¿NO QUIERES SER SOLIDARIO?

Ser solidario o no serlo son dos opciones que no todo el mundo se plantea; simplemente se es o no se es, sin haberlo ni siquiera pensado, de una manera inconsciente…

No se puede decir que quien es solidario sea mejor o peor que quien no lo es, puesto que todos somos el resultado de los genes heredados y de las circunstancias vividas. La libertad de elección a veces no es tan fácil como parece.

Por lo tanto, para algunos puede ser muy fácil ser solidarios, puesto que han sido educados para serlo, han vivido en un entorno que lo es y han dispuesto de unos recursos que se lo han permitido. En cambio, otros puede ser que hayan carecido de alguna de estas circunstancias o que hayan tenido malas experiencias.

No se puede criticar, pues, ni a quien es solidario ni a quien no lo es. Pero sí que se puede intentar convencer para que la mayoría de la gente lo sea, suavemente, con toda la comprensión y tolerancia posibles, puesto que los resultados finales derivados de los actos solidarios parecen ser bastante convincentes: de los buenos frutos de la solidaridad se pueden encontrar miles y miles de ejemplos, a todos los niveles y en todas las épocas; en cambio, de la no solidaridad cuesta encontrar de positivos para la sociedad o la naturaleza.

En este escrito, pero, no pretendo convencer de nada. Lo que querría es que cada cual haga una reflexión sobre cuál es su criterio hacia las situaciones reales que se plantean, y averiguar si se siente solidario o no, como si fuera un autotest en que cada cual se pone su propia nota.

Con la intención de que el lector se tenga que esforzar un poco, a cada situación sólo aporto razones no solidarias, dejando que las solidarias las encuentre cada cual.

A continuación se exponen algunas situaciones en que muchas personas no quieren ser “solidarias” y las razones que esgrimen. ¿Piensas como ellas o te inclinarás por la solidaridad? Que cada cual piense y se dé a si mismo la respuesta.

Situación:

a universalización de la sanidad pública en los EE. UU. que está intentando implantar el presidente Barack Obama, puesto que unos 40 millones de habitantes de este país no tienen ninguna cobertura médica (cosa que en los países europeos ya hace muchos años que disfruta todo el mundo), debido a  que los precios de las aseguradoras privadas son extremadamente caros.

Razones que he encontrado en Internet por las cuales muchos americanos no quieren que se implante una sanidad pública universal:

– La sanidad pública resulta más cara que la privada.

– La afiliación obligatoria a la seguridad social pública es una intromisión en la libertad de los ciudadanos.

– Nadie tiene derecho a hacer con mi dinero (impuestos) lo que yo no quiero, ni siquiera el Estado.

– Si quiero un seguro médico, me lo pago; y si mi vecino quiere uno, que se lo pague. Y si alguien sin seguro médico se revienta en una esquina, es un problema suyo, yo no tengo porque pagarle la atención sanitaria.

– Si quieren que todo el mundo tenga derecho a la sanidad pública gratuita, ¿por qué no tenerlo también a la comida, al alquiler y a la gasolina?…

Muchos americanos siempre han sido más partidarios de la iniciativa privada que de la pública, de la competencia que de la colaboración, y de que todo el mundo se tiene que apañar y vivir según sus posibilidades económicas sin que le tenga que ayudar nadie. Muy al contrario de lo que se ha pretendido durante los últimos 60 años en la Europa de la “sociedad del bienestar”.

Situación:

Muchas son las ocasiones en que podríamos ayudar a los demás y no lo hacemos. Por ejemplo, preguntar si necesita algo más que dinero al que mendiga por las calles; ofrecer nuestra ayuda a quien ha sufrido una desgracia, aunque no tengamos una relación directa; estudiar la situación de un niño que sabemos que le pegan mucho sus padres pero con el que no tenemos ninguna relación; etc.

Razones que he encontrado en Internet para no ofrecer nuestra ayuda en situaciones como éstas u otras:

– Por aquel dicho de “cuídate de tus asuntos y no te metas”.

– Porque creemos que es una falta de respeto meternos en la vida de los otros.

– Por la “responsabilidad diluida”. Este fenómeno social explica que, cuantas más personas hay, menos probabilidades de que alguien ayude (como suele pasar en las ciudades más que en los pueblos). Si vemos a una chica inconsciente en el suelo rodeada de gente, tenderemos a no sentirnos responsables porque creemos que alguien ya habrá pedido una ambulancia.

– Por los costes y riesgos que nos puede ocasionar ofrecer ayuda: quizás perderé bastando tiempo y tengo prisa; si la llevo al hospital quizás me ensuciará el coche; quizás también recibiré yo si la defiendo; etc.

– Porque creemos que la persona afectada no se merece nuestra ayuda, o pensamos que ella tampoco nos ayudaría.
– Porque la persona que pide ayuda no es como nosotros: es de otro país, habla otra lengua, tiene otra religión, es de otro partido político, tiene un nivel social más bajo, etc.

– Porque sólo me tengo que preocupar de mí y basta.

– Porque hay gente que vive de la solidaridad y no quiere trabajar.

– Porque si te descuidas, se aprovechan mucho de ti.

Otras situaciones en que podríamos reflexionar son:

– ¿Es correcto hacer donaciones para el Tercer Mundo con las necesidades que tenemos en nuestro país?

– ¿Está bien dar trabajo a los inmigrantes con la cantidad de parados nacionales que hay?

– ¿Hay que pagar tantos impuestos con la cantidad de políticos y empresarios defraudadores que se benefician?

– ¿Hay que ser tan voluntarios o entregados si siempre somos los mismos?

– Etc.

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