BIENAVENTURANZAS DE LA PANDEMIA

– Felices las personas que tienen como profesión la limpieza, porque hacen viables los espacios para la vida y nos recuerdan que la higiene es la primera y más básica de las prevenciones.

– Felices las personas que tienen cuidado, en casa o en un centro, de la fragilidad que nos es más querida, en toda circunstancia y arriesgando su salud.

– Felices las personas que están pasando en soledad todo este confinamiento. Ojalá que se sientan queridas por todos.

– Felices las personas profesionales de la salud, porque ponen con mucho esfuerzo sus conocimientos y sus habilidades al servicio de la salud de todos, y nos enseñan el valor de la generosidad.

– Felices las personas el trabajo de las cuales no se ve porque no sabemos de logísticas, pero que con imaginación, rigor y disciplina consiguen ensanchar los espacios del cuidado y la solidaridad y velar por la seguridad de todos.

– Felices las personas que hacen investigación, porque su estudio nos devuelve la esperanza.

– Felices las personas que trabajan en el campo, porque de su atención a la naturaleza sale el alimento imprescindible.

– Felices los hombres y mujeres que son maestros y profesores y que hacen sentir su rescoldo a los más pequeños y a los jóvenes, más allá de los conocimientos.

– Felices los trabajadores y trabajadoras que, desde casa y a menudo con medios escasos, procuran que continuemos disponiendo de los servicios necesarios y que la economía no se hunda.

– Felices las personas que han perdido el trabajo, o que no pueden llegar a fin de mes, porque nos recuerdan que para hacer posible la justicia de Dios tenemos que cambiar muchas cosas de nuestra forma de vivir.

– Felices las personas que se ocupan estos días de velar porque los niños se sientan queridos, que la alegría que crean les ilumine la vida.

– Felices los hombres y mujeres que hacen trabajos poco valorados y mal pagados: repartiendo paquetes, reponiendo estanterías, despachando, conduciendo, porque nos han devuelto el sentido del agradecimiento.

– Felices los hombres y mujeres que desde las administraciones públicas, desde las Iglesias, desde los medios de comunicación muestran su interés por aquello que nos pasa y, en circunstancias adversas, nos expresan su proximidad.

– Felices las personas que voluntariamente se implican en esta crisis para estar junto a los quién más sufren, porque nos hacen vivir la plenitud del amor.

– Felices todos los ciudadanos y ciudadanas que, cada cual en sus circunstancias, se esfuerzan para actuar con espíritu cívico y solidario, y todos los cristianos y cristianas que, además, ruegan y viven la presencia amorosa de Dios de tantas y tantas maneras diferentes.

– Felices las personas que se dedican a la política y que con humildad toman decisiones difíciles con honestidad y poniendo el bien común por encima del propio prestigio e interés, porque en la sencillez hay la verdad.

– Felices los presos, los enfermos, quienes no tienen papeles, los maltratados, los refugiados, los que viven en la calle, porque Jesús está siempre a su lado.

 Mercè Solé   elpunxo.wordpress.com