EL EGOÍSMO

El significado opuesto o inverso de la palabra “solidaridad” es “insolidaridad”, pero también lo es “egoísmo”.

Se llama egoísmo a la actitud de quien manifiesta un excesivo amor por sí mismo, ocupándose solamente de aquello que es para su propio beneficio, sin atender ni reparar en las necesidades de los demás.

El egoísmo, por lo tanto, es un concepto opuesto a la solidaridad ya que ésta se refiere a ayudar sin recibir nada a cambio.

El egoísmo, como tal, es una actitud que dificulta la relación con el prójimo, pues la persona egoísta trata y hace sentir a los demás como si no existieran, o como si sus preocupaciones o ideas no importaran. De ahí que también se lo compare con el individualismo.

En este sentido, el egoísmo es un antivalor, opuesto a valores tan importantes para la convivencia humana como la solidaridad, la gratitud o el altruismo.

LAS PERSONAS EGOÍSTAS COMPARTEN ESTOS 6 RASGOS

Resumen del escrito de Xavier Molina publicado en psicologiaymente.net

El egoísmo es una actitud ante la vida que nos cuesta reconocer en nosotros mismos, solo lo percibimos en los demás.

Todos hemos conocido a personas muy egoístas durante nuestra vida, pero es mucho más complicado detectar este tipo de hábitos y actitudes en uno mismo. Preferimos creer que si actuamos así alguna vez, es porque no nos hemos dado cuenta o lo intentamos justificar con cualquier excusa que no nos haga sentir mal.

Todos sabemos qué significa ser egoísta: mirar solo por el beneficio propio, y raramente mover un dedo por los demás si no es porque vamos a obtener una compensación.

Seguidamente vamos a mostrar algunas características que definen a las personas egoístas; conductas y hábitos cotidianos que nos pueden advertir de que solamente vamos a recibir su ayuda si obtienen algo a cambio.

  1. Aprovechan la situación para salir beneficiadas.

Es bastante frecuente que traten de obtener algún tipo de beneficio de las situaciones cotidianas. Son pequeños detalles que pueden pasar desapercibidos, como por ejemplo pagar menos en una cena entre amigos, ir siempre en el coche de alguien o copiar en un examen.

Las personas egoístas suelen buscar pequeños recovecos diarios para sacar provecho de una forma un tanto ilegítima. Todos en alguna ocasión hemos actuado así, y tampoco es nada de lo que preocuparse, pero hay algunos individuos que se exceden en este tipo de actitudes y son expertos en sacar rendimiento de múltiples situaciones.

  1. Son poco propensas a compartir.

Si en el punto 1 hablábamos de la capacidad de las personas egoístas para sacar provecho de ciertas situaciones cotidianas, en este segundo punto destacamos su poca propensión a compartir.

Por ejemplo, cuando un amigo eventualmente no lleva dinero encima con el que pagar la entrada de cine, son muy reacios a ofrecerse para pagar ellos. Sucede lo mismo con todas las posesiones materiales (e inmateriales en ocasiones): no les gusta hacer partícipes de ellas a terceras personas, prefieren disfrutarlas en soledad. Dan mucha importancia a la exclusividad, a sentirse bien por ser los únicos que pueden disfrutar de un cómic nuevo, un videojuego, un libro, un coche…

  1. Llevan al extremo el principio de reciprocidad.

…O podríamos decir que son un poco rencorosas. Si cuando es su cumpleaños te invita a su fiesta y no le haces ningún regalo, seguramente no te dirá nada pero apuntará tu nombre en la lista negra, y olvídate de recibir algún detalle por su parte en el futuro.

Estas personas suelen tener una concepción de las relaciones humanas con ciertos esquemas económicos: solo dan algo si van a recibir algo a cambio. No acostumbran a tener detalles de forma desinteresada.

  1. Raramente se desprenden del “último ejemplar”.

Si le pides a un individuo egoísta un chicle o un poco de agua que les queda en una botella… olvídate de que te lo den. Encontrarán una excusa para reservarse para ellos esas pocas existencias, no se arriesgarán a quedarse sin ellas.

Para ello podrán recurrir desde a justificaciones más o menos creíbles hasta mentiras. Por ejemplo, es bastante habitual que, si les pides un chicle y solo les queda uno, te aseguren que ya se les han acabado.

  1. Temen prestar cualquier cosa.

Si le pides algo prestado a una persona egoísta, es bastante probable que no te lo ceda a no ser que haya un motivo de peso para hacerlo (por ejemplo, que te pueda pedir algo a cambio, o que se reserve el favor para usarlo en el futuro).

Piensan que prestar ese bolígrafo, libro, disco… supondrá la posibilidad de que no vuelva a sus manos. E incluso puede que piensen con un criterio economicista “¿Para qué lo voy a prestar si no es a cambio de algo?”.

  1. Aplican la ley del mínimo coste.

Este tipo de personas solo están dispuestas a recoger con su coche a un amigo si éste vive cerca, o si el sitio les viene de camino. No contemplan la posibilidad de desviarse de su rumbo para hacer un favor a alguien.

En definitiva, las personas egoístas aplican un criterio de eficiencia a su vida social, con lo cual pueden resultar desagradables, demasiado frías y calculadoras y poco amistosas.

Por suerte, todos estamos a tiempo de detectar si somos un poco egoístas y empezar a pensar de otro modo, con principios y actitudes que nos ayuden a conectar con los demás y fomentando la empatía.