JOAQUIM VALLMAJÓ SALA

El siguiente escrito también habla de un ampurdanés cura, nacido un año antes que Joan Alsina Hurtós, y que también sacrificó su vida por los más necesitados, muy lejos de su casa.

Joaquim Vallmajó Sala nació en Navata (Girona) el 21 de marzo de 1941 y murió asesinado en Ruanda, en una fecha desconocida posterior al 26 de abril de 1994. Vallmajó fue un cura que destacó por su trabajo a favor de los refugiados y desplazados provocados por los combates entre hutus y tutsis de Ruanda.

Después de haber estudiado filosofía y teología en el Seminario de Girona, el 1961 entró en el noviciado de los Misioneros de África (Padres Blancos) en Gap (Alpes franceses). Después continuó sus estudios de teología en el seminario que la congregación tiene en Haverlée (Bélgica). El 1965 fue ordenado presbítero en Girona y enviado como misionero a Ruanda, donde permaneció hasta el 1969. Entre el 1969 y el 1972 cooperó en tareas de animación misionera en Catalunya. El 1972 volvió a Ruanda y, desde 1991, a la diócesis de Byumba de aquel país, donde trabajó intensamente a favor de los refugiados y los desplazados provocados por las hostilidades entre hutus y tutsis, hasta su muerte.

De esta muerte sólo se conoce el día de su arresto, el 26 de abril de 1994, en que un pelotón de militares tutsis del FPR irrumpieron en la misión de Byumba y se lo llevaron. Nunca ha podido ser localizado su cadáver. Tenía sólo 53 años y había pasado casi treinta destinado en Ruanda, suficientes para que el mundo tuviera noticia gracias a gente como él de los crímenes que se cometían en este país remoto y olvidado de África.
El conflicto entre hutus y tutsis provocó la muerte de entre 800.000 y 1.000.000 de personas, que equivale a más del 10% de la población de Ruanda.

Joaquim, el 1988 pidió ir voluntario al sur del país donde había los campos de refugiados de los hutus que eran expulsados de Burundi. Desde allí escribió, el 12 de octubre de este año: “Son unos 70.000 y la mayoría han visto degollar a sus familiares y vecinos, o les han herido a golpes de bayoneta y les han quemado la casa”.

El 8 de marzo de 1994, desde la diócesis de Byumba, escribió en una carta dirigida a sus amigos: “Después de años de crisis económica y social hemos pasado a la guerra. Un pequeño grupo político corrompido al máximo quiere estar en el poder cueste lo que cueste y quieren sacrificar al pueblo y a todo el país si hace falta. Otro grupo muy parecido quiere llegar al poder también cueste lo que cueste, y con los medios que convengan. Un tercer grupo, el más numeroso, digno de todo respeto y que vive unos valores, sufre por este poder y sus agentes, desde hace mucho tiempo…”

El 24 de marzo de 1994 escribió: “Los partidos de extrema derecha, racistas, fascistas y extremistas, quieren hacer caerel país para justificar un golpe de estado militar y suprimir el intento de democracia…”

Joaquim fue un hombre libre, con mucho impulso y creatividad. No sólo había escogido una opción clara por los más pobres de África, sino que les provocaba porque fueran los protagonistas de sus vidas, de su liberación. Se dedicaba a la constitución de cooperativas, a las plantaciones de los campos de refugiados y a construir viviendas con baldosas especiales, prensadas sin cocer, experiencia ecológica que resultó ser muy avanzada. También hay que remarcar que dedicaba mucho tiempo a formar jefes para llevar a cabo esta tarea, sin dejar nunca de lado su trabajo en la parroquia.

Fue incomprendido por los poderes civil y religioso, por una Iglesia cerrada en buenas ceremonias, buenas palabras y buen amodorramiento. En una carta escribió: ”Queremos hacer la Iglesia de los pequeños, y a menudo, la “carcasa” nos pone trabas.”

Vallmajó, a partir de su fe, fue radical en su compromiso con la Paz, un buen guerrillero (no violento) al estilo de Gandhi, puesto que sus armas eran la palabra clara, la denuncia de tanta corrupción, la pasión por la verdad. Este profeta de fuego, Joaquim, sin pelos en la lengua, hacía “daño” a los de arriba. Él decía que la solidaridad tiene que ser radical, arriesgada y por lo tanto conflictiva. Nada de tapar agujeros, nada de beneficencia.

 

2.2.10.