EL ESPACIO

Para sobrevivir sólo nos hace falta el espacio íntimo de nuestro hogar, más el que necesitamos para hacer nuestro trabajo y acceder a los servicios básicos. No es mucho, algunos centenares de metros cuadrados por persona. Para vivir plenamente como humanos civilizados, pero, nos hace falta mucho más. Necesitamos más espacio del que ocupamos. Mucho más del que solemos imaginar.

Detrás de cada cual hay un territorio muy extenso. Hay campos de cultivo, pastos, minas, bosques, cuencas fluviales… Hay también espacio libre para el ocio personal. Un territorio extenso, las dimensiones del cual varían en función de los estilos de vida. Los vegetarianos pasan con un pequeño huerto, los grandes comedores de carne necesitan pastos extensos; los sedentarios se miran el paisaje de lejos, los excursionistas necesitan bosques y montañas recorribles. El territorio sobre el cual influimos y del cual dependemos marca el alcance de nuestra huella ecológica.

Nuestra huella afecta también el espacio donde depositamos nuestros residuos. Es más que la superficie de los vertederos. Es el espacio difuso de los ríos que contaminamos o de la atmósfera que llenamos de gases indeseables. Con el modelo de sociedad actual, un catalán necesita cuatro hectáreas y un norteamericano requiere nueve. Si todo el mundo tuviera este nivel de demanda, la Tierra sería pequeña para los más de 7.000 millones de humanos que ahora vivimos. Suerte que en los países más pobres la gente pasa con sólo una hectárea o incluso con menos.

¿Suerte? No es esta la palabra, seguramente. Cabemos porque el espacio está repartido de manera muy poco equitativa. ¿Y si pensáramos en ello?

La huella ecológica es el fragmento de planeta que necesita cada uno para satisfacer su demanda de espacio y recursos. No todos necesitamos el mismo espacio. Según como nos alimentamos, qué tipo de vivienda tenemos, los medios de transporte que utilizamos, o los productos y servicios que usamos, necesitamos una área de territorio ecológicamente productivo. Los cultivos, las tierras de pasto, los bosques, el mar, el terreno construido y el área de absorción de dióxido de carbono tienen que proporcionar los recursos que empleamos y asimilar los residuos que generamos. Esta área es nuestra huella ecológica.

La huella ecológica de los catalanes es de unas 4 hectáreas por persona (3 campos de fútbol). Esto quiere decir que, para continuar viviendo como vivimos, necesitamos 280.000 Km2, y sólo tenemos 32.000. La diferencia entre el territorio que tenemos y el que necesitamos es nuestro déficit ecológico.

La huella ecológica media de los humanos es de 2,9 hectáreas por persona. Pero hay una gran diferencia entre países (en la India, 0,8 ha y en los EE. UU. 8,7 ha). La capacidad de carga de la Tierra todavía no ha llegado a su límite porque en los países pobres la gente utiliza muy pocos recursos y genera pocos residuos.

El planeta no da suficiente para que todo el mundo viva como nosotros. No toda la superficie terrestre sirve para producir los bienes que necesitamos. En la Tierra sólo hay 10.000 millones de hectáreas explotables. Si los más de 7.000 millones de humanos vivieran como los europeos, harían falta más de 3 Tierras, y si vivieran como los norteamericanos, unas 5 Tierras.

Sin espacios naturales no hay vida. Los humanos nos desarrollamos en un recurso limitado: el territorio, y lo hacemos modelando los sistemas naturales. Pero en este espacio convivimos con otras comunidades animales y vegetales que son claves para la vida. Según cómo preservamos los espacios naturales y las condiciones ambientales de los hábitats podremos conservar la biodiversidad y los valores ecológicos y patrimoniales del paisaje. Un bien del cual dependen nuestro bienestar y el equilibrio natural.

Somos muchos y cada vez necesitamos más de todo. Sólo seremos equitativos y sostenibles si moderamos nuestras demandas y aumentamos nuestra eficiencia.

(Textos del libro “Tu en el món teu” de la Obra Social Caixa Terrassa).

4.2.1.6.