LA BARCA, LA MANTA Y CATALUÑA

La Tierra es como una gran “barca” donde todos sus habitantes nos alojamos y viajamos.
En esta barca hay unos espacios muy privilegiados, otros que no lo son tanto y, una buena parte, son espacios malos o muy malos para vivir.
Que se habite en un espacio u otro, de entrada, es una cuestión de “suerte” en el momento de nacer, puesto que nadie puede escoger donde lo quiere hacer. Nos toca “allí” y ya está.
Estos espacios tienen inherentes unas circunstancias que les hacen mejorar o empeorar sus condiciones de vida, como por ejemplo los recursos disponibles, el clima, el tipo de gobierno, la religión, la cultura, etc.
Además, nos puede tocar “navegar” con una familia que nos facilite las cosas o, por el contrario, que nos condicione muy desfavorablemente nuestro desarrollo como personas (¡más circunstancias!). Y esto también es cuestión principalmente de la “suerte” que tengamos en el momento de nacer.

En esta barca, aunque sea muy grande, lo que pase de bueno o malo en un espacio acaba repercutiendo más o menos en todos los demás. Por lo tanto, como todos viajamos juntos y hacia el mismo destino, es muy importante disponer de unas normas de convivencia. También es necesaria una distribución justa de los recursos, deberes y obligaciones, según las posibilidades de cada cual, que procuren neutralizar las circunstancias que le ha tocado vivir a cada persona.
Por esta razón y porque nos obliga la necesaria solidaridad, a lo largo de nuestra vida, cada persona tendríamos que procurar mejorar no solo nuestras propias circunstancias sino, sobre todo, las de las personas más desfavorecidas.
También hay que tener un buen cuidado del estado de la barca común que nos aloja y traslada a todos (el llamado medio ambiente). Cada cosa que hacemos en perjuicio de la barca, es un nuevo agujero de carcoma que se produce en nuestro espacio de la barca pero que acabará repercutiendo en su totalidad.

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Una condición muy importante para el buen funcionamiento de la “barca” es que haya una buena convivencia en cada uno de sus espacios.
Las personas siempre hemos estado y estaremos vinculadas con otras personas. Una de las circunstancias que nos hacen vivir mejor o peor en sociedad es la llamada “convivencia”, que es la relación armoniosa de las personas en un mismo espacio. Por lo tanto, la convivencia es importantísima tanto para las personas en particular como para la sociedad en general.
Para conseguir una buena armonía son imprescindibles valores como el respeto, la tolerancia y el entendimiento con los otros, aunque piensen y actúen de manera contraria a la nuestra. En cambio, si mantenemos siempre una actitud crítica, la convivencia se resentirá y no será posible.

Cataluña en particular y España en general son unos espacios “privilegiados” de la gran barca que a todos nos aloja. Pero últimamente se está produciendo un importante deterioro de la convivencia. Las razones de este deterioro seguramente no son las mismas para los independentistas que para los unionistas, para los moderados que para los radicales. Posiblemente de razones haya muchas y de culpables también.
Ahora bien, tanto como las razones y los culpables, es importante el resultado final. Y este no lo auguro muy plácido según los acontecimientos que se están produciendo desde hace tiempo: acusaciones y contraacusaciones que inflaman cada vez más la gente de uno y otro lado; acciones y reacciones cada vez más osadas; en resumen… más radicalización y, como consecuencia, menos convivencia.
Parece como si todo valiera, que nada tuviera consecuencias, pero no es así, cada hecho de ahora queda memorizado y nos pasará factura tarde o temprano.

Todas las personas que convivimos en la barca compartimos una especie de “manta” protectora que se podría equiparar a la imprescindible “convivencia”. Cada acción que se emprende contraria al entendimiento entre las partes y a la convivencia entre la gente, equivale a producir un “descosido” en nuestro espacio de la manta, el cual repercute, a la larga, en la manta entera. ¡Y ya son muchos los descosidos que se han producido en nuestro espacio (Cataluña y España) en poco tiempo!
Hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y se hace. Antes, hay que pensar y valorar muy bien sus posibles consecuencias. Y esto no lo digo pensando solamente en los políticos, sino también en la gente de la calle de uno y otro lado que, cada vez más, quiere realizar sus “aportaciones”.

Tarde o temprano llegará otra vez la normalidad (una “normalidad”, la que sea) y entonces pesarán mucho los descosidos que entre unos y otros hayamos producido a la manta (a la convivencia), y nos será muy (¡muy!) difícil “zurcirlos”.
Cuanto peor obremos ahora, mucho más difícil nos será después recuperar la convivencia y el bienestar común. Convivencia que, estoy seguro, nos será imprescindible también el día de mañana (como la manta protectora de la barca), sean cuales sean las circunstancias de entonces, no solo entre catalanes sino también entre catalanes y españoles, puesto que hoy en día todo y todos estamos interconectados. Además, son tantos los vínculos que nos unen a todos, que sería una gran pérdida no mantenerlos: familiares, económicos, culturales, lingüísticos, geográficos, etc. Conclusión: que pase lo que pase nos tendremos que volver a “reajustar”.
Por lo tanto, basta de boicots comerciales, mensajes nocivos en las redes, calumnias, mentiras, burlas, insultos, zancadillas, revanchas, odios, etc. que puedan ofender a los “otros”, puesto que no aportan nada a la solución del problema (para defender una causa no hace falta nada de todo esto) y, como he dicho antes, ¡todo queda memorizado y nos pasará factura a todos tarde o temprano!

Enric Segarra Bosch
10 de noviembre de 2017