LA INTEGRACIÓN DE LOS INMIGRANTES

Desde hace bastantes años, son muchísimos los inmigrantes que vienen a nuestro país en busca de una vida mejor para ellos y su familia (al revés de lo que sucedía en los años 60, en que éramos nosotros los que emigrábamos). Esto trae consigo una serie de problemas de adaptación y de integración que tanto ellos como nosotros tendremos que ir solucionando. Es necesario mantener una convivencia pacífica e integradora en beneficio de todos.

Uno de los problemas fundamentales al que hay que hacer frente para que se produzca la integración de los inmigrantes es el racismo y la xenofobia, los cuales representan una amenaza para nuestra sociedad. Es necesario realizar una lucha activa contra estas amenazas y poner todos los medios para combatirlas.

Racismo y xenofobia son términos diferentes, aunque presentan algunas connotaciones parecidas. El racismo es el conjunto de teorías y creencias que establece la diferencia racial y supremacía de unos pueblos sobre otros. La xenofobia es una actitud hostil y de rechazo hacia los extranjeros, los inmigrantes, las personas que vienen de otros países para quedarse a vivir en el nuestro temporal o definitivamente.

En muchas ocasiones, la xenofobia se produce por causas económicas, creemos que los inmigrantes se van a convertir en nuestros competidores en la búsqueda de empleo y aceptarán sueldos tan bajos que harán que se abaraten algunos puestos de trabajo, etc. En cambio, los prejuicios que algunas personas tienen hacia los inmigrantes no suelen darse en aquellos que poseen un alto nivel económico: ellos siempre son bien recibidos en todas partes.

La inmigración a la que en este escrito me refiero se produce por la situación de pobreza y las escasas oportunidades de salir de ella o de prosperar que algunas personas tienen en su país de origen; no me refiero a los inmigrantes forzosos a causa de conflictos bélicos en sus países, etc.

Los inmigrantes, una vez aquí, lo primero que desean es encontrar un trabajo que les permita ahorrar dinero para mandarlo a sus familiares. Suelen ser trabajos muy duros y con sueldos bajos, siendo poco el dinero que les queda para mandarles, pero la cantidad que les llega es alta con relación a nuestro país, debido a la diferencia del nivel de vida.

Pensamos mucho en los posibles efectos negativos de la inmigración, la mayoría de ellos falsos o exagerados, pero rara vez pensamos en el inmigrante, en la vida que lleva y en sus sentimientos. Los prejuzgamos y no consideramos la situación tan extrema en la que se han tenido que encontrar para dejar su país, familia, costumbres, idioma y amigos, o como sucede en algunos casos, para arriesgar su vida en el intento de ir hacia un mundo mejor.

Nos tenemos que dar cuenta de que el inmigrante tiene que realizar un gran esfuerzo para adaptarse. Su deseo de emigrar se transforma en una dura realidad cuando llegan a nuestro país o a cualquier otro. Tienen que habituarse a los grandes cambios que sufre su vida en distintos aspectos y a hacer frente a los problemas y dificultades que eso conlleva, en unas condiciones muy precarias.

Se encuentran solos, sin familia ni amigos, y sin recursos. El lenguaje, en muchos casos, es diferente y en poco tiempo tienen que aprenderlo para poder comunicarse mínimamente. Las costumbres y forma de vida son distintas, desconociendo el territorio; muchas veces se encuentran ante una sociedad hostil que los trata con prejuicios; se enfrentan a un trabajo nuevo; comparten vivienda con personas que apenas conocen; sienten soledad, desarraigo y sentimientos de fracaso; algunas veces incluso se encuentran en situaciones extremas de supervivencia; etc.; todo esto les genera mucha tensión y conlleva una serie de cambios psicológicos muy intensos.

Es necesario facilitarles el proceso de adaptación y, sobre todo, no complicarles ni dificultarles todavía más su estancia en nuestro país. Si conseguimos que se integren plenamente en nuestra sociedad, evitaremos problemas y lograremos que la convivencia sea más sencilla para todos. Para ello debemos:

– Tomar una actitud claramente contraria al racismo y manifestar nuestro rechazo ante cualquier comentario racista. Toda persona merece nuestro respeto independientemente de su raza, color, religión o nacionalidad.
– Estimular la empatía hacia los inmigrantes y educar en la tolerancia mutua, los derechos humanos, la solidaridad, el respeto por otras culturas y religiones. Buscar siempre una convivencia pacífica.
– Transmitir pensamientos de unidad entre todas las razas y culturas, y educar con la idea de que la sociedad del futuro será una sociedad multicultural. De nuestras actitudes dependerá tener una convivencia pacífica e integradora. Todo el mundo tiene que mentalizarse del cambio que está sufriendo nuestra sociedad (y todas las sociedades) y prepararse para aceptar y respetar a otros.
– Concienciar a las personas de la obligación moral y ética de tratar a todos por igual y no permitir ningún tipo de injusticias. Debemos denunciar las injusticias salariales, la discriminación en la búsqueda de empleo, vivienda, etc.
– Es conveniente pensar en positivo, considerando los beneficios de la inmigración: aumentan de la natalidad, generan más cotizaciones a la seguridad social, impulsan la economía en sectores donde la mano de obra es barata y favorecen el conocimiento de otras culturas.
– El inmigrante también tiene que adecuarse a la cultura en la que se está insertando y ser respetuoso con las tradiciones, cultura, costumbres y pensamientos de los hombres y mujeres del país en el que vive. Un inmigrante, por ejemplo, no puede pedir un trato de igualdad en su trabajo, en su colegio, etc. y no respetar los derechos de igualdad de la mujer.

Cuando los inmigrantes tienen un trabajo y se ha estabilizado su situación, lo primero que procuran es traer a su esposa y a sus hijos. La inmigración está planteando serios problemas de adaptación en las escuelas. Las familias de estos alumnos, en algunos casos, suelen tener un nivel socioeconómico más bajo que el de los alumnos nacionales. Esto supone una menor implicación escolar de los padres y, en consecuencia, un menor seguimiento en sus resultados académicos.

Pero uno de los problemas fundamentales está en la integración de los alumnos de origen inmigrante con el resto de los niños nacionales. Para que la integración se produzca plenamente, es necesaria la intervención tanto de profesores como de los padres de unos y de otros.

Los profesores, a parte de no permitir ningún tipo de discriminación dentro del colegio ni comentario prejuicioso, deberían incentivar un acercamiento hacia estos alumnos y su cultura, desarrollando actividades que permitan un mayor conocimiento de esta cultura e informando sobre los derechos humanos.

Por su parte, los padres han de actuar despertando en sus hijos el interés por conocer a las personas que les rodean y enseñándoles a aceptar costumbres diferentes. Deben inculcar a sus hijos el respeto hacia los demás y el valor de la justicia y la tolerancia. Por otro lado, los padres de estos niños inmigrantes deben adaptarse a la situación y a las costumbres del país que los acoge y respetarlos, enseñando a sus hijos a respetarlos también.

Es necesario que los hijos de los inmigrantes estén plenamente integrados en las escuelas, ya que esto facilita su futura integración en la sociedad como adultos.

En resumen, que la sociedad en su conjunto puede y debe colaborar en la disminución de las dificultades que afrontan quienes llegan de otros países en busca de un futuro mejor; si así lo hacemos, no solo habremos cumplido con nuestro deber humano sino que también nos irá mejor a todos.

(Escrito basado en el de la psicóloga Trinidad Aparicio Pérez publicado en www.pulevasalud.com)

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