Rafael Mir Jordano www.diariocordoba.com
A la significación estricta de la palabra solidaridad, adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros, el uso cotidiano ha ido añadiendo virtudes hasta situarla en el polo opuesto del egoísmo.
Quien es solidario con los demás es una persona cordial y abierta, que se olvida de sí misma ante las necesidades ajenas y que hace lo posible por remediarlas o ayudar a quienes las remedian.
Antes de continuar, he aquí una reserva en el plano jurídico: recomendamos que antes de estampar la firma en un aval solidario a alguien que sólo pide como favor una firma, se piense dos veces, pues hay que rehuir a los malos pagadores y a los acreedores feroces; al final casi todos lo son.
Retomando la palabra solidaridad en su primera acepción, ensanchada y depurada por el uso, notamos enseguida que es una de las palabras más utilizadas por políticos, predicadores, organizaciones para el bien, copropietarios de inmuebles, pedigüeños cultivados, compañeros de profesión, trabajadores de la misma obra, sindicalistas…
Pero digamos enseguida que a este uso generalizado de la palabra, que llega a ser un abuso, un empacho, no se corresponde en absoluto la realización del concepto. Indiscutible: nunca se ha hablado tanto de solidaridad y nunca ha sido el mundo, el nuestro, tan poco solidario.
Y no hablemos de los gobiernos, pues hasta aquellos que no paran de enarbolar los derechos humanos, caso de Estados Unidos de América, no cesan de practicar el más absoluto egoísmo y el más grande desprecio por los demás. Demostración: las negativas a suscribir el Protocolo de Kioto de defensa medioambiental, y al sometimiento al Tribunal Penal Internacional, porque lo importante no es que los torturadores sean castigados, sino que los torturadores propios en territorios ajenos sean inmunes, sometidos sólo a la pena fotográfica.
En el terreno personal hay quien se cree que es solidario con los desfavorecidos porque envía un modesto donativo a través de la Cruz Roja, Médicos sin fronteras, Cáritas o cualquier otra organización semejante, sin importarle proclamar, inmediatamente después de haber cerrado el sobre del donativo, que a los rumanos que piden por las calles o a las puertas de cafeterías e iglesias habría que expulsarlos a todos, sin un solo temblor en el pulso, porque además de extranjeros son gitanos y posibles delincuentes.
Creo mejor persona a quien no manda un duro a través de caritativos intermediarios, porque recela de todos ellos y mantiene en la memoria apropiaciones y desvíos denunciados, pero que es permeable a los problemas ajenos, que al donante por correo del ejemplo.
Pero para las necesidades ajenas y los peligros y males de los otros nuestro tiempo nos ha vestido con un impermeable totalmente aislante. Si alguien yace caído en la calle, lo aconsejable, se nos dice, es avisar a la policía, pues puede ocurrir que si nos acercamos a socorrerlo, el yacente sea fingido y nos hiera con una navaja si no le damos la cartera, o nos culpe de su caída.
Es verdad que hasta para hacer el bien y defender al débil hay que ser prudentes. Pero de la prudencia activa a la huida cobarde y egoísta hay un largo trecho; y en ese punto final del egoísmo, que debiera estar fuera de nuestra ruta, es donde por desgracia habitamos casi todos.
El último suceso difundido por los medios de comunicación es espeluznante. Era un individuo solitario y taciturno, de cuya familia sólo se le conocía un hermano, con quien estaba peleado. No obstante a él llevaban los vecinos la correspondencia que rebosaba en el buzón. Por puro azar se descubrió que llevaba muerto dos años. De compartir el pan y la sal y las sillas del saloncito en los velatorios habidos en los otros pisos, hemos llegado a no compartir nada más que el ascensor, y a veces con disgusto. Los habitantes de un bloque están tan ajenos a lo que sucede a los demás, que aunque saben por la nariz cuando el del tercero tiene potaje al mediodía, no saben que el del cuarto se ha muerto y ya huele. Hoy ni siquiera olemos a un muerto; si percibimos malos olores sólo pensamos que hay que pedir al administrador que arregle los bajantes.
