¿SOMOS CULPABLES?

Iñaki Alegría – Revista “Mans Unides Catalunya” no. 37 de 2017

Iñaki Alegría es un joven pediatra que coordina una unidad de renutrición y un proyecto de emergencia nutricional en Etiopía, en la zona rural de Meki y Gambo, con el apoyo de Manos Unidas. Su artículo destila compromiso y también indignación por las causas profundas del hambre, en las cuales el mundo rico y la indiferencia generalizada ante esta inmensa tragedia tienen mucha responsabilidad. Por eso concluye: ¡necesitamos más gente comprometida!

También dice:Somos culpables, cómplices, asesinos de la matanza más grande de la humanidad: matar de hambre. En el mundo no falta comida, falta Amor y sobra egoísmo. No hace falta comida, sobra riqueza, falta Amor. La solución al hambre es más sencilla de lo que parece.

Podría escribir un libro sobre las causas del hambre. Podría hablar del acaparamiento de tierras, de cómo las multinacionales roban y explotan la tierra a los pequeños campesinos quitándoles su único apoyo; de la especulación productiva y bursátil; de cómo somos capaces de echar a las basuras toneladas de tomates y lechugas para subir el precio mientras los vecinos mueren de hambre…

También podría hablar de la deforestación, de sequías, de desastres naturales, del cambio climático… Podría hablar de cifras, de cómo 25.000 niños mueren de hambre cada día, uno cada 3,5 segundos… Pero de nada serviría… Son datos fríos, demasiado científicos, demasiado inhumanos…

Vengo a hablar de lo que he vivido, de lo que he sentido y sigo sintiendo viviendo en Etiopía, coordinando una unidad de renutrición y un proyecto de emergencia nutricional en la zona rural de Meki y Gambo. Vengo a hablar de cómo he visto morir de hambre a Muliena, a Frihiwot, a Meskerem… ante la mirada cómplice de Occidente. Preferiría decir mirada pasiva, pero no es pasividad, es peor, es complicidad.

De conocimientos científicos, agrícolas y tecnológicos hay más que suficientes para acabar con el hambre del mundo ahora mismo. Sin embargo sigue habiendo hambre porque nos interesa.

Vivimos en un mundo que utiliza los alimentos como activo financiero para ganar dinero, en un mundo que es capaz de tirar a la basura toneladas de alimentos para subir el precio y así poder enriquecerse con la venta, aunque esto implique asesinar de hambre a centenares de niños cada día por no tener nada que llevarse a la boca.

Queda bien decir que no nos gusta ver morir a niños de hambre, pero cada acción que hacemos es todo el contrario.

Los alimentos han pasado a ser mercancía. La agricultura servía para alimentar la humanidad. Ahora ya no, ahora se ha convertido en un sistema de producción que busca el beneficio económico por encima de las personas y es gobernada por las grandes multinacionales que no quieren alimentar la humanidad. Su fin es enriquecerse, ganar más, aunque esto implique asesinar a centenares de niños cada día.

Es la avaricia humana. Es la estrategia del hambre. Hemos pasado del hambre inevitable al hambre evitable y consentido. Hay hambre porque queremos, porque nos interesa, porque lo provocamos.

Vivo en Etiopía, coordinando una unidad terapéutica de renutrición y un proyecto de emergencia nutricional en zonas rurales.

He visto demasiada miseria, demasiado niños con la mirada triste, demasiadas madres sin esperanza, demasiado niños sin fuerzas para sostenerse de pie, demasiado pequeños cuerpos que no son más que un saco de huesos… Pero lo que más me ha impactado es la insensibilidad del mundo occidental, la facilidad para cerrar los ojos a esta realidad, la hipocresía de dar la culpa del hambre a una sequía para evitar reconocer que la única culpable que continúen muriendo niños de hambre es la humanidad por falta de sensibilidad.

Dejémonos de hipocresías, aceptamos nuestra culpa. Por pasividad, somos cómplices de las causas del hambre, pero no solo esto, sino que además no lo reconocemos.

Conocemos la causa, vamos por la solución. Amar más y amarnos menos. Amar más el prójimo. Si actuáramos con Amor, no habría hambre. En un mundo con Amor, los bienes estarían repartidos.

Estamos matando de hambre a niños cada día porque queremos, porque nos interesa, porque si no lo hiciéramos no podríamos tener las riquezas y comodidades que tenemos.

Podemos hacer proyectos contra el hambre que salvan vidas, pero no dejan de ser parches a una enfermedad humana denominada egoísmo. Vamos a la raíz del problema: acabar con el egoísmo.

¿Cómo podemos enseñar a la humanidad a Amar? ¿Cómo podemos decir que matar niños de hambre para tener riquezas no está bien? Hemos perdido los valores, hemos perdido el Amor. No más campañas contra el hambre, la nueva campaña que sea campaña por el Amor.

Endalech no ha comido hoy, no sabe si comerá mañana. Si estás leyendo estas líneas eres muy afortunado, no te haces a la idea de cuánto. Sabes leer, has podido ir a la escuela y no has tenido que ir a buscar agua cada día como Abeba. No sabes qué es el hambre, el hambre de verdad, la de no comer hoy ni tampoco ayer. No conocer el gusto de una naranja, ni saber pelar un plátano, o cocinar unas lentejas. Todo lo que conocen es un trozo de maíz asado. Esto es pasar hambre, de verdad.

Tú te preguntes: “¿Qué comeré hoy?” Meskerem se pregunta tan solo “¿Comeré hoy?”

Mi plato preferido es el pollo asado con salsa de champiñones o la lasaña de carne. Para Biftu su plato preferido es el arroz. Si solo puede comer arroz ¿por qué tiene que tener otro plato preferido? Mejor que sea el que siempre come.

Puede parecer duro el artículo, pero nunca lo será bastante, puesto que sigues leyendo, sigues vivo. Mientras lees este artículo puede ser que 100 niños hayan muerto de hambre, cada 3,5 segundos muere 1 niño en el mundo por falta de comida, asesinados en el silencio.

El hambre es la asesina silenciada, invisible. Parece que no haya, parece que no interese. Quizás porque la cura es demasiado sencilla como dar comida, y demasiado cruel aceptar que no queremos darla.

Todo lo podemos resumir en una frase: la causa del hambre es el egoísmo y la avaricia. Y todavía podríamos resumir más: la causa del hambre es la falta de Amor. En el mundo falta Amor.

Siempre hay tiempo para un gesto de Amor. Una vez he puesto nombre propio a los niños y niñas que mueren de hambre no puedo permanecer indiferente.

No necesitamos más comida. ¡Necesitamos más gente comprometida!