RAMON MARTÍ CARDONA

A medida que las personas vamos envejeciendo, lo normal es que vayan disminuyendo nuestras responsabilidades laborales y familiares y que cada vez dedicamos más tiempo a tener cuidado de nosotros mismos, hasta que llega un momento en que ya no nos podemos valer y son los otros los que nos cuidan.
Pero no siempre es así. Hay casos en que cuanto mayor se hace una persona, más “trabajo” se le presenta. Uno de estos casos puede ser la etapa en la que se tiene cuidado de los nietos. Etapa más bien corta y muy “agradecida” que nunca sobrepasa las posibilidades de los abuelos.

Pero hay otros casos en que, por razones económicas, familiares o de salud, las obligaciones requeridas a las personas ya mayores van aumentando a medida que envejecen. Esto suele pasar cuando un familiar enfermo, o dependiente por otras razones, depende exclusivamente y siempre de una o dos personas ancianas.

De estos casos posiblemente todos conocemos, sobre todo si vivimos en un pueblo. En Bellpuig hay unos cuántos que son grandes ejemplos de abnegación hacia la familia. Sin querer desmerecer de ninguna manera a los demás, puesto que todos merecerían salir aquí, destacaré uno entrevistando a su protagonista el 2 de octubre de 2016. Me refiero a Ramón Martí Cardona (de 87 años), marido de María Cunillera Solé (de 84 años e imposibilitada desde hace 12 años).

Ramón, ¿quién eres?

 Soy Ramón Martí, nacido hace 87 años en esta misma casa, que se apodaba “cal Mingot”, y he vivido siempre en Bellpuig. Empecé a trabajar a los 14 años de labrador, después en la Avícola Figueres y finalmente en Cárnicas Gemi. Estoy casado con María Cunillera desde hace 61 años y tenemos un hijo, una hija y tres nietos. De joven jugaba a fútbol y de mayor a la petanca. El club de petanca de Bellpuig lo fundé yo
(de lo cual me siento muy orgulloso) y fui presidente (creo que todavía lo soy, no lo sé seguro); también fui presidente de la Congregació dels Dolors y de La Joia d’Envellir (el club de jubilados local).

¿Qué le pasó a la María?

 En la Festa dels Dolors del año 2004, año que se celebraba el 300 aniversario de la llegada de la Virgen, teníamos que ser Priors los miembros de la junta de la Congregació, de la cual yo era el presidente. Unos días antes de esta fiesta, el 1 de abril exactamente, la María cayó debido a un ataque cerebral. Le quedó paralizado para siempre el lado izquierdo del cuerpo y, por lo tanto, se quedó sin ninguna posibilidad de moverse. Estuvo ingresada en Lleida un año y medio, después nos volvimos a casa donde vivimos los dos, excepto unas horas diarias en que la llevo al centro de día de la Residencia Bellpuig.

¿Cómo os ha afectado esto?

A mi mujer le cambió la vida pero a mí también. Desde entonces se le tiene que hacer absolutamente todo. En casa incluso le pongo la comida en la boca y, claro está, de todo esto me tengo que encargar yo, con 87 años y, últimamente, con problemas de vértigo y lumbago. Aun así tengo que “formar” cada día y todos los días del año. Suerte tengo de haber adaptado la casa con un ascensor, una grúa y un baño nuevo, y de la silla de ruedas eléctrica que usamos los dos.

¿Por qué lo haces?

 Primero que todo porqué es lo que ella quiere (no le gustaría nada ir a una residencia permanentemente) y es lo que creo que tengo que hacer, mientras pueda.

¿De qué manera crees que podría mejorar vuestra situación?

 A mí lo que me gustaría es que el dinero que la administración se gasta pagando una parte del centro de día de la María nos los diera a nosotros y, junto con las pensiones que cobramos, podríamos tener unas horas cada día una persona en casa que nos cuidara a los dos; pero esto la administración no lo quiere hacer.

También echo de menos un servicio de voluntarios como el que tenía la Cruz Roja de Bellpuig años atrás, en que iban a las casas a ayudar a los enfermos cuando lo necesitaban. Como esto ya no existe, estaría bien que hubiera un grupo de jubilados jóvenes y voluntariosos que dieran este servicio.

¿Eres creyente?

Sí, toda la vida lo he sido. De fiestas “dels Dolors” no me he perdido nunca ninguna y a misa he ido mientras he podido.

Por lo tanto, ¿todo lo que haces crees que sirve para algo más que para cumplir con la María y con tu deber?

Todo el mundo me dice que con lo que hago me he ganado el cielo, pero yo no lo hago por esto, lo hago porque me sale del corazón (aquí, Ramón se emociona).

¿Qué haces durante el día, además de cuidar a la María?

Si me encuentro bien y tengo tiempo, me voy al huerto. También hago conserva y mermeladas, veo la televisión y juego a la “butifarra” en casa con un ordenador.

¿Cambiarías algo de tu vida?

Si pudiera retroceder quizás aceptaría una oferta que tuve de joven para trabajar de fontanero en Barcelona. Entonces no lo pude aceptar porque en casa había los padres y tierras, y yo era el heredero.

¿Te gusta o te sabe mal cumplir años?

Ni una cosa ni la otra. Los años tienen que pasar. Si hay salud está bien cumplir años, si no la hay lo pasas mal. La ilusión de vivir no se pierde nunca si uno se encuentra bien. La vida, según cómo, es muy larga pero también es muy corta. En la vida tendríamos que tener siempre la fortaleza, la voluntad y la ilusión que tenemos a los 40 ó 50 años, que es cuando una persona está ya hecha y tiene todo el conocimiento, porque cuando eres joven solo tienes pajaritos en la cabeza, y cuando eres viejo los pajaritos se van y no te queda nada.

En estas edades, ¿queda futuro? ¿hay alguna aspiración o deseo por lograr?

Sí. En mi caso, la ilusión más grande para lo que me queda de vida sería que pudiera ver la independencia de Cataluña, ¡sería el hombre más feliz del mundo!

Y aquí se acaba la entrevista, felicitando a Ramón Martí Cardona por todo lo que está haciendo, agradeciéndole sus palabras y deseándole todo lo mejor.

 

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