UN QUIOSQUERO APRECIADO

El quiosquero Bernardo Jiménez, de 65 años, pensaba que un malestar y un simple dolor de hombro podían ser sólo el resultado de un día de mucho trabajo. Pero el 23-1-2014 recibió las primeras señales de un infarto. Muy pronto colgaron el siguiente aviso en su quiosco de prensa, situado frente al número 18 de la calle Arapiles del barrio madrileño de Chamberí: “Cerrado por enfermedad. Disculpen las molestias”.

Desde aquel momento, las muestras de afecto se dispararon en el barrio y los vecinos empezaron a empapelar el quiosco con muestras de aprecio en forma de notas y dibujos: “Vuelve estimado amigo Bernardo”. “Deseo que te recuperes, un beso muy grande”.

“La familia Pacheco desea que te mejores muy pronto”. “El barrio no está completo sin ti”. “Se te echa de menos, cuídate”.

El vigilante de un aparcamiento vecino, Ángel Luis, le dejó un mensaje en verso: “Es Bernardo el quiosquero / siempre alegre y dicharachero / que reparte con esmero / prensa y chicles con salero…” “No soy poeta, pero quería dejarle algo. Pensé en un grafiti, pero al final me salió este poema”.

“¿Es impresionante, no? No lo conozco pero seguro que debe de ser una persona maravillosa. ¡Mira estos dibujos!”, comentaba un peatón. “Es una persona muy querida en el barrio”, le respondía una vecina.

“Casi nadie tenía mi número de teléfono móvil, pero ¡cuando me puse enfermo, empecé a recibir hasta 20 llamadas diarias!”, explicó Bernardo, ya recuperado, a un periodista en una cafetería cercana a su quiosco.

La conversación es constantemente interrumpida por personas que pasan: “¡Qué buena apariencia tienes, Bernardo!”, “¿Como estás?”…

Bernardo, en realidad, fue el primero en sorprenderse de la solidaridad de todas estas personas debido a haber sufrido un infarto. “No me imaginaba que la gente todavía pudiera tener tanto afecto por un vendedor; además, no siempre soy una persona simpática. De verdad que no me lo esperaba… ¡me han dado una alegría inmensa!”, dijo.

En estos tiempos en que dicen que vivimos en una aldea global, y en una ciudad tan grande como Madrid, la historia de Bernardo es un ejemplo de como un quiosquero todavía puede ser la referencia de un barrio, un elemento vertebrador de la vida de unas cuantas calles.

(Este escrito es un resumen de un artículo de Felipe Betim en El País del 5-5-2014).

 

3.2.6.