FUNMILAYO RANSOME-KUTI (LA LEONA DE LISABI)

María Coll – Revista Valors (valors.org)

La historia de África ha sido a menudo olvidada. Especialmente aquellos episodios protagonizados por mujeres. Y, sobre todo, si se trata de líderes femeninas que no han hecho uso de las armas, ni han capitaneado ejércitos. Este, entre otros, es el caso de la profesora, política y activista por los derechos de las mujeres Funmilayo Ransome-Kuti, más conocida como “La leona de Lisabi” o “La madre de África”.  Personaje triplemente condenado al olvido a pesar de ser una de las mujeres más importantes de la historia de Nigeria y de África.

Nacida el 25 de octubre de 1900 en Abeokuta, dentro de la etnia Yoruba, con el nombre de Francis Abigaill Olufunmilayo Thomas, el 1922 decidió cambiárselo por un nombre africano, Funmilayo. Su espíritu de lucha se explica, en parte, por tradición familiar. Su bisabuela paterna, Sarah Taiwo, había tenido una vida llena de dificultades: capturada y vendida como esclava, el barco que la transportaba naufragó y, ya viuda dos veces, decidió volver a su tierra natal, Abeokuta. La particularidad de esta mujer, a diferencia de lo que era habitual en aquella época, fue educar a sus hijos (el abuelo de Funmilayo fue hijo de su primer matrimonio) en un ambiente igualitario en el cual los hombres también aprendían a cocinar y hacer los trabajos de la casa.

Con este bagaje, Funmilayo fue a estudiar a Manchester (Inglaterra). A la vuelta, trabajó como maestra. En el momento de la independencia de Nigeria se convirtió en una de las líderes del cambio.
Organizó a las mujeres para que lucharan por su derecho al voto y por la abolición de una serie de contribuciones opresivas del mercado de Egbaland, donde solo las mujeres tenían que pagar si querían obtener el permiso para vender. Esta campaña causó tanto alboroto que el 1949 llevó, incluso, a la abdicación de Oba AdeomaII, rey de los Egba, tribu del suroeste de Nigeria. En esta época tuvo una gran influencia política, concretamente durante las negociaciones de la Constitución (1946), ámbito que abandonó cuando el país se liberó de los británicos.

Con los años, su carisma y liderazgo no hizo más que aumentar. El 1953, conjuntamente con Eniola Soyinka, cuñada y madre del escritor Wole Soyinka (primer africano en conseguir el premio Nobel de Literatura el año 1986) fundó la organización Unión de Mujeres de Nigeria, la cual tenía como principal objetivo luchar por los derechos de las mujeres y contra las contribuciones abusivas del gobierno colonial. En poco tiempo los actos que organizaba esta entidad, la mayoría festivos y familiares, se convirtieron en multitudinarios, a pesar de que el gobierno los disolvía haciendo uso de la violencia y tirándoles gases lacrimógenos. Y sus conferencias, a través de las cuales concienciaba a las mujeres de su condición social, criticaba la poligamia y el precio que se tenía que pagar por una novia, también reunían un numeroso público.

Más de veinte mil mujeres formaron parte de esta organización. El hecho que fueran mayoritariamente analfabetas, lo que Funmilayo Ransome-Kuti intentaba minimizar dándolos clases, no les impedía reivindicar las cosas que les parecían justas. De hecho, aparte de defender los derechos de las mujeres, la expansión de la educación en Nigeria fue la otro punta de lanza de la lucha de esta heroína. El 1925, con el apoyo de su marido, el pastor Israel Oludotun Ransome-Kuti (también involucrado toda su vida en la lucha a favor de los derechos humanos) y su amigo Ladipo Solanke, ya habían formado la West African Student’s Union (WASU), una entidad que becaba estudiantes africanos para que estudiaran en Londres. Por ejemplo, Kwame Nkrumah, años más tarde líder político de la independencia de Ghana, fue uno de estos niños afortunados.

Funmilayo Ransome-Kuti fue una mujer valiente, moderna y, en una sociedad africana completamente dominada por los hombres, poco preocupada por lo que pudieran decir. Fue la primera mujer africana en conducir un coche. E, incluso antes de la independencia del país y no representar ningún cargo público, viajó al “bloque soviético” durante la guerra fría y se llegó a entrevistar con Mao Tsetung, entre otros dirigentes. Un imagen que obviamente no gustó mucho al gobierno nigeriano y todavía menos al británico.

Y si ella había recibido de su bisabuela el espíritu de resiliencia y lucha a favor de los derechos de las mujeres, Ransome-Kuti también transmitió grandes valores a sus hijos, tuvo cuatro, aunque uno de ellos murió al poco de nacer. El primero, Olikote, se convirtió en activista, portavoz de la lucha contra el Sida y en ministro de Sanidad entre 1989 y 1992; el segundo, Fela, fue un músico revolucionario, introductor del afrobeet al continente y, a través de sus canciones, portavoz del mensaje de su madre al mundo; y, finalmente, Beko, que creó la primera fundación de derechos humanos de Nigeria, por lo cual fue condenado a prisión como preso político.

Fue junto al segundo hijo, cuando esta luchadora nigeriana vivió uno de los peores días de su vida. En 1974 Fela decidió rebautizar la casa familiar con el nombre de “República de Kalakuta” con la voluntad de convertirla en el centro del movimiento revolucionario contra la dictadura militar de Olusegun Agasanjo, entonces presidente de Nigeria. La respuesta del gobierno no se hizo esperar y el 18 de febrero de 1977 mil soldados asaltaron las instalaciones. La casa fue destruida, algunas mujeres y niñas fueron violadas, a Fela le rompieron los brazos y, finalmente, tiraron su madre por la ventana. La caída le provocó varias lesiones que ya no pudo superar. Pocos meses después, ‘La leona de Lisabi’ moría a la edad de 77 años.