DANIEL DAN

Entrevista realizada el 30 de Noviembre de 2016 al Sr. Daniel Dan, de nacionalidad rumana y con 48 años de edad, que llegó a Catalunya hace 15 años, viviendo los 2 primeros entre Bell-lloc y Mollerussa, y los 13 últimos en Bellpuig. Vive con su esposa y tiene 4 hijos, algunos ya emancipados.

Daniel, ¿cómo se vivía en Rumanía antes de que emigraras el año 2001?

Después de la revolución que sacó a Nicolae Ceausescu del gobierno, el año 1989, se fue privatizando todo, se ganó en libertades civiles pero desapareció la cobertura gubernamental de las necesidades básicas para toda la población. Todos los productos se encarecieron pero los sueldos subieron muy poco, por lo que se vivía muy mal y se produjo una gran emigración.

¿Cómo se vive ahora allí?

Estuve este pasado verano. El país lo he visto un poco peor que antes de venir. Con Ceausescu no podías decir nada y no podías comprar porque no tenias dinero. Ahora puedes decir lo que quieras, las tiendas están muy llenas… pero todo es muy caro. Por ejemplo, la gasolina está más cara que aquí y, en cambio, los sueldos son de unos 300 euros al mes. Además, la gente está muy negativa, habla mal de los políticos, de los médicos, de la policía, habla mal de todo. No hay ninguna ilusión ni esperanza.

¿Qué hacías allí antes de venir a Catalunya?

Trabajaba en una empresa privatizada que después cerró. Con la indemnización que me dieron me compré un taxi, y eso es lo que hacía antes de venir a España, de taxista.

¿Tenias estudios?

Hice el bachillerato y 2 años de formación profesional en metalurgia.

¿Por qué emigraste?

Lo hice porqué en Rumanía no veía ningún futuro para mis 4 hijos, por mucho que trabajara.

Yo no sabía que me esperaba en el extranjero pero, como tengo mucha fe en Dios, confiaba en que nos podía ir mejor.

¿Por qué escogiste Catalunya?

No conocía Catalunya, ni España, pero tenía un amigo en Mollerussa que me buscó trabajo y me preparó el terreno antes de venir.

¿Cuándo tiempo tardó tu familia en reunirse contigo?

Primero vino mi esposa de visita y después toda la familia ya para quedarse, más o menos al cabo de un año y medio.

¿Habías pensado en otros destinos antes?

Sí. Unos años antes había pensado ir a Austria, porque allí también tenía un amigo. Pero mis hermanos mayores estaban en el extranjero y mi padre se encontraba paralítico, necesitando muchos cuidados, por lo que no lo lleve a cabo. Después, otro hermano menor ya tuvo edad para cuidar a nuestros padres y fue cuando tomé la decisión de venir a España. Actualmente este hermano vive en Mollerussa.

¿Por qué crees que tanta gente de Rumanía elige España para emigrar?

Más que nada vas donde tienes familiares o amigos. Además, también en Alemania, Austria, Italia y Francia hay muchos emigrantes rumanos, poca gente se ha quedado en Rumanía.

Al venir, ¿tuviste dificultades con el idioma?

Yo, cuando vine, solo sabía que venía a España, pero no sabia nada de Catalunya. Hasta que llegué aquí no me enteré de que se hablaba otro idioma, el catalán. Mi amigo no me lo dijo. El idioma es un gran problema hasta que lo aprendes. Pero aquí, cuando aprendes un idioma, si dices algo mal nadie se ríe, se es muy tolerante en este aspecto. En cambio, en Rumanía, cuando alguien habla mal el rumano enseguida se ríen y burlan.

¿En qué has trabajado aquí?

Empecé como peón de la construcción. Con este trabajo tan físico lo pasé mal, ya que no había trabajado nunca así. En Rumanía, en la fábrica era controlador de calidad y, después, taxista autónomo. Actualmente trabajo en una fábrica de cables eléctricos de Bellpuig, donde manejo máquinas y estoy muy bien.

¿Qué tal se te acogió aquí?

Te voy a ser muy sincero. He escuchado a muchos inmigrantes que me han dicho que aquí lo han pasado mal, pero yo he encontrado siempre gente buena y que me ha ayudado. No puedo decir nada de malo, ni de Bell-lloc, ni de Mollerussa, ni de Bellpuig.

En Bell-lloc tenía mucha relación con los vecinos: salíamos todos los días al anochecer a la calle para hablar, cosa que también hacía en Rumanía. También nos facilitaron mantas, platos, etc. Además, en la parte de Bell-lloc donde vivíamos había pocos niños y los nuestros, como eran cuatro, atraían hacia allí a otros niños del pueblo, dándole vida a la zona.

No obstante, ¿qué habría que hacer para mejorar la acogida de los inmigrantes?

Lo único que recomendaría es que se procurara darles una oportunidad laboral, de integración, etc. Cuando llega alguien, alquila un piso y nadie le conoce, se tarda mucho tiempo en establecer una relación con los vecinos, al menos para llegarlo a conocerlo bien. Habría que intentar conocer a los extranjeros para ver que posibilidades tienen, hasta donde pueden llegar, etc.

En la legislatura municipal anterior era miembro de la Mesa de la Inmigración (ahora ya no existe) y también colaboré con un partido local. Todo ello lo hice por mi deseo de crear a nivel municipal una oficina de apoyo al inmigrante, atendida por voluntarios inmigrantes y que abriera  unas horas cada semana, para informar a los inmigrantes de cualquier país en cuestiones como: pedir  la tarjeta sanitaria, escolarizar a los niños, conocer que cursos de idiomas hay en la población, etc., tuvieran o no papeles. También habría de existir una bolsa de trabajo con ofertas para la recogida de fruta, limpiar casas, etc.

En cuanto a tu esposa, ¿qué problemas tuvo que afrontar ella al llegar aquí?

Su problema más grande y prolongado fue el idioma, puesto que al no encontrar trabajo durante mucho tiempo, no tenía ocasión de relacionarse con los de aquí y aprender el idioma. Hoy tiene ambas cosas resueltas.

Y tus hijos, ¿qué problemas tuvieron?

Los hijos llegaron a España con 13 años la mayor y 5 la pequeña, y se adaptaron muy bien. Su única dificultad fue cuando cambiamos de Bell-lloc a Mollerussa y después a Bellpuig, por los amigos. Ellos están también muy contentos de estar aquí.

¿Qué aspectos de la cultura de tu país extrañas más?

Hay algo muy bonito que hacia allá en Navidad  y es que los feligreses de la iglesia cristiana recorríamos las calles y algunas casas, mientras nevaba, cantando canciones. Se salía a transmitir el mensaje de Navidad. Me acuerdo mucho de ello. Los rumanos que no son de nuestra religión también hacen algo semejante, vestidos con pieles de ovejas, etc.

Los inmigrantes rumanos lo hemos probado de hacer aquí pero no resulta lo mismo, no hay nieve, no hay tradición…

¿Qué aspectos de la cultura de Catalunya te sorprendieron más?

Me ha sorprendido la fiesta de los Reyes, puesto que es una celebración mucho más cercana a la biblia que Papa Noel. Por eso me ha gustado mucho. En Rumanía se celebra Papa Noel pero no los Reyes.

También me ha sorprendido la procesión “dels Dolors” de Bellpuig.

¿Qué diferencias son más ostensibles entre Rumanía y Catalunya?

Hay muchas y muy importantes diferencias.

Por ejemplo, aquí, si voy al Ayuntamiento me atenderán como a otro cualquiera, lo antes que puedan y sin pagar nada. En Rumania, para conseguir un papel o una firma del Ayuntamiento, siempre hay que dar algo de dinero bajo mano, si no te lo resolverán al cabo de mucho tiempo y de mala gana.

Si vas al médico, igual. Mi madre vivió un tiempo con nosotros aquí entando enferma de cáncer. Pues tanto en Bellpuig como en el hospital de Lleida la trataron tan bien como a cualquier otra persona más importante o rica. Incluso el Jefe de Oncología vino a verla, le besó la mano y se interesó por ella. En el hospital, cada día le cambiaban las sabanas.

En Rumanía, para que te cambien la cama una vez a la semana hay que pagar; para ponerte una inyección hay que pagar o darle alguna cosa a la enfermera; para entrar en el hospital hay que darle una propina al portero, etc. Con la policía pasa igual.

Cuando aquí me para la policía estoy contento porque sé que está para protegerme, está a mi favor. En Rumanía, si te para la policía es para sacarte algo. La corrupción esta en todos los lugares.

¿A Rumanía, le ha servido de algo la Unión Europea, aunque haya sido uno de los últimos países en entrar?

Lo que le ha sucedido a Rumanía es que, cuando le tocaba a la Unión Europea ayudarla, ha venido la crisis y se han quedado las ayudas medio suspendidas.

¿Hay tanto consumismo como aquí?

En Rumanía hay un 15 % de la población que tiene bastante o mucho dinero. Pero también hay una gran parte de la población que no tiene nada en la nevera para comer pero tiene un televisor último modelo, para que si viene alguien de visita lo vea.

A parte de trabajar, ¿qué otras cosas haces aquí?

Voy a la Iglesia Evangélica de Mollerussa, donde ayudo al pastor en las celebraciones.

Tocaba la trompeta en la Banda Municipal de Bellpuig, pero lo he tenido que dejar por incompatibilidad horaria cuando hago turno de tarde.

Soy voluntario de Cáritas Bellpuig, donde me encargo de recoger  casi todos los días, con mi furgoneta, los alimentos donados por los comercios Plus Fresc y Consum. También mi mujer ayuda todos los jueves en la tienda de Cáritas.

Un grupo de amigos de diversos pueblos hacemos, semanalmente y en mi casa, unas reuniones  donde hablamos de diferentes cosas, compartimos problemas, nos ayudamos, etc. y también comentamos un poco la Biblia. Estas reuniones están abiertas a todo aquel que quiera venir.

También hago de abuelo.

Con 48 años y tu trayectoria, ¿qué esperas más de la vida?

Mis padres me enseñaron que por donde pasas tienes que dejar siempre algo bueno, porque puede que no recojas tu mismo su fruto pero seguro que lo recojan tus hijos o tus nietos. Siempre hay que sembrar cosas buenas, porque alguien,  algún día, las va a recoger. Por lo tanto, esto es lo que espero, poder “sembrar”.

También espero ver a mis hijos casados y poder cuidar y enseñar a mis nietos.

Y, puesto a soñar, si tuviera dinero haría un gimnasio para la gente que no tiene dinero y está muy gorda, y no quiere ir a un gimnasio por vergüenza. También haría una cafetería al lado del gimnasio con zumos y otros refrescos o alimentos naturales, donde no se vendiera alcohol. No lo haría para ganar dinero sino para ayudar a esta gente.

Y aquí acaba la entrevista a un rumano, Daniel Dan, que con sus palabras nos ha demostrado que la plena integración de los inmigrantes no solo es deseable sino también posible.

Muchas gracias, Daniel.

De nada. Que Dios bendiga a Rumanía y también a Catalunya.

 

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