CONSTRUIR PUENTES (y 7 cuentos mas)

CONSTRUIR PUENTES

No hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas adyacentes cayeron en un conflicto.

Este fue el primer conflicto serio que tenían en 40 años de cultivar juntos hombro a hombro, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes en forma continua. Esta larga y beneficiosa colaboración terminó repentinamente. Comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta llegar a ser una diferencia mayor entre ellos, hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas seguido de semanas de silencio.

Una mañana alguien llamó a la puerta de Luis, el hermano mayor. Al abrir la puerta, encontró a un carpintero.
– Estoy buscando trabajo por unos días, – dijo el extraño.
– ¿Quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ayudarlo?
El mayor de los hermanos le dijo al carpintero:
– Sí, tengo un trabajo para usted.
– Mire aquella granja al otro lado del arroyo.
– Ahí vive mi hermano menor, que es mi vecino.
– La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros.
– Pero él desvió el cauce del arroyo separando nuestras tierras.
– Seguro que lo ha hecho para enfurecerme.
– ¡Le voy a pagar con la misma moneda!
– ¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero?
– Quiero que construya una cerca, una cerca de dos metros de alto.
– No quiero verle nunca más.

El carpintero le dijo:
– Creo que comprendo la situación.
– Muéstreme donde están los clavos y la pala para hacer los hoyos de los postes.
– Le entregaré un trabajo que lo dejará satisfecho.

El hermano mayor ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja por el resto del día para ir por provisiones al pueblo. El carpintero trabajó duro todo el día midiendo, cortando, clavando. Cerca del ocaso, cuando el granjero regresó, el carpintero justo había terminado su trabajo.

El granjero quedó con la boca abierta. ¡No había ninguna cerca! El carpintero había construido un puente. Un puente que unía las dos granjas traspasando el arroyo. Era una fina pieza de arte, con pasamanos.

En ese momento su hermano menor vino desde su granja, cruzó el puente y abrazó a su hermano. Le dijo:
– ¡Eres un gran tipo!
– Mira que construir este hermoso puente después de lo que yo te he hecho.

Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron que el carpintero tomaba sus herramientas.
– ¡No, espera!, le dijo el hermano mayor.
– Quédate unos cuantos días.
– Tengo muchos proyectos para ti, – le dijo el hermano mayor al carpintero.
– Me gustaría quedarme, – dijo el carpintero – pero tengo muchos puentes por construir.

El ego nos aleja del perdón, el corazón nos acerca a él. El carpintero vuelve a conectar los corazones de los hermanos a través del puente…

Joost Scharrenberg  – cuentacuentos.com

 

HERIDAS EN LA ARENA

Cuenta una historia que dos amigos iban caminando por el desierto.

En algún punto del viaje comenzaron a discutir, y un amigo le dio una bofetada al otro. Lastimado, pero sin decir nada, escribió en la arena:

“MI MEJOR AMIGO ME DIO HOY UNA BOFETADA.”

Siguieron caminando hasta que encontraron un oasis, donde decidieron bañarse. El amigo que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, pero su amigo lo salvó. Después de recuperarse, escribió en una piedra:

“MI MEJOR AMIGO HOY SALVO MI VIDA.”

El amigo que había abofeteado y salvado a su mejor amigo preguntó: “Cuando te lastimé escribiste en la arena y ahora lo haces en una piedra. ¿Porqué?”

El otro amigo le respondió: “Cuando alguien nos lastima debemos escribirlo en la arena donde los vientos del perdón puedan borrarlo. Pero cuando alguien hace algo bueno por nosotros, debemos grabarlo en piedra donde ningún viento pueda borrarlo.”

APRENDE A ESCRIBIR TUS HERIDAS EN LA ARENA Y GRABAR EN PIEDRA TUS ALEGRÍAS.

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LA VASIJA AGRIETADA

Una portadora de agua de la China tenía dos grandes vasijas, que colgaban a los extremos de un palo que cargaba encima de los hombros. Cada día hacia un largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa de su patrón. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra estaba nueva y perfecta. La que estaba en buen estado, conservaba toda el agua al final del camino, mientras que la vasija rota cuando llegaba había perdido la mitad del agua.

Durante dos años completos eso sucedió así diariamente. La vasija nueva estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía llevar la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le habló a la aguadora diciéndole:

– “Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo, porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.”

La vieja aguadora, apesadumbrada, le dijo compasivamente:

– “Cuando regresemos a casa quiero que te fijes en las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.”

Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, pero de todos modos se sintió apenada, porque al final sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

La aguadora le dijo entonces:

– “¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen a tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar algo positivo de ello. Sembré semillas de flores todo a lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado, y durante dos años yo he podido recoger esas flores para decorar el altar de mi Madre. Si no fueras exactamente tal y como eres, incluyendo tus defectos, no hubiera sido posible crear esa belleza.”

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LA PUERTA Y LOS CLAVOS

Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia debería clavar un clavo detrás de la puerta. El primer día, el muchacho clavo 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que iba aprendiendo a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos, y descubrió que era más fácil controlar su carácter que andar clavando clavos detrás de la puerta.

Finalmente llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta… Su padre le cogió de la mano, le llevó hasta la puerta, y le dijo: “Has trabajado muy duro, hijo mío, pero mira todos esos agujeros y hoyos en la puerta. Ya nunca más será la misma. Cada vez que tu pierdes la paciencia, dejas cicatrices iguales a las que ves aquí”.

Tú puedes insultar a alguien y retirar después lo dicho, pero el modo en que se lo digas le devastará, y la cicatriz perdurará durante mucho tiempo. Una ofensa verbal puede ser tan dañina como una ofensa física. Tu familia, tu pareja, tus hijos, tus amigos son joyas preciosas. Te ayudan y animan a seguir adelante. Te escuchan con atención, y siempre están prestos a abrirte su corazón.

LA FAMILIA Y EL BURRO

Había una vez un matrimonio con un hijo de doce años y un burro.
Decidieron viajar, trabajar y conocer el mundo.
Así, se fueron los tres con su burro.
Al pasar por el primer pueblo, la gente comentaba:
“Mira ese chico mal educado; él arriba del burro y los pobres padres, ya mayores, llevándolo de las riendas”.

Entonces, la mujer le dijo a su esposo:
– No permitamos que la gente hable mal del niño.
El esposo lo bajó, y se subió él.
Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuraba:
“Mira qué sinvergüenza ese tipo; deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima”.

Entonces, tomaron la decisión de subirla a ella al burro, mientras padre e hijo tiraban de las riendas.
Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba:
“Pobre hombre, después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro… y pobre del hijo, ¡qué le espera con esa madre!”

Se pusieron de acuerdo y decidieron subir los tres al burro para continuar su peregrinaje.
Al llegar al pueblo siguiente, escucharon que los pobladores decían:
“Son unas bestias, más bestias que el burro que los lleva… ¡van a partirle la columna!”

Por último, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro.

Pero al pasar por el pueblo siguiente no podían creer lo que la gente decía sonriente:
“Mira a esos tres idiotas: caminan, cuando tienen un burro que podría llevarlos”.

Conclusión:
Siempre te criticarán y hablarán mal de ti, será difícil que encuentres que tus actitudes gusten a todos…
¡Vive como creas que debes hacerlo!
¡Haz lo que te dicte el corazón y el pensamiento!
¡Haz lo que sientas!
La vida es una obra de teatro que no permite ensayos.
Haz lo que te parezca, ya que para algunos siempre va a estar mal.

 

HABÍA UNA VEZ DOS GATOS

Esta es la historia de dos gatos, uno de anciano y otro de joven, que se encontraron en un callejón.
El gatito joven estaba en el callejón y se perseguía la cola, como suelen hacer los gatos, persiguen, persiguen y persiguen. El gato anciano le mira y le dice:
– ¿Qué haces?
– Me estoy persiguiendo la cola. En estas que el gato anciano le dice:
-Pero, ¿por qué lo haces?
-Acabo de salir de la escuela de filosofía felina y en ella hemos aprendido que hay dos cosas importantes para un gato. Una es que la felicidad, que es lo más importante para nosotros, y la otra, que esta se encuentra en la cola. Así que he decidido perseguirla y cuando la coja, tendré la llave de la felicidad eterna.
El gato anciano le mira y le dice: ¿Sabes qué?, yo no he ido a la escuela de filosofía como tú. He vivido casi toda mi vida en callejones; pero es sorprendente, he descubierto estas mismas verdades, y es que la felicidad es lo más importante del mundo para un gato y me he dado cuenta de que esta está en mi cola. La única diferencia que creo que hay entre tú y yo, es que he descubierto que cuando voy a mí aire y hago aquello que es importante para mí, la cola me sigue allá donde voy.

Reflexión personal:
En nuestra sociedad nos han enseñado a perseguir la felicidad, como si se tratara de un objeto, y hemos creído que la podemos hacer nuestra en el momento que consigamos poseer nuestros deseos, básicamente cosas materiales. De alguna manera pues, el cuento nos viene a decir “no busques la felicidad fuera de ti porque forma parte de ti”. Cuando haces aquello que realmente te gusta o te importa, lo que realmente quieres hacer, la felicidad te sigue allí donde vayas. Todo aquello que te hace relajar, disfrutar, disfrutar… del momento, hace que la encuentres dentro de ti.
¡Ah!! y recuerda que la felicidad es un camino -se tiene que disfrutar del viaje- no un Destino.

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SUCEDIÓ EN UN AVIÓN

– ¿Cuál es el problema, Sra.? – pregunta la azafata.

– ¿Es que no lo ve? – responde la dama – Me colocaron junto a un negro. No soporto estar lado de uno de estos seres repugnantes. ¡Denme otro asiento!

– Por favor, cálmese… – dice la azafata – Casi todos los asientos están ocupados. Voy a ver si hay un lugar disponible.

La azafata se aleja y vuelve de nuevo algunos minutos más tarde:

– Sra., como yo pensaba, no hay ya ningún lugar libre en la clase económica. Hablé con el comandante y me confirmó que no hay más sitios disponibles en la clase económica. No obstante, tenemos aún un lugar en primera clase.

Antes de que la dama pueda hacer el menor comentario, la azafata sigue:

– Es del todo inusual permitir a una persona de la clase económica sentarse en primera clase. Pero, vistas las circunstancias, el comandante encuentra que sería escandaloso obligar a alguien a sentarse junto a una persona tan repugnante.

Y dirigiéndose al negro, la azafata le dice:

– Si el Sr. lo desea, tome su equipaje de mano, ya que un asiento en primera clase le espera.

Y todos los pasajeros alrededor, que, sorprendidos, asistían a la escena se levantaron y aplaudieron…

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SÉ CAFÉ

He aquí que una vez había una chica que se quejaba a su madre sobre su vida y de cómo las cosas le resultaban tan difíciles; en el trabajo aprobaron un ERE por lo que su contrato se redujo a media jornada, el chico con quien salía, justificándose con que ya estaban bien como estaban, decidió no ir a vivir con ella, y para colmo, su mejor amiga se iba al extranjero en busca de oportunidades laborales más dignas. No sabía qué hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida “rompiéndose”, cayendo en una dejadez total, depresión.

Su madre, que había pasado todo tipo de penalidades, la llevó a la cocina; allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego. En una puso zanahorias; en otra, huevos; y en la tercera, puso granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.
Al cabo de veinte minutos la madre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó sobre un plato. Sacó los huevos y los puso en un bol. Finalmente, coló el café y lo sirvió en una taza.
Mirando a su hija le dijo:
-¿Qué ves?
-Zanahorias, huevos y café, fue la respuesta.
La hizo acercar más y le pidió que tocara las zanahorias, ella lo hizo y notó que estaban blandas. Después le pidió que cogiera un huevo y lo rompiera, y encontró un huevo duro. Finalmente, le pidió que probara el café; y ella lo hizo, diciendo que notaba un suave aroma.

Humildemente, la hija preguntó:
-No entiendo donde quieres ir a parar, ¿qué me quieres decir con esto, madre?
-¡Es química! -le explicó-: los tres elementos se han enfrentado a la misma adversidad, agua hirviendo, pero han reaccionado de forma diferente en función de sus características. La zanahoria llegó dura al agua, pero, después de pasar por el agua hirviendo se ha puesto blanda. El huevo ha llegado frágil al agua, el caparazón protegía el líquido de su interior, pero, después de estar en el agua hirviendo este se ha endurecido. Los grandes de café, pero, son únicos, después de estar en el agua hirviendo han sido capaces de cambiar el agua y sus propiedades.

-¿Cuál de los tres elementos eres tú, hija? ¿Cuándo los problemas llaman a la puerta, como respondes?
-¿Eres una zanahoria, que parece fuerte, pero cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?
¿Eres un huevo, que empieza con un corazón dócil, maleable y un espíritu fluido, pero después de una adversidad; una muerte, una separación, un conflicto laboral, etc. te has vuelto dura y rígida? Por fuera puedes parecer igual que antes, pero por dentro te sientes amargada y áspera con un espíritu y corazón endurecidos.
¿O eres como el grano de café? El café tiene el poder de cambiar el agua hirviendo, el elemento que le causa dolor, puesto que, cuando el agua llega a su punto de ebullición, el café consigue su mejor sabor. Si eres como el grano de café tienes el poder de cambiar la situación.

Así, ¿quién eres tú?

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