PERDONAR LA MUJER QUE MATÓ SU HERMANO

Ramon Radó – Revista Valors  https://valors.org/

Brandt Jean se quedó sin hermano por una confusión trágica. El 6 de septiembre de 2018, Botham Jean estaba sentado tranquilamente en el sofá de su casa, mirando la tele y comiéndose un helado, cuando una agente de policía fuera de servicio entró y le disparó dos tiros.

Según explicó la policía Amber Guyger, todo ello fue un error fatal. Ella volvía agotada del trabajo cuando se confundió de piso y fue a parar a la planta de encima de donde vivía. Al salir del ascensor, vio un desconocido donde creía que era casa suya. Todavía con el uniforme de policía, le disparó con su arma reglamentaria porque temió por su vida. Los servicios de emergencia llevaron Botham al hospital, donde los médicos no pudieron salvarle la vida.

A principios de octubre acabó, en Dallas, el juicio contra Guyger, que después de los hechos fue despedida de la policía. Era un juicio que se celebró con las emociones a flor de piel. Que jóvenes afroamericanos desarmados mueran por tiros de agentes de policía blancos se ha convertido en una noticia tristemente frecuente en los Estados Unidos y el nombre de Botham Jean incrementaba todavía más una lista demasiada larga.

La Fiscalía pedía condenarla a 28 años de prisión, la edad que tendría Botham Jean si hubiera sobrevivido, pero finalmente la juez decretó una pena de diez años. Justo después de conocer la sentencia, fuera del tribunal, activistas que pensaban que la condena era demasiada corta gritaban “sin justicia no habrá paz”.

Sin embargo, entonces pasó lo que nadie se esperaba. Brandt Jean, hermano de la víctima, se dirigió a Amber Guyger y aseguró que no sentía ningún placer por su condena. Brandt Jean, con una calma y una seguridad impropia de alguien de 18 años, dijo a la expolicía que la perdonaba: “Si te sabe mal de verdad, te perdono y sé que, si se lo pides a Dios, te perdonará. Quiero lo mejor para ti, porque esto es exactamente lo que Botham querría”.

Y, justo después, pidió permiso a la juez para abrazar la condenada. La juez, visiblemente sorprendida, permitió que el joven, de 18 años, abrazara la mujer que le mató el hermano. Brandt Jean, vestido con americana y corbata, bajó del estrado y se acercó dónde estaba Guyger para abrazarla entre lágrimas. Allá donde podía haber venganza, el hermano de la víctima decidió poner reconciliación.

El perdón de Brandt, cuando podría haberse quedado quieto mirando como funcionarios de prisiones se llevaban la mujer que mató a su hermano, se encomendó rápidamente. La familia Jean dijo que no querían que Guyger se pudriera en la prisión, sino que el tiempo que pase lo ayude a cambiar de vida y a reparar el daño causado.

El abrazo conmovió muchas de las personas que había en la sala, que explicaron a los medios de comunicación que no habían visto nunca nada pareciendo en un tribunal. Un juicio por asesinato se transformó en una ceremonia de curación colectiva.

Justo después, la magistrada que presidía la vista abrió la Biblia y leyó un fragmento del Evangelio a la condenada y la emplazó a que el juicio fuera un nuevo comienzo en su vida. Como respuesta, Guyger pidió a la juez si ella también podía abrazarla, en un final de juicio nada habitual.

 

 

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