PETER NORMAN, HÉROE POR ACCIDENTE

Ramon Radó – Revista Valors   https://valors.org/

La fascinación humana por las cifras redondas ha hecho reaparecer el nombre de Peter Norman. Los cincuenta años de los Juegos Olímpicos de México (1968) han devuelto las imágenes de un joven blanco, más bien bajito, en el podio de los doscientos metros lisos. Con él estaba Tommie Smith y John Carlos, con los puños levantados en señal de protesta por la segregación racial en Estados Unidos.

El joven blanco era Peter Norman, un profesor de Educación Física australiano que había empezado a correr de adolescente. Era aprendiz de carnicero, pero su padre tomó prestadas unas zapatillas para entrenarlo y lo convirtió en atleta olímpico. Smith y Carlos eran dos de los mejores atletas del mundo y todos daban por hecho que uno de ellos se llevaría la medalla de oro. Pero nadie contaba con que Norman también fuera allá. De hecho, se pasó buena parte de la carrera en sexto lugar, pero al final remontó y acabó en segunda posición. A la sombra de la historia, Norman jugó un papel clave para que la foto fuera una realidad. Entre el final de la carrera y la entrega de medallas, Smith y Carlos le explicaron qué querían hacer. En el podio, se descalzaron, lucieron una insignia del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos, se pusieron guantes negros e hicieron el saludo del “black power”.

Él no solo estuvo de acuerdo, sino que pidió si tenían una insignia también para él. Y fue Norman quién, cuando Carlos se dio cuenta que se había dejado sus guantes en la villa, propuso que como-partieran el par de guantes de Smith, uno en la mano derecha y el otro en la mano izquierda. “No levantó el puño, pero dio un golpe de mano”, resumió Smith. Cuando empezó el himno se hizo el silencio absoluto. Y después vinieron los silbatos, los gritos y los insultos racistas…

Los dos atletas negros fueron expulsados del equipo olímpico y devueltos a los Estados Unidos. Norman se pudo quedar en los Juegos, pero su calvario particular empezó cuando volvió a su país. Recibió críticas por haberse posicionado en contra del racismo y le invitaron a rectificar en varias ocasiones, a pesar de que él siempre se negó.

Cuatro años después, no lo convocaron para los Juegos de Múnich a pesar de haber hecho la marca necesaria diversas veces. Dejó la competición, cayó en la depresión y el alcoholismo. El año 2000, en la ceremonia inaugural de los Juegos de Sidney, se invitó a desfilar a todos los medallistas australianos. Todos menos uno: él. Norman murió en 2006 de un ataque al corazón. Seis años más tarde, el Parlamento australiano aprobó una declaración en la que se disculpaba con Norman y alababa su coraje en aquel podio de los Juegos de México.

 

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