LA VIOLENCIA GENERA MÁS VIOLENCIA

Jordi Armadans – Revista Valors (valors.org)

Hace años me entretuve en analizar las últimas acciones violentas que se habían producido en un conflicto armado de aquellos que llevaban décadas perpetuándose. Fue curioso ver como cada acción de uno de los bandos se justificaba con la acción inmediatamente anterior del otro bando. A pesar de tratarse de un conflicto terrible, con muchos factores políticos, territoriales, económicos y sociales relevantes de fondo, parecía que casi todo el mundo hubiera olvidado el origen del conflicto y por qué empezaron a pelearse y se limitara a reaccionar a cada nueva acción de los “enemigos”. La violencia, como simple respuesta a la violencia.

Efectivamente, la violencia trae más violencia en un tipo de espiral inacabable. Uno de los dramas de estas espirales es que cada vez hay más gente afectada por la violencia. Y esto quiere decir, más dolor, más sufrimiento, más odio, etc. y, quizás, más demanda de más violencia. Cada vez hay más gente que encuentra justificable una acción violenta que, quizás antes, no hubiera encontrado aceptable. Y lejos de divisarse un horizonte de resolución, el conflicto se va enquistando.

La violencia se esparce con una tremenda facilidad. En conflictos donde nunca ha pasado nada de relevante, a veces, la aparición de la violencia es como una mecha que lo explosiona todo. Por eso es tan irresponsable poner en marcha una dinámica de violencia porque nunca se sabe cómo, cuándo y en qué condiciones acabará. Y lo qué es más importante, con cuántas dosis de pérdidas humanas.

¿Cómo romper esta espiral de violencia? Dependerá, está claro, de cada caso y conflicto concreto. Pero, por si acaso, algunas pistas:

–Desde una dimensión política y de prevención de conflictos: a menudo, la violencia es un signo de la frustración y desesperación que finalmente se libera. La mejor manera de evitar la violencia es no desatender las causas que hay detrás de los conflictos y darles la respuesta adecuada. Si se dejan pudrir, tenemos todos los números para que acaben muy mal.

–Desde una dimensión racional: casi todos los conflictos han acabado, después de mucha violencia, en una tabla de negociación. Siendo así, lo más racional, práctico y humanitario, es evitarse la fase de violencia y abordar, directamente, el espacio de negociación.

–Desde una perspectiva emocional y empática: cuando estamos en una espiral de violencia, los muertos o damnificados se cuentan por cada bando. Pero no costaría nada hacer el ejercicio de sumar todas las pérdidas. Es decir ver las ‘bajas’ del otro bando no como victorias sino como una derrota que se añade a las existentes.

Y esto no solo desde una visión ética, sino práctica: recuerdo, hace tiempo, que alguien defendía la violencia diciendo “si me tocan un de los míos, ¡los mato!”. ¿Y qué hace pensar que una nueva muerte no tendría alguien dispuesto a vengarla? Vengar una muerte con una muerte no es ningún final, es, simplemente, ir haciendo más larga la lista.