AFGANISTÁN: EL FRACASO DE 40 AÑOS DE GUERRA

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Tristísimo el presente, y el futuro inmediato, en Afganistán con el ascenso definitivo al poder de los talibanes. Pero no podemos olvidar las diversas responsabilidades. Ni dejar de decir que algunos lamentos y llantos de ahora son absolutamente hipócritas e interesados.
Responsabilidad de la antigua URSS y los Estados Unidos que dirimieron su confrontación durante la Guerra Fría, en terceros territorios como Afganistán, con la invasión del país por parte de los primeros y con el apoyo (dinero y armas) a grupos rebeldes, entre los cuales algunos de los que acabarían formando los talibanes, por parte de los segundos.
Responsabilidad, entre otros, de Pakistán, Arabia Saudí e Irán que han hecho y deshecho, en función de sus intereses, apoyando a unos u otros actores de la guerra, haciendo la vista gorda a todo tipo de atrocidades, crímenes y matanzas sufridas por la población civil.
Responsabilidad de todos los señores de la guerra en Afganistán que, locos de sectarismo y con la única finalidad de mantener sus privilegios y poder local, han llevado el país a una guerra sin fin, convirtiendo en rehenes, víctimas y supervivientes a la población que los sufría.
Responsabilidad de los Estados Unidos que, después de haber armado, hinchado e impulsado a los talibanes sin preocuparse por las consecuencias, acabaron ocupando el país el 2001 para hacerles la guerra, horrorizados por lo que habían acabado haciendo y promoviendo.
Responsabilidad de la OTAN y las Naciones Unidas que mezclaron una guerra y una ocupación con la reconstrucción humanitaria y civil del país y, así, limitaron gravemente el efecto transformador y de cambio que esta última podía suponer.
Responsabilidad de los “realistas” que llevan décadas defendiendo todo tipo de barbaridades en Afganistán con el fin de “defender nuestros intereses”. Y, ahora, ya no queda ni prácticamente país, ni futuro, ni intereses.
Y sí, el drama, es que la población civil, especialmente como siempre las mujeres, llevan décadas sobreviviendo en un país exhausto y harapiento, sufriendo todo tipo de sufrimientos y vulneraciones de derechos humanos ante la absoluta complicidad o indiferencia de los poderes regionales y mundiales.
Mucha rabia y mucha tristeza por tanta ceguera, por tanta irresponsabilidad, por tanta indiferencia por el dolor ajeno.
Poner la paz, los derechos humanos y el bienestar de la población en el centro no asegura, probablemente, buenos resultados. Pero no hacer nada nos lleva al callejón sin salida, al presente sin futuro, que ahora sufren y sufrirán en Afganistán.
Tal vez aprender esta lección después de más de 40 años de irresponsabilidad colectiva sea la primera e imprescindible compensación a los centenares de miles de afganas y afganos que lo han sufrido y perdido todo.

 

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