DE LAS PALABRAS A LOS HECHOS

Xavier Serra – Revista Valors    https://valors.org/


Las acciones nos cambian más que los discursos. El ejemplo arrastra al bien, o al mal, más que una arenga. El exitoso lema clásico “facta, non verba” es muy claro sobre la necesidad que hechos y acciones sean consistentes con los propósitos y declaraciones. En sentido contrario, quien no hace lo que predica queda completamente desacreditado.

Supongo que todos notamos una creciente carencia de compromiso en bastantes ambientes sociales y ciudadanos. Sé que hay muchos jóvenes que ayudan a las ONG, sé que siempre hay héroes en las desgracias o calamidades, sé que se dan medallas a quienes perseveran en la acción social. Pero, con todo, el escabullirse de lo que cuesta es frecuente, especialmente si no se nota demasiado o nadie nos lo reprocha.

He pasado tres semanas de agosto en Cracovia. Impacta el sufrimiento sucesivo de tanta gente bajo el nazismo, el estalinismo, la arbitrariedad. En una modesta tienda del histórico monasterio benedictino de Tyniec, en el distrito de Dębniki, me compré una camiseta: Llevaba impreso “Bezczynność jest wrogiem duszy”, que viene a significar “la ociosidad es enemiga del alma”.

Ahora digo muy fuerte a los jóvenes, y a los de mediana edad, que hay que actuar: no basta con asomarse a la ventana para cotillear qué pasa en el mundo. Esto solo se lo podemos consentir, y no siempre, a los ancianos, a quienes tengan las fuerzas muy menguadas.

En el aeropuerto de Leeds, camino de Polonia, adquirí un sencillo libro: Stop Talking. Start Doing, de Shaaasmund, una emprendedora inglesa. Está lleno de citas, dibujos, aforismos… Se recuerda que Shakespeare decía que “What is past is prologue”: hay que vivir desde el presente, ponerse a mejorar las cosas, porque “la indecisión, con el paso del tiempo, acontece una decisión”. No nos tenemos que precipitar ni caer en un activismo alocado: seríamos peligrosos. Pero sí que hay que tener un proyecto, un plan, incluso un calendario.

Y, escuchad: si lo estropeamos un poco, o no sale del todo bien, o se ríen de nosotros… Mirad, esto es mejor que la inutilidad de una vida vegetada “a la defensiva”. “Quién tiene boca se equivoca”, me repetía hace años una risueña alumna; ahora bien, quien nunca hace nada, ¡se equivoca siempre!

Se estudia en Psicología que la “procrastinación” es dejar para más adelante acciones o actividades que habría que atender para hacer ahora otras, más irrelevantes y agradables. Es un trastorno del comportamiento, fruto de percibir la incomodidad o el estrés de lo que tendríamos que hacer. Muy a menudo, “atrasar” lleva a “dejarlo correr”.

Los chinos dicen que “hablar no cocina el arroz”. Sabio dicho: hay que pasar a la acción, a los hechos. Seamos operativos, con tres consejos: a) ¿usamos una agenda?: ¡hagámosle caso!; b) bloqueemos “los ladrones del tiempo”, que nos lo roban (Youtube, tonterías, pereza…); y c) miremos de “priorizar”, en lugar de “atrasar”.

Además, siempre nos es útil recordar aquello del “Think global, act local”, atribuido al innovador sociólogo escocés Patrick Geddes, a principios del s. XX. La mentalidad procrastinadora es, en cambio, de desconhorte, nos lleva a no hacer nada, a no enredarnos en desafíos ambiciosos ni siquiera cercanos, que nos parecen quizás agobiantes, desafiantes, peligrosos, tediosos.

En breve, es aquel “mañana empezaré a estudiar” de un compañero mío de clase, buen chico, de hace cuarenta años. Y ¿saben qué? Todavía ahora no ha empezado.

 

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