VIVIR SABIAMENTE

Por Àmbit Maria Corral      https://ambitmariacorral.org

Vivir sabiamente es vivir con sabiduría, puesto que la persona se considera sabia cuando está atenta y despierta ante la realidad que le toca vivir y es consciente de los propios aprendizajes vitales con el deseo de contribuir al bien social y colectivo. La sabiduría forma parte de la propia vida y de la experiencia, no tiene nada que ver con la acumulación de conocimientos y de años, sino bien al contrario, se trata de tener curiosidad, de desarrollar la creatividad y la capacidad de sorprenderse.

Un hecho grave que no contribuye a esta sabiduría es la ignorancia por la carencia de interés. Hay personas que viven como ‘anestesiadas’ sin mostrar ningún entusiasmo ante nada. Esta es una actitud presente en la sociedad que lleva a cierto aburrimiento. También hay que tener en cuenta las situaciones difíciles y complicadas que no animan, bien el contrario, hunden porque no se ve ninguna rendija de esperanza y casi todo se valora de forma negativa.

Cuando el equipo de redacción planteaba este tema partíamos de unas pautas que consideramos básicas y valiosas: ¡La persona sabia se entera de que tiene la suerte de existir, ahora y aquí! Es quien se da cuenta de que es única, pero que su vida tiene que contar con los otros. Es capaz de amar, de sentir y de emocionarse. Percibe la belleza de los otros, del entorno y de la naturaleza. Entiende y tolera a quienes viven de la maldad y tiene la esperanza de que cambien. Es capaz de construir y no destruir vidas ni sentimientos. Se alegra del bien de los otros. No vive con resentimientos ni ganas de venganza y quiere trabajar por la paz. No se asusta ante los adelantos sociales, tecnológicos, intelectuales… Cree en la propia libertad y la de los otros y la respeta. Y muchísimas razones más… Hay tantas… Este gran listado nos hace dar cuenta de que estamos invitados a tomar conciencia de lo que vivimos y de los constantes aprendizajes que son fuente de sabiduría.

Algunos ejemplos muy sencillos para cultivar esta sabiduría humana es la propia actitud ante la vida. Pensemos por un instante: ¿Cómo miramos y observamos el entorno más inmediato? Vemos que todo el mundo va acelerado y las prisas no permiten pararnos. Vivimos en un ambiente hiperconectado en qué cada cual está en su mundo y no permite el diálogo con los otros y la percepción es vivir todavía más incomunicados. O la necesidad que hay de qué alguien disponga de tiempo para escuchar, puesto que la queja constante es “no tengo tiempo”. Esta realidad forma parte de nuestro escenario cotidiano que no permite serenarnos ni saborear nada.

Los articulistas coinciden en el sentido de que la sabiduría tiene que beneficiar a la persona y favorecer las relaciones humanas. En una entrevista, la psicóloga Assumpció Salat dice que: «Aprender a valorar la vida que tenemos, el tiempo que tenemos aquí en este planeta Tierra para poder seguir aprendiendo y creciendo. Pensar que si sufrimos o nos sentimos aburridos de la vida, quiere decir que no lo estamos mirando con los ojos de la sabiduría. Una persona con sabiduría agradece y valora lo que pasa en su vida, puesto que es siempre una oportunidad para poder seguir avanzando y creciendo. El sabio valora y agradece cada día en esta escuela que es la vida.» Tomemos nota de este consejo que favorece cultivar la sabiduría de la vida.

 

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