VIAJE A BOLIVIA CON MANOS UNIDAS

VIAJE A BOLIVIA CON MANOS UNIDAS (1ª parte)

 

A principios de este mes de octubre estuve 7 días en Bolivia en un viaje de formación organizado por Manos Unidas, junto con cuatro voluntarios más del resto de España.

Estos viajes los organiza Manos Unidas para que algunos de sus colaboradores visiten proyectos de la entidad en los países del Sur, con la intención de proporcionar una experiencia de convivencia y aprendizaje con las personas del país que se visita.

Por eso, algunos de los requisitos impuestos a los participantes es que cada uno de ellos comunique y difunda la experiencia vivida a la sociedad a través de los medios de comunicación, centros educativos y público en general. Y esto es lo que voy a hacer.

BOLIVIA

Este país sudamericano cuenta con una superficie de 1.099.000 km² (el doble que España) pero con una población de tan solo 11 millones de habitantes.

Desde 2006 preside el gobierno de Bolivia Evo Morales, después de ganar las elecciones presidenciales. Antes de 2006 hubo mucha inestabilidad política y económica, con varios dictadores militares en los años 60, 70 y 80.

El mismo año 2006, Evo Morales nacionalizó recursos como el gas y el petróleo, destinando sus ingresos a programas sociales y de infraestructuras, consiguiendo una notable reducción de la pobreza y la desigualdad, además de varias mejoras económicas.

El nombre oficial de Bolivia es: Estado Plurinacional de Bolivia. La Constitución de 2009 reconoció la diversidad étnica del país e hizo oficiales 36 lenguas indígenas en todo el territorio nacional además del español. De este modo, Bolivia se convirtió en el país con mayor número de lenguas oficiales en el mundo. En Bolivia, más de la mitad de la población pertenece a un pueblo indígena.

El Índice de Desarrollo Humano (*IDH) de Bolivia es de 0,66 (el 1990 era de 0,54). A pesar de que va mejorando, si ordenamos los países en función de su IDH, Bolivia se encuentra en el lugar 114 de los 188 países que lo miden. También su renta per cápita es una de las más bajas de la región (3.005 $).

* El IDH es un importante indicador del desarrollo humano que elabora cada año Naciones Unidas. Se trata de un indicador que, a diferencia de los que se utilizaban anteriormente y medían el desarrollo económico de un país, analiza la salud, la educación y los ingresos.

Las mujeres bolivianas tienen una media de 2,9 hijos cada una, con una notable disminución anual. A pesar de ello, Bolivia es el país de toda Latinoamérica donde más embarazos adolescentes se producen. La causa no está sólo en la falta de información y educación sexual para adolescentes, o el poco acceso a métodos anticonceptivos, sino que cada vez están más expuestas a ser víctimas de la explotación sexual, violencia de género y violaciones. La tasa de natalidad en mujeres entre 15 y 19 años es de 116 por cada 1.000.

Mientras su país vecino Brasil está devorando sus bosques y selvas a un ritmo frenético, Bolivia aplica políticas de mayor conservación ambiental, aunque no parecen suficientes. Este año 2019 se están produciendo los incendios provocados y fortuitos más importantes desde que se empezaron a tomar registros el 2013 en la Amazonía de Bolivia, Paraguay, Perú y, sobre todo, del Brasil, quemándose millones de hectáreas.

MANOS UNIDAS EN BOLIVIA

Manos Unidas trabaja en Bolivia desde 1971, siendo sus principales beneficiarios los *indígenas, las **mujeres maltratadas y la ***población rural en general.

* Por ejemplo, los guaraníes, que viven en la parte boliviana de la región del Chaco, a finales del siglo XIX fueron desposeídos de su territorio hasta el punto de que las familias quedaron recluidas en condiciones de semiesclavitud en las grandes haciendas de la región. Estas circunstancias no cambiaron hasta que en 1987 surgió la Asamblea del Pueblo Guaraní y, con la ayuda de la Iglesia Católica y otras organizaciones, se inició un proceso de reasentamiento de las familias en nuevas comunidades. “Acompañamos a los guaraníes desde 1999”, dice María Manso de Manos Unidas, “y hoy podemos decir que las comunidades están consolidando su capacidad económica, organizativa y de participación política, aunque las condiciones medioambientales y los cambios extremos del clima no son favorables”.

** Las mujeres y niñas de Bolivia continúan estando expuestas a un alto riesgo de sufrir violencia de género, a pesar de una ley de 2013 que contempla medidas exhaustivas para prevenir y juzgar la violencia contra la mujer. Manos Unidas colabora con entidades locales en la creación de centros de acogida y formación para mujeres y chicas maltratadas.

*** Los proyectos agrícolas representan el 54% de los apoyados en los últimos 10 años; con aspectos que incluyen la mejora agropecuaria y forestal de una forma integral, invirtiendo en pequeñas infraestructuras, tecnologías reproducibles por los campesinos, semillas mejoradas y acceso al crédito, haciendo hincapié en la necesaria capacitación y fortalecimiento de sus organizaciones sindicales agrarias y mejorando los accesos al mercado de los productos. A causa de las últimas sequías, se ha invertido mucho en la mejora y creación de sistemas de acumulación y distribución de agua de riego.

EL VIAJE

Durante los 7 días de estancia en Bolivia visitamos:

– El Instituto Politécnico Tomás Katari de Sucre (IPTK), ONG cofinanciada por Manos Unidas que nos explicó un proyecto que tiene como objetivo mejorar el nivel de ingresos económicos de las familias campesinas empobrecidas, el cual se ha convertido en un referente en la política de desarrollo económico local.

– El Centro Juana Azurduy de Sucre, que es una ONG cofinanciada por Manos Unidas y fundada el 1989 por un grupo de mujeres motivadas por los altos índices de pobreza, discriminación y vulneración de los derechos de las mujeres, la infancia y la juventud de Bolivia. Es una organización que desde el feminismo contribuye al desmontaje del sistema patriarcal en la población y las instituciones mediante el empoderamiento y la emancipación de mujeres y jóvenes en los ámbitos político, cultural y social, por medio de acciones de incidencia y prestación de servicios. En este centro pudimos visitar varias secciones así como hablar con muchos de sus beneficiarios.

– La Acción Cultural Loyola de Padilla (ACLO), ONG cofinanciada por Manos Unidas que fue creada por los jesuitas en 1966 bajo la orientación del Concilio Vaticano II y que emprende acciones de promoción social, econonómico-productivas, educativas, comunicativas y de incidencia política, siempre en armonía con el medio ambiente, buscando lo que ellos llaman “una vida buena”, justa, solidaria, intercultural, democrática, sostenible, tanto para los pueblos indígenas campesinos originarios como para las poblaciones urbanas populares. Acompañados por los responsables de esta ONG pudimos visitar varias fincas individuales y colectivas así como hablar con las campesinas responsables de las mismas (después de viajar muchas horas por caminos intransitables).

– El Centro Yanapasiñani Bolivia de La Paz es una ONG para el desarrollo de la mujer y la familia cofinanciada por Manos Unidas y nacida en 2006 de la iniciativa de unas mujeres que quieren trabajar para otras mujeres y conseguir una sociedad más equitativa. Actúa en proyectos de empoderamiento económico y personal de mujeres y jóvenes con perspectiva de género. También en este centro vimos varias de las actividades que llevan a cabo y pudimos hablar con sus usuarias, que nos llegaron a emocionar a todos.

– El Instituto Para el Desarrollo Rural de Sudamérica de La Paz (IPDRS), cofinanciado por Manos Unidas, que es una iniciativa de la sociedad civil nacida en 2009 para promover enlaces, sinergias y acciones de desarrollo social de base campesina indígena en varios países sudamericanos. Esta entidad tiene iniciado desde hace un año un proyecto en la región del Chaco boliviano dedicado a la consolidación de la gestión de los territorios que fueron titulados por el Estado boliviano a favor del sector indígena, fortaleciendo el acceso de las familias y las organizaciones guaraníes al mercado y su participación en las decisiones sobre el desarrollo económico que les afecta.

CONCLUSIÓN

Como se ha podido entrever en la breve explicación de los proyectos visitados, en Bolivia, Manos Unidas no suele construir escuelas, centros sanitarios o pozos como hace en muchos países de África, puesto que de este tipo de infraestructuras ya se ocupa el Estado.

En Bolivia, las acciones de Manos Unidas van más bien encaminadas a potenciar las capacidades de las poblaciones marginales como por ejemplo los niños y las mujeres en situaciones muy difíciles, los campesinos indígenas excluidos de los mercados agrícolas y mal alimentados, etc.

De todo esto continuaré hablando en un próximo escrito, profundizando en las historias personales de algunas beneficiarias.

Enric Segarra Bosch

 

 

 

VIAJE A BOLIVIA CON MANOS UNIDAS (2ª parte)

 

Segunda parte del relato del viaje de formación a Bolivia organizado por Manos Unidas en Octubre de 2019 y realizado por los siguientes voluntarios de esta entidad:

Jesús Revenga Martín – SS.CC. Madrid

Belén Rebollo Rico – SS.CC. Madrid

Lucía Buzón Aroca –  Delegación de Eivissa

Joan Quintana Plans – Delegación de Terrassa

Enric Segarra Bosch – Delegación de Solsona

Esta historia comienza en el aeropuerto de Barajas, o si queréis mucho antes, cuando Manos Unidas nos ofreció la oportunidad a Joan, Enric, Belén y Lucía, de conocer a las gentes de Bolivia.

Allí nos esperaba Jesús, nuestro compañero de viaje, quien más que un guía, ha sido un amigo paciente que nos ha ayudado a comprender esta cultura y a entender el por qué hay que seguir luchando y trabajando para dignificar a las personas. Mil gracias, jefe.

SOBRE LOS PROYECTOS VISITADOS EN BOLIVIA

En esta ocasión no vamos a hablar de proyectos, estadísticas, ni presupuestos. Queremos hablar de vidas reales, de sentimientos, de cambios, de testimonios de personas que han acudido en busca de ayuda a los socios locales de Manos Unidas.

1. CENTRO JUANA AZURDUY DE SUCRE: De las personas de este centro que vamos a hablar, no tenemos imágenes para garantizar el derecho a su intimidad y por la crudeza de sus testimonios. También hemos cambiado sus nombres.

– “Me llamo Ana María y tengo 18 años.

Salí de fiesta una noche a disfrutar, bailar y conocer gente nueva. Entre baile y baile, bebí más de la cuenta. No recuerdo mucho más, solo que desperté en una habitación desconocida por la que habían pasado más de un chico…
Mi sensación era de vacío, asco y repudio. Me sentí sucia y sobre todo, culpable.

Por miedo al qué dirán, decidí callar. Mis padres, aún hoy, no saben nada de lo que me ha pasado. La única persona a quien se lo conté, mi tutora, me recomendó dejar los estudios porque pronto se enterarían el resto de mis compañeros. La angustia y el vacío que sentía hicieron que intentara buscar ayuda sin que nadie lo supiera.
Acudí al SLIM (Servicio Legal Integral Municipal), donde me aconsejaron no seguir adelante con la denuncia, afirmando que solo me traería problemas porque los presuntos violadores eran menores de edad y yo no. Buscaba justicia, pero mi expediente pasaba de un Municipio a otro, obligándome a presentarme a las vistas correspondientes, teniendo que mentir a mi familia para poder hacer los largos desplazamientos.

Un buen día, cansada de no encontrar soluciones, asistí a una conferencia sobre violencia de género. Ante mis múltiples e insistentes preguntas, la conferenciante quiso hablar conmigo al final del acto y así conocí el centro Juana Azurduy, popularmente conocido como Las Juanas.

Es a partir de aquí cuando comienzo a ver la luz. Lila, la abogada del centro, consiguió que mi expediente se trasladara a Sucre y pudiera celebrarse un juicio justo. El principal agresor, aun siendo menor, fue declarado culpable, y tiene prohibida la salida de su localidad. Yo vivo a muchos kilómetros de distancia.

Los psicólogos de Las Juanas me han ayudado a recuperar mi autoestima y las ganas de vivir para así cerrar un capítulo doloroso de mi vida. Ahora he retomado mis clases, y mi sueño es ser repostera. Ya he comenzado a vender mis productos en las ferias locales.”

– “Yo soy Juan Carlos, estoy aquí para no ir a la cárcel. Era un maltratador, pegaba sistemáticamente a mi mujer.

Llevo viniendo a Las Juanas tres meses, me ha costado mucho llegar a aceptar lo que era y que tengo que cambiar. Los psicólogos del centro han realizado un duro trabajo conmigo. Ayer terminó mi última sesión y ahora estoy en el camino de controlar mi ira y de solucionar mis problemas de pareja hablando, no pegando, ni gritando.

Os puedo decir que soy un hombre distinto del que vino por primera vez y soy consciente de que tengo que dejar definitivamente la bebida y cuidar de mi familia.

La gota que colmó el vaso fue aquella noche en la que mi mujer y yo salimos de fiesta. Ambos bebimos mucho y, como era habitual, comenzamos a discutir acaloradamente sin saber por qué. Ya en el auto, enloquecido, comencé a golpearla mientras conducia. De repente, ella abrió la puerta con el coche en marcha para huir del dolor, cayó y se rompió el tobillo, la tibia y el peroné.

Me asusté mucho y la llevé al hospital, donde de inmediato activaron el protocolo de malos tratos. Me enfrentaba a una pena de cárcel por agresión y violencia de género. Se me dio la posibilidad de conmutar el ingreso en prisión por la asistencia al taller de nuevas masculinidades y a las terapias individuales y grupales, atendidas por los psicólogos del centro Juana Azurduy. Aquí comenzó mi proceso de reeducación. Los licenciados me enseñaron a ponerme en el lugar del otro, tengo una hija y no quisiera que tuviese una pareja como yo.

He aprendido que debo resolver los problemas diarios sin recurrir a la violencia. Mi mujer me ha dado una segunda oportunidad y la estoy aprovechando.”

– “Yo soy Carmiña Gras, mi hermana Mauren ha muerto. No ha sido un accidente como nos querían hacer creer las autoridades a mi padre y a mí. Ha sido asesinada por su pareja en el municipio de Aiquile, provincia de Cochabamba.

Desde el principio, nos han estado mareando de un sitio a otro, por problemas de jurisdicción. Hemos buscado ayuda en los SLIMS y hemos tenido que contratar a un detective privado para que realizase las investigaciones y obtuviese las pruebas que debería haber obtenido el Ministerio Fiscal. Acudí durante un año al Juzgado, cada diez días, simplemente para oír que no había ningún avance en las investigaciones, ni tampoco pruebas concluyentes contra la pareja de mi hermana.

Por suerte, llegué al centro Las Juanas, donde la Licenciada Lila pudo encajar todas las piezas de este puzzle, hasta obtener un juicio condenatorio.

Ahora mi padre, aquí presente, al fin puede descansar. Han sido cinco años durísimos y nos toca retomar nuestras vidas, interrumpidas durante todo este tiempo.”

2. ACCIÓN CULTURAL LOYOLA DE PADILLA (ACLO):

– Rosa es una mujer de una comunidad de Padilla, al sureste de Bolivia. Una mujer de largas trenzas negras y pelo brillante, de 63 años de edad, 10 hijos y 23 nietos. Una mujer fuerte, valiente y de piel curtida por el sol.
Desde que nació ha vivido en una parcela con unas condiciones muy duras, su vida hasta hace un año, en sus palabras, “era insufrible”.

Iba a buscar agua todos los días a gran distancia. Mientras fue niña y joven, caminado; cuando las fuerzas le fallaron con la edad, con la ayuda de un burro.

Vio como sus hijos iban creciendo y abandonando el hogar para buscar una vida nueva y mejor. Tan solo quedó a su lado Raúl, su hijo menor que apostó por la modernización de las tierras, que le ofrecieron ACLO y Manos Unidas.

Asistió a los cursos de capacitación agraria, pero sin agua nada era posible. Ni Rosa, ni Raúl sabían cómo funcionaba un grifo. El primer paso fue traer el agua desde 1.500 m. y gracias a su interés, la propiedad se está convirtiendo en un modelo de finca integral de ciclo energético, donde todos los recursos son aprovechados.

Este modelo supone tener una producción agrícola ecológica con un huerto hortofrutícola y un invernadero regados por aspersión controlada que él mismo ha fabricado con sus manos. Esto ha supuesto generar excedentes que puede vender en la feria quincenal de Padilla.

La finca también dispone de un biodigestor, horno y cocina ecológica. Ahora Leila, la mujer de Raúl, prepara ricas sopas utilizando menos leña y produciendo menos humos.

También cuentan con un sanitario ecológico y para que las cabras y cerdos descansen mejor y produzcan más, se ha implementado en el corral un colchón vegetal seco con forrajes. Además, se ha llevado a cabo una repoblación forestal con especies autóctonas.

Sus vecinos no se habían animado a poner en marcha este tipo de mejoras en sus parcelas y viviendas hasta no ver los resultados positivos obtenidos por Rosa y Raúl. En este momento, no solo sus vecinos, sino las autoridades municipales de Padilla están interesados en implementar este modelo de explotación en el resto de las comunidades.

Lamentablemente, siguen sin tener luz eléctrica

 

– Víctor es una persona joven, inquieta, que apuesta por seguir en el campo. Se ha formado en los cursos de capacitación y liderazgo del programa, hasta llegar a ser uno de los líderes provinciales agrícolas.

Su finca está a mucha distancia del pueblo, lo que supone estar alejado de su familia durante la semana. Su mujer e hijos viven en el pueblo para poder acudir a la escuela. Solo se ven los fines de semana.

En un terreno rocoso y árido, y gracias a la canalización del sistema de riego, ha logrado tres hectáreas cultivables de arvejo, papas y fríjoles, que va rotando con quínoa y maíz.

Combina esta actividad con la reforestación con pinos espátula y la cría de 30 reses, que es el máximo que puede alimentar con el terreno del que dispone. Todas estas actividades son apoyadas por el proyecto.

– Arminda tiene 5 añitos. Es una niña encantadora, de mofletes graciosos y quemados por el frío y el sol.

Cada día acude a una escuelita con sus ocho compañeros, todos de diferentes edades. Además de aprender a leer y escribir, aprenden a cuidar y respetar el medio ambiente. Desde hace unos meses, les llega agua corriente que facilita su higiene diaria y les ha permitido implementar un huerto escolar. Con la ayuda de Cilda, la maestra, han diseñado un huerto de lo más original. Cada parcela está delimitada con botellas de plástico de diferentes colores y formas, donde crecen lechugas, zanahorias, perejil, cilantro y otras hortalizas.

Para facilitar el crecimiento, utilizan cubiertas vegetales para retener la humedad y proteger las hortalizas del sol y de los pájaros. Saben hacer semilleros y trasplantar en el momento adecuado, utilizando abonos orgánicos que ellos mismos preparan.

– Benita vive en la Comunidad de Las Casas, cerca de una de las zonas protegidas de Chuquisaca.

Es una mujer valiente y decidida, ha llegado a ser la presidenta de la Asociación de Mujeres Productoras Agrícolas.
Para conocer su realidad, tuvimos que desplazarnos desde Padilla. Tardamos más de una hora y media en coche por caminos difíciles. Llegamos cansados, por no decir agotados…

De pronto, oímos la explosión de cohetes y música. Una comitiva de bienvenida nos aguardaba en la zona. Mujeres y hombres portaban guirnaldas confeccionadas con productos de la huerta (allí había patatas, naranjas, zanahorias, manzanas…) que nos entregaron a cada uno de nosotros. Nuestro asombro fue total cuando nos invitaron a participar con ellos en una danza típica. Sus caras de felicidad mostraban su agradecimiento y calurosa acogida. Estaban deseosos de enseñarnos todo lo que habían conseguido con la ayuda de ACLO y Manos Unidas.

Su mayor orgullo era el huerto tan variado que habían logrado. Tenían sembradas todo tipo de hortalizas: zanahorias, calabacines, cebollas, lechugas, etc.

Benita, mujer emprendedora, emigró a Argentina y allí aprendió todo lo relacionado con el cultivo de la tierra. A su regreso, propuso a la comunidad introducir nuevos productos como la frutilla (nuestras fresas), así como el empleo de coberturas vegetales para mantener la humedad, que, poco a poco, van sustituyendo al plástico.

Ahora ya disponen de excedentes de producción que pueden comercializar en la feria quincenal de Padilla. Esta actividad, además de proporcionarles platita, les ofrece establecer una red social con otras comunidades.

Compartimos un plato especial que nos habían preparado con toda la ilusión a base de los productos de sus tierras. Pero el momento más emotivo de esta visita fue cuando todos enlazamos nuestras manos como símbolo de unión entre hermanos.

 

3. CENTRO YANAPASIÑANI DE LA PAZ:

– Rebeca y Yésica se conocieron en el Centro Yanapasiñani. Las dos viven en El Alto, al sur de La Paz.

Rebeca tiene una niña preciosa que se llama Mía.

Yésica es madre de dos niños muy inquietos, Yasmin y Luis Miguel.

Rebeca vive en un valle muy alejado. Tarda más de hora y media en llegar al Centro, pero nunca ha llegado tarde. Su puntualidad es premiada con la devolución del importe del billete de autobús. Cuenta con la ayuda de su madre, Doña Bernarda, quien la apoya en todas sus decisiones.

La casa donde viven no tiene ninguna comodidad, aun así han creado su hogar. En un patio abierto y destartalado, a la izquierda, hay una pequeña cocina, que a su vez sirve de cuarto de estar. Al fondo, a la derecha, dos habitaciones. Una cerrada y reservada al padre de Rebeca para cuando decida regresar, ya que hace más de un año que se marchó con la hija menor para no pagar la manutención. Ya ha creado una nueva familia y Doña Bernarda está sola. Para subsistir prepara desayunos que vende en la calle. En la otra habitación duermen los demás miembros de la familia. Carece de aseo, solo tiene un grifo a la entrada de la casa.

Yésica se cansó de su pareja y lo botó de su vida, era un hombre vago y la poca plata que ganaba, la gastaba bebiendo. Ahora vive sola con sus dos hijos en un cuarto de 3×3 metros, al fondo de un patio de una casa en construcción que es propiedad de una señora que se lo ha dejado para su uso, mientras cuide y vigile de la casa.
Una mínima cocina, un camastro donde duermen los tres, madre e hijos, y el resto de pertenencias esparcidas por el suelo, es todo lo que tienen. Ni tan solo un baño, solo un grifo en el patio de la casa.

Rebeca tiene 18 años y su bebita 8 meses. Fue producto de una relación con un joven de 25 años de la región del Beni, departamento limítrofe con Brasil.

Aparentemente, su pareja se ha responsabilizado de Mía y Rebeca, pero la realidad es que el matrimonio prometido no se ha celebrado y él sigue viviendo en el Beni, poniendo excusas varias como que su madre está enferma y él se ha roto la espalda. Rebeca está sola para cuidar de su hija y de ella misma.

Yésica tiene 25 años y hace 5 que tuvo a su hija Yasmín. Empezó con mucha ilusión su relación, que ha durado hasta que nació su segundo hijo, al darse cuenta de que era preferible intentar sacar adelante sola a sus hijos que seguir manteniendo a una pareja que únicamente consumía los pocos recursos con los que contaban.

Yesi está sumamente delgada, su pecho apenas produce leche, ya que su alimentación es muy deficiente. Básicamente, la comida que entra en esa casa es proporcionada por su madre, a escondidas de su padrastro.

Rebeca conoció Yanapasiñani a través del centro médico en sus revisiones y controles durante el embarazo.

A Yésica, por el contrario, se lo comentó una amiga de su madre que había oído hablar de los programas del centro.

Ambas han participado en los talleres de formación de costura y confección. Las dos llegaron al centro con muchos miedos, incapaces de comunicarse, sin saber ser madres y con poco apoyo económico para salir adelante. Las ganas de aprender, el contacto diario, el compartir los hilos, el apoyo de las profesoras y psicólogas del centro, el ir a recoger juntas a sus hijos cada día a la guardería de Yanapasiñani, las hizo ir cogiendo confianza y pronto compartían inquietudes.

En los talleres han adquirido los conocimientos necesarios para confeccionar y vender sus propias prendas. Han desarrollado las capacidades de comunicación y autoestima y han aprendido a considerarse a sí mismas personas importantes, independientemente de quién las acompañe en su caminar.

Se han endeudado para poder adquirir las máquinas de coser y desde Yanapasiñani y Manos Unidas se les ha proporcionado como capital semilla las telas iniciales con las que pueden confeccionar sus primeras prendas.
Ambas están ilusionadas con la creación de una sociedad conjunta, que les permita crear una línea de ropa de bebé y deportiva, con la que puedan sacar adelante sus vidas y la de sus familias.

 

La historia de Rebeca y Yesi, como las demás historias contadas, pueden tener un final feliz …. o no.
Todo va a depender del apoyo que reciban en todas las esferas de sus vidas. Estas historias nos han enseñado que hay lugar para la esperanza y que, desde Manos Unidas, junto con sus socios locales, se ponen en marcha procesos que tratan de fomentar sociedades más inclusivas y justas, así como alianzas entre hombres y mujeres para romper las barreras y obstáculos que minan la dignidad de los más desfavorecidos.

Equipo de Manos Unidas que viajó a Bolivia.