FANATISMO DEPORTIVO

elnuevoherald.com   2-9-2017  Eduardo M. Barrios  (Resumen)

 

Sorprende que los hombres se tomen muchas cosas “como un juego”… excepto sus propios juegos. Por ejemplo, se toman muy en serio los deportes. Cuando se los toman demasiado a pecho se cae en el fanatismo.

El fanático cae en un estado mental de exaltación que podría calificarse de locura parcial. Hay quien funciona muy cuerdamente en muchos ámbitos de su vida, pero experimenta una transformación monstruosa cuando de su deporte favorito se trata.

En el estadio donde se celebra el choque entre dos equipos, el caballeroso profesional pierde las inhibiciones. Si su equipo va ganando, salta y chilla como un chiquillo; y si va perdiendo, muestra frustración y cólera.

El fanático se adhiere incondicionalmente a su equipo. Lo malo es que con frecuencia se destapan las bajas pasiones, y el amor por lo propio puede ir acompañado de odio por los equipos contrarios, hasta el punto de alegrarse si un jugador del bando opuesto se lesiona. Eso va en contra de la más elemental nobleza humana y cristiana.

También demuestran mal corazón los fanáticos ganadores que se burlan y se ensañan contra el equipo perdedor.

Todos los años fallece algún fanático en pleno juego por infarto del miocardio. Y todos los años se registran casos de violencia entre los fanáticos de los equipos en contienda. Hasta los ingleses, que tienen merecida fama de corteses, moderados e incluso flemáticos, se convierten en fanáticos violentos: les dicen “hooligans”.

¿Dónde se encuentran las raíces del fanatismo? San Ignacio de Loyola diría que en los afectos desordenados.

El primer desorden consiste en el apego desordenado a la propia opinión o juicio. Si alguien opina que su equipo es el mejor y que merece ganar, no acepta las derrotas. También se suele identificar un equipo con la propia ciudad o país. Ahí el fanatismo surge de un mal entendido patriotismo. Si el equipo pierde un juego, el fanático siente que perdió su país o ciudad, como si de una guerra se tratase.

Puede considerarse desorden buscar compensaciones en las victorias deportivas. Imaginemos a un hombre con poco talento para el deporte. El juego le sirve de experiencia vicaria. Siente que él no es un simple espectador, sino un jugador más. De ahí que si el juego culmina en victoria, el fanático diga, “ganamos”; así, en plural.

Los fanatismos privan al hombre de su libertad. Se experimentan como adictos al espectáculo. Eso les quita tiempo para cultivar otros intereses de mayor valía, y les impide cumplir con muchos compromisos sociales; sienten que no pueden perderse ni un solo juego. Algo parecido sucede a algunas damas con las telenovelas; no pueden aceptar invitaciones si entran en conflicto con la hora de la transmisión.

EL FANATISMO DEPORTIVO Y SUS CONSECUENCIAS

rpp.pe   (Resumen)

 

¿Por qué el fútbol es un deporte que despierta pasiones y sentimientos encontrados al extremo de exacerbar los ánimos y terminar en violencia, en muchos casos? Una muestra de ello son los enfrentamientos entre los grupos radicales simpatizantes de los equipos más populares del medio.

El fútbol es un deporte que a lo largo de la historia de la humanidad, desde que fue inventado, se ha convertido en un referente simbólico en el ámbito local y regional, trascendiendo fronteras.

Desde temprana edad las personas se familiarizan con un equipo determinado, y en cierta forma ven reflejada su identidad en él; y dentro de ese concepto el fútbol se convierte en una suerte de religión de la cultura del entretenimiento que se da aquí o en cualquier lugar del mundo.

Precisamente, una manera en que los hinchas demuestran su fidelidad y entrega al equipo de sus amores es mediante los cánticos, gritos y lemas, que también van acompañados de llanto, frustración e ira, cuando su equipo pierde.

Es en estas circunstancias que se forman los grupos radicales, teniendo en el fútbol y sus ídolos un medio de escape a sus problemas cotidianos, a sus carencias, a la falta de empleo, entre otros. Este tipo de personas buscan sentirse aceptadas integrándose a estos grupos para, precisamente, evadir o desahogar las penas que los aquejan.

La defensa “a morir” de los colores de su equipo se convertirá en una parte esencial de su razón de ser; y el hecho de que otros hagan lo mismo con sus propias escuadras, exacerbará aún más los ánimos, al extremo de querer demostrar a como dé lugar que ellos son superiores.

¿Qué motiva a los grupos radicales a exhibir conductas violentas y destructivas contra los hinchas de otros equipos?, ¿por qué es difícil aceptar la derrota?, y si son triunfadores, ¿por qué ensañarse con el vencido?

Esta es quizás una de las tareas más importantes que las autoridades respectivas y la sociedad en general debe tomar en cuenta educando desde la escuela, la familia, los medios de comunicación y sociedad en general, para fortalecer la salud mental de la población; y de esta manera el “deporte rey” en vez de convertirse en un acontecimiento trágico, se convierta en un espectáculo en el cual todos salen ganando.