical de un día para otro; lo más probable es que se vaya haciendo presente por un aumento progresivo de riesgos, como ya está pasando en los últimos años.

Estos riesgos afectarán a todos los países, aunque de una manera desigual: la población del sur de Manhattan (Nueva York – EE.UU.) y la del delta del río Ganges (India) tienen el mismo riesgo de inundaciones, pero no comparten la misma vulnerabilidad.

Existen dos factores que condicionan el nivel de riesgo producido por el cambio climático en el planeta: la posición geográfica (hay países que, por su localización, sufrirán más el clima extremo, y que precisamente coinciden con los países más pobres del planeta), y el nivel de desarrollo (los países más pobres son los que tienen menos medios para afrontar el problema y, por lo tanto, donde los efectos serán más graves).

Mientras tanto, los países y las sociedades más ricas (que a la vez son los más contaminantes) viven ostentosamente, utilizan sin medida los recursos naturales y cuentan con medios y tecnología para afrontar las nuevas circunstancias producidas por el calentamiento global.

Repitámoslo y profundicémoslo:

– Los países subdesarrollados (pobres) no son los que han causado el problema del calentamiento climático, pero sí que son los que más lo sufren y sufrirán todavía más, y son los que cuentan con menos recursos para adaptarse a esta nueva situación. He aquí, pues, una situación que se podría denominar “injusticia climática”.

– Los países en desarrollo son especialmente vulnerables al cambio climático por su pobreza sistémica, su posición geográfica, su dependencia de una agricultura de secano, las condiciones de vida de gran parte de su población y la fractura de patrones tradicionales de supervivencia.

– Sus posibilidades de adaptación al cambio climático son claramente limitadas, puesto que dependen más de los métodos de cultivo tradicionales y de los sistemas de abastecimiento de agua locales, que se verán gravemente afectados según las predicciones. Los países en desarrollo son los que reciben el mayor impacto, en gran parte porque están menos desarrollados.

– Aunque la pobreza existe, con cambio climático o sin él, éste está creando un nuevo círculo vicioso que impide a las personas en situación de pobreza mejorar su situación, poniendo claramente en entredicho un modelo de desarrollo sostenible.

Varios informes sobre el cambio climático alertan sobre las posibles consecuencias, que afectarán fundamentalmente los pueblos más pobres del planeta, que también son los más vulnerables a sus efectos:

– La producción agrícola disminuirá en muchos países.

– Habrá menos disponibilidad de agua.

– Aumentará el nivel del mar y el riesgo de fenómenos meteorológicos extremos.

– Afectará la salud y la calidad de vida.

– Aumentará el riesgo de conflictos regionales por los recursos naturales.

Hoy en día ya se dispone de muchas evidencias medibles y fiables del deterioro ambiental que se está produciendo:
– La atmósfera contiene ahora más dióxido de carbono (principal gas responsable del cambio climático) que antes de la era industrial (379 contra 278 ppm).

– El mundo industrializado ha aumentado un 30% la concentración de gases de efecto invernadero desde el siglo pasado.

– Desde los años 70, se observa en muchas regiones unas sequías más intensas y prolongadas, especialmente en el Sahel, Mediterráneo, África meridional y algunas partes de Asia.

– La fundición de glaciales y placas de hielo ha ocasionado un aumento del nivel del mar que podría ser de unos 17 cm en el siglo XX.

– La extensión media anual del hielo del Océano Ártico se ha reducido un 2,7% cada 10 años, y el hielo marino disminuye en verano un 7,4%.

– El cambio de la temperatura de la Tierra ha hecho que los fenómenos meteorológicos se transformen, provocando que las lluvias, las tormentas, las nevadas y las olas de calor duren más de lo que es habitual.  Las zonas húmedas se han vuelto más húmedas y las secas han acontecido casi desérticas.

– Se estima que la temperatura media mundial podría aumentar entre 1 y 6 grados en este siglo y que las lluvias podrían disminuir hasta la mitad.

Una de las muchas consecuencias del cambio climático en los países pobres es, por ejemplo, que la zona del Sahel, al noroeste de África, se ha convertido en una de las zonas más inhóspitas para vivir: las fuertes olas de calor y la carencia de agua y de alimentos han producido que cerca de 13 millones de personas se encuentren viviendo en una crisis alimentaria y más de 1 millón de niños de menos de 5 años sufran desnutrición. En Mauritania, Burkina Faso, Senegal, Malí, Níger y Chat los cambios de temperatura son cada vez más extremos y la actividad agrícola y ganadera es casi imposible de sostener, llegando a una disminución del 25% desde el año 2010, debido a las pocas lluvias que se producen.

Para minimizarlo, uno de los objetivos que se persigue en el ámbito oficial internacional es conseguir un acuerdo global, justo, ambicioso y jurídicamente vinculante para todos los países, que contemple reducciones importantes de emisiones de gases de efecto invernadero, y recursos suficientes, adecuados y adicionales a la Ayuda Oficial al Desarrollo por parte de los países desarrollados para financiar los procesos de mitigación y adaptación al cambio climático en los países subdesarrollados.

A partir del año 2016 se instauró la llamada Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (ODS), que representa el marco global de desarrollo para los quince próximos años. A lo largo de sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas, se abordan las tres dimensiones -social, económica y medioambiental- del desarrollo sostenible. Aún así, hoy en día todavía hay muchas indefiniciones y obstáculos para vencer, antes de su definitiva implantación; sobre todo desde que preside EE. UU. Donald Trump, el cual niega que exista un cambio climático y está cancelando todas las iniciativas de su país, y entorpeciendo las internacionales, que estén dirigidas a mitigar los efectos del cambio climático, y todo esto lo está haciendo únicamente para favorecer los intereses económicos de unas cuantas grandes empresas norteamericanas.

Para hacer frente a los cambios climáticos, el desarrollo sostenible tiene que ir enfocado a proyectos de energías renovables, planificación urbana, mejoras en la agricultura y la industria, un consumo responsable y ayudas al Tercer Mundo. ¡Un montón de retos para la solidaridad internacional!

(Información tomada de la web de Manos Unidas y otras fuentes).

4.2.2. (2)