LA BASE DE LA RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS

Eduard Vinyamata – Revista Valors (valors.org)

 

La Conflictología o Resolución de Conflictos se fundamenta en los valores de la llamada No Violencia, corriente filosófica, pragmática y vivencial que tiene como referentes a Gandhi, Tolstoi y otros muchos, además de las expresiones colectivas de los jainistas, budistas, cuáqueros, además de otros. Contrarios a la violencia en cualquier de sus formas expresivas: violencia física, psicológica, estructural, verbal, judicial, política, económica o filosófica ejercida contra un mismo o contra el entorno social y natural.

Si la violencia se puede definir como todo aquello que puede significar provocar un mal como la limitación de la libertad, el engaño, atentar a la dignidad, producir un mal físico o psicológico, la No Violencia sería exactamente lo contrario, es decir, procurar por el Bien en cualquiera de sus expresiones. La No Violencia se fundamenta en el respeto radical a la vida y su integridad y, además de ser un valor esencial es, consecuentemente, una forma de comportamiento.

Otro valor de la Conflictología consiste en una visión y una práctica realista y pragmática. Los conflictos violentos son hechos graves que afectan la vida de las personas y de las sociedades: guerras, acoso, crueldad, mobbing, engaños… de manera importante. No se trata de describir la violencia únicamente, obviamente hace falta también encontrar soluciones pragmáticas sin el recurso a la violencia.

Los métodos de resolución de conflictos se fundamentan en el conocimiento pluridisciplinario sobre la violencia, el crimen, la guerra y el conflicto y la actuación resolutiva, sin ningún tipo de violencia, se centran en las causas y los orígenes de los conflictos. Causas psicológicas, históricas, económicas, estructurales, déficits educativos o comunicativos. Sus aplicaciones están en todos los ámbitos, incluso también en los conflictos armados. Sus resultados son mucho más baratos, rápidos, definitivos y respetuosos con los Derechos Humanos y la dignidad de las personas con respecto a los métodos violentos tradicionales.

La disciplina de Resolución de Conflictos rompe con la lógica establecida convencida que es el uso de la fuerza la que contribuye a solucionar los conflictos. La realidad nos demuestra todo lo contrario: crimen, guerra, conflictos por todas partes, que nunca encuentran solución sino, como máximo, los aplaza con un coste muy elevado en vidas, sufrimientos de todo tipo y gastos multimillonarios.

Sin el fundamento ético y filosófico no podemos entender la Conflictología ni, por lo tanto, podemos establecer métodos y técnicas de intervención. A menudo los profesionales de la Mediación obvian las aportaciones de la Conflictología y pretenden aplicar técnicas para solucionar casos de conflictos familiares o interpersonal. La Mediación fue creada dentro de las comunidades cuáqueras, sin que ninguna ley la determinara, dejando a los valores el principal elemento para resolver conflictos. Hoy la Mediación es una simple técnica, a menudo mercantilizada, que encarece y alarga los procesos de solución de los conflictos en que interviene como sucedió antes con el llamado Arbitraje.

La Conflictología significa un cambio radical de los valores establecidos cómo son la justificación de la violencia, la ganancia o una lógica lineal que desprecia las causas y se centra en los síntomas sobre los cuales actuar sin más. En ocasiones, la antropología o la filosofía nos muestran que las causas de los conflictos son, justamente, una concepción determinada que prefigura una cosmovisión en la cual el ser humano está en el centro de todo o es el barón el que define este ser humano y el resto de formas de vida, la hembra, los animales y el medio ambiente son “cosas” al servicio y al alcance del hombre barón. Y esta cuestión justifica todo tipo de barbaridades.

Durante la conquista americana por parte de los españoles, por ejemplo, solo era depositario del alma el barón, lo que facilitaba tratar como simples objetos a mujeres, negros y nativos que por definición no tenían alma. Esta idea ha evolucionado un poco, aunque continuamos pensando que la naturaleza nos pertenece y, por lo tanto, no dudamos en hacer uso de la misma aunque el abuso nos perjudique la salud y la economía, por ejemplo.