Del libro EL CANSANCIO MORAL
(La epidemia del siglo XXI)
de Jaume Soler y M. Mercè Conangla – Cuadrilátero de Libros
01. Lo cierto es que en el mundo están pasando muchas cosas, hechos terribles que se simultanean con hechos maravillosos que podemos dejar de ver, porque tendemos a focalizarnos más en lo negativo que en lo positivo. Como resultado se produce un enorme desgaste emocional, debido a que nuestra energía emocional se escapa por agujeros negros que devoran nuestra ilusión, esperanza, alegría, valentía y voluntad de sentido. Es el Cansancio Moral…
02. Decía el escritor Jaime Barylko que nos han educado con sustantivos: amor, miedo, vida, muerte… pero que la realidad está en los verbos: amar, temer, vivir, morir.
Del concepto a la acción. Del sustantivo al verbo.
03. Educamos para que las nuevas generaciones incorporen determinados valores a su equipaje de intangibles. Ofrezcámosles ejemplos de personas referentes que, con su vida, demuestran que es posible dar mejores respuestas, incluso cuando los retos parecen insalvables.
04. Vivir rodeados de personas buenas, justas y humildes que viven su vida sin grandes aspavientos, que hacen lo que deben hacer por amor, que con su aportación silenciosa mejoran e iluminan el mundo, nos permite generar elementos de resiliencia e impregnarnos de lo mejor del ser humano. Estas personas, con su ejemplo honesto, alivian el sufrimiento y crean belleza porque son capaces de ver lo positivo de cada persona y resaltarlo, promoviendo un contagio emocional positivo al que vale la pena exponerse.
05. Muchas voces han afirmado que si nuestra raza perece no va a ser por falta de inteligencia, ni tampoco por la maldad de unos pocos, sino por la pasividad de las muchas personas que se dan cuenta de que algo va mal y no actúan.
06. Los pasivos quejicas son difíciles de contentar. Su actividad más querida es detectar lo que va mal, evidenciar “el pelo en la sopa”. Obtienen satisfacción señalando errores, pero no participan en su solución. “Que alguien haga algo”. Ellos ya han hecho su parte: quejarse. La queja sin acción de mejora causa contaminación emocional y genera Cansancio Moral.
07. “Cuando me jubile, entonces viajaré.”
“Cuando mis hijos se hayan casado, entonces…”
“Cuando aparezca el hombre de mi vida, entonces…”
Mientras piensan en sus “cuando” no viven el momento presente.
Su falta de atención a lo que sucede provoca que su vida transcurra en un “no-tiempo”, proyectada su atención en lo que aún “no es” y su cuerpo en “lo que es” pero pasa desapercibido.
08. ¿Vivimos orientados a ser parte del problema o a formar parte de la solución? Si queremos ser parte de la solución, con sólo reaccionar no basta. Sería sólo el primer paso, al que seguiría una acción en que la voluntad, el esfuerzo, la perseverancia, la tolerancia a las frustraciones y el amor creen sinergias para convertir la ira en justicia social. Esto es emocionalmente ecológico.
09. Vivimos en un mundo que está completamente roto y fragmentado, un mundo en que hay una constante lucha de un grupo contra otro, de una clase, una nación, una ideología contra otra, etc. Tecnológicamente ha habido un gran adelanto, pero hay ahora más fragmentación que nunca. De hecho, cuando uno observa lo que está sucediendo, ve que es absolutamente indispensable que el hombre, es decir, cada uno de nosotros, aprenda a cooperar.
10. Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y, después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros.
11. La vida es un billete de “ida”. De “ida” hacia un destino ignorado. Cada paso que damos deja una huella que no se podrá borrar. No es posible retroceder. Siempre hacia adelante, lo que sí que podemos hacer es corregir el rumbo, buscar formas para reparar los daños, si los hemos producido, aprender de lo vivido para mejorarnos y, al hacerlo, ayudar a disminuir la tasa de sufrimiento humano.
12. No perdamos el tiempo escribiendo con lápiz por miedo a equivocarnos pensando que, si ocurre, ya lo pasaremos “a limpio”. En la vida no es posible.
13. Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Llevamos con nosotros las semillas de lo mejor y de lo peor. Según cuáles sembremos, cuidemos y hagamos crecer, van a pasar unas cosas u otras. Ahí reside nuestra libertad responsable.
14. El vacío nos conecta al hastío, al hartazgo, al Cansancio Moral. Cuanto menos participamos en el mundo, más cansados nos hallamos. Porque cuando nos comprometemos a ser parte de la solución del mundo nos conectamos a una fuente de energías renovables, sostenibles, ecológicas que nos permiten realizar tareas extraordinarias sin caer en la fatiga emocional.
Y tú… ¿En qué estás comprometido? ¿Cuál es tu aportación en la mejora de la vida de otras personas? ¿Qué estás haciendo concretamente para cuidar mejor del planeta que habitas, de la sociedad de la que formas parte, de tu organización, de tu familia?
15. No controlamos el viento. No decidimos cuándo aparece, ni su velocidad, ni su orientación. El viento puede ir en contradirección. Entonces, nos dificulta la ruta. Nos detiene, nos desvía… nos cansa. Luchamos contra él.
No controlamos el viento, pero podemos mover las velas para aprovechar su fuerza. Quién dispone las velas somos nosotros. Hábilmente, podemos utilizar la energía de un viento que nos podría hacer volcar para conseguir llegar más velozmente a nuestro destino. Las mejores velas son las de la confianza.
16. Abrir la mano. Existe un símil bien conocido acerca de una trampa de monos que se utiliza en Asia. Consiste en un contenedor de madera con una pequeña apertura en cuyo interior hay un caramelo. El mono, atraído por el caramelo, introduce la pata por la apertura y coge el dulce. Cuando quiere retirar la pata no consigue hacerla pasar por la estrecha apertura sin soltar el caramelo. Así que queda atrapado hasta que el cazador llega y lo captura. No se da cuenta de que todo lo que tiene que hacer para liberarse es abrir la mano y soltar el caramelo.
Así vivimos: atrapados porque queremos que todo sea dulce como un caramelo, porque queremos tener lo que deseamos. Y como no somos capaces de soltarlo, quedamos atrapados en el interminable ciclo de la infelicidad y la desesperación.
17. Hemos soñado individual y colectivamente grandes utopías. ¿Hemos sembrado las semillas para que crezcan? ¿Hemos creado las condiciones personales y sociales para hacerlas posibles?
Con las manos cerradas no podemos sembrar, ni acariciar, ni recibir, ni sostener. La generosidad parte de nosotros mismos. Es un movimiento que va de nuestro adentro hasta nuestro afuera.
Nuestras manos se abren cuando se abre nuestra mente y nuestro corazón. La revolución que debe llegar debe empezar en el corazón. Es la revolución del amor.
18. Es preciso ser muy valiente para practicar la no-violencia y promover la cultura de la paz en todas las dimensiones de nuestra vida.
Ser pacífico no equivale a ser miedoso, tampoco a ser excesivamente prudente; no es temer la mirada y el juicio ajeno, no es conformarse con lo que hay y resignarse para no enfrentarse al conflicto.
Ser pacífico es actuar desde la valentía defendiendo la justicia social y la dignidad del ser humano y decir lo que hay que decir sin ocultación, sin diluir la verdad para evitar la disensión o el enfrentamiento.
19. Tú sostienes el mundo: Tú y todas las personas sencillas y humildes que os ayudáis, los que hacéis grandes cosas aparentemente pequeñas, pero que son la cola que une los pedacitos de un mundo demasiado roto por el sufrimiento, evitando que caiga. Son la persona que cede su asiento en el autobús, la vecina que se queda con el hijo enfermo de otra que no tiene a nadie más y debe ir a trabajar, el maestro que prepara sus clases con delicadeza y amor, la portera que barre con cuidado la acera cada mañana y aprovecha para regar el arbolito que nadie cuida… ¡Sois tantos! Vuestras acciones promueven la esperanza en la humanidad porque aumentan la belleza, la dignidad, la ética y el amor.
20. Aún no estamos preparados para conseguir esta comunidad global de la que tanto hablamos, aún no sentimos profundamente que el mundo es nuestro lugar de pertenencia y todos los seres humanos, nuestra comunidad. Para llegar a ello será necesario incrementar nuestro nivel de crecimiento personal y colectivo y asumir la responsabilidad de llegar a ser nuestra mejor versión posible.